Saltar al contenido principal

Brasil: viaje a la última frontera de la deforestación

Amazonas brasileño, foto de Louise Raulais
Amazonas brasileño, foto de Louise Raulais

Un equipo de France 24 viajó a la Amazonía brasileña para conocer de primera mano las reacciones de los habitantes de la zona que, en medio de los continuos incendios forestales, mantiene la atención del mundo.

Anuncios

“¿Tú trabajas para una ONG?”, pregunta con desconfianza un joven militar de 28 años en un scooter de color rosa. A las 7 de la mañana mucha gente espera en la fila para tomar la balsa que une la ciudad de Humaitá, en el sur del estado de Amazonas, con la Transamazónica, la principal carretera de la región. “Trabajo para la televisión francesa”, responde la periodista. “Mejor para ti. Aquí las ONG´s no son bienvenidas, ¿sabes?”.

La animadversión del presidente Jair Bolsonaro hacia las Organizaciones No Gubernamentales, a las que acusó sin pruebas de estar detrás de los incendios que todavía siguen devastando la Amazonía brasileña, ha calado hondo entre los habitantes de esta región.

Su reciente rifirrafe con el presidente de Francia, Emmanuel Macron, ha añadido más leña al fuego. Un día sí y otro también salta a colación la insatisfacción de los lugareños con el tratamiento que los medios de comunicación nacionales y extranjeros estarían dando a los incendios. “Exageran. La selva no se está quemando. Son sólo los pastos”, minimiza el militar.

Los datos oficiales muestran otra realidad. Agosto fue el mes con más incendios desde 1988 en el estado de Amazonas, el más extenso de Brasil, con una superficie equivalente a la de Francia, España, Suecia y Grecia juntas. El Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (INPE) registró este mes 6.145 focos.

Agosto fue el mes con más incendios desde 1988 en el Estado de Amazonas, el más extenso de Brasil. Foto de Louise Raulais
Agosto fue el mes con más incendios desde 1988 en el Estado de Amazonas, el más extenso de Brasil. Foto de Louise Raulais France 24

Es una tendencia global: en lo que va de año, los incendios en toda la Amazonía aumentaron un 82% con respecto al mismo periodo de 2018. “El Amazonas, especialmente el sur del estado, es una de las nuevas fronteras de la deforestación. Hace diez años, la práctica de las quemadas no era tan activa. Realmente, la región es una de las nuevas fronteras de expansión de los negocios agropecuarios”, afirma Ane Alencar, directora del Instituto de Investigación Medioambiental sobre la Amazonia (IPAM).

A lo largo de la Transamazónica, a su paso por el Amazonas, es posible divisar varias columnas de humo, sobre todo en las inmediaciones de la reserva indígena Tenharim, que ocupa 1,87 millones de hectáreas y está cerca del municipio de Manicoré.

“Tenemos un incendio activo a 60 kilómetros de aquí. La selva está ardiendo y nuestros hombres están ahora mismo luchando contra la llamas, pero necesitamos ayuda y que todo el mundo sepa lo que está aconteciendo”, explica Márcio Tenharim, coordinador de varias aldeas que suman 1.200 habitantes.

Amazonas brasileño, foto de Louise Raulais

Aquí a principios de la década pasada, el Centro Nacional de Prevención y Combate a los Incendios Forestales (Prevfogo) entrenó una brigada indígena para actuar con prontitud y competencia en caso de incendios, algo que acontece de forma recurrente en los meses de julio, agosto y septiembre.

En este caso, fue necesario el apoyo de un avión del Ejército brasileño enviado desde la ciudad de Porto Velho para dominar el fuego, cuya causa es difícil de establecer. “Nos dijeron que el origen fue un rayo, pero hay al menos siete focos y en esta época del año no suele haber muchos temporales”, destaca Márcio.

Construida en los años 70 del siglo pasado, en el auge de la dictadura militar, la BR-230, popularmente conocida como Transamazónica, atraviesa varios estados brasileños. El objetivo de esta obra faraónica era desarrollar la región amazónica bajo el lema patriótico “Integrar para no entregar”. Sin embargo, la carretera nunca fue concluida y solo el 10% de sus 1.751 kilómetros está asfaltado. La Transamazónica es una larga estría de tierra batida y anaranjada en el medio de una selva tupida, transitada durante casi medio siglo por colonos hambrientos de tierras procedentes del sur y el noroeste del país.

Amazonas brasileño, foto de Louise Raulais

Hoy la circulación sigue siendo accidentada, sobre todo en la época de lluvias. De hecho, es considerada una de las carreteras más peligrosas de Brasil. Precisamente, la falta de infraestructuras y de pistas comarcales hizo que el Amazonas sea el territorio menos deforestado y mejor preservado de toda la Amazonía brasileña. A principios de la década, el 98% de su selva todavía era virgen. Para los expertos en medio ambiente, el Amazonas es la última barrera natural contra la deforestación, gracias a unas tasas muy inferiores a otros estados como Pará, Rondonia y Mato Grosso.

Sin embargo, esta situación está cambiando a una velocidad vertiginosa. Este año el Amazonas fue el tercer estado con los peores datos de deforestación, que afectaron una superficie de 912 kilómetros cuadrados. Un informe del Instituto de Investigación Medioambiental sobre la Amazonia (IPAM), realizado a partir de datos del INPE, establece una estrecha relación entre la deforestación y los incendios que devoran la selva tropical.

Indígenas de la aldea Tenharim llamada Marmelos, a 300 kilómetros de Apuí. foto de Louise Raulais.
Indígenas de la aldea Tenharim llamada Marmelos, a 300 kilómetros de Apuí. foto de Louise Raulais. France 24

Apuí es el municipio que durante varias semanas encabezó la lista de toda la Amazonía por el elevado número de focos concentrados en el mismo lugar: en total, fueron 1.754. Habitado por unas 20.000 personas, nació como el mayor asentamiento de colonos de toda América Latina en una época en la que el Instituto Nacional de Colonización y Reforma Agraria (Incra) fomentaba la inmigración hacia la región e incluso la deforestación, que era un requisito obligatorio para conseguir las escrituras de las tierras.

A finales de la década de los 90, una media de 500 familias llegaban cada mes. Eran campesinos deseosos de alcanzar la ansiada independencia económica y aventureros seducidos por el sueño del oro o de una economía incipiente, en la que todo parecía posible. Hoy la práctica totalidad de los aldeanos guarda memorias lejanas de un pasado ligado a otros parajes de Brasil. Muchos siguen tomando el chimarrão, la bebida preparada a base de hierba mate, que es muy popular en los Estados de Paraná y Rio Grande do Sul.

“Los colonos tuvieron que hacer frente a todo tipo de penurias, comenzando por la falta de vivienda. A muchos les tocó vivir debajo de una lona fornecida por el Incra, mientras comenzaban de cero su nueva vida”, cuenta Domingos do Bomfim, secretario municipal de Medio Ambiente de Apuí.

Su hijo realizó un documental sobre la fundación de este municipio, que ha saltado a la actualidad por causa de los incendios. En aquella época, las condiciones de vida eran realmente duras: la malaria era una enfermedad endémica y faltaban los servicios mínimos como agua corriente, electricidad y alcantarillado. “La mayoría de los migrantes se quedaba porque no tenía dinero para volver atrás”, agrega Domingos.

El año pasado, Apuí fue uno de los tres únicos municipios de Amazonas en los que el presidente ultraconservador de Brasil obtuvo la mayoría. Muchos de sus habitantes, incluido el alcalde Antônio Roque Longo, apoyan el discurso desarrollista de Bolsonaro sobre la Amazonía. “El presidente es una buena persona, un hombre de familia que quiere el bien del país e intenta propiciar el cambio”, afirma el alcalde.

“Bolsonaro sabe que no podemos destruir la Amazonía, porque tiene riqueza vegetales y minerales incalculables, y por eso todo el mundo tiene los ojos puestos aquí. Por eso el Gobierno cortó los recursos de ONGs, que no vinieron aquí para cuidar de los indígenas. Las ONGs pagadas por gobiernos europeos están aquí por la riqueza de la Amazonía. ¿Qué hace un cura enseñando inglés en una aldea indígena?, ¿cuál es su intención? Hacerse con las áreas que tienen recursos”, añade Roque, quien, a diferencia de algunos productores locales, no niega el impacto de los incendios y defiende que la selva amazónica sea preservada.

En cambio, muchos empresarios del sector rural y ganadero de Apuí afirman con convicción que la selva primaria de la Amazonía no está siendo calcinada, a pesar del fuerte olor a quemado y de la neblina que recubre las calles de esta localidad.

“La prensa está usando estos incendios de forma partidaria para expulsar a Bolsonaro. La Amazonía no está en llamas. Lo que hay son incendios localizados, sobre todo de pastos y de capoeira, la vegetación joven que nada tiene que ver con la selva. Hay una campaña internacional contra Brasil, liderada por Francia, que tiene mucho interés en las riquezas naturales de nuestra Amazonía”, aseguran varios fazendeiros durante una reunión vecinal en la que establecieron estrategias conjuntas contra el fuego.

Amazonas brasileño, foto de Louise Raulais

Sobre las causas de la ola de incendios que sacude esta región, el secretario municipal de Medio Ambiente de Apuí explica que los agricultores locales recurren al fuego porque no tienen otra opción para limpiar sus pastos. Pudimos comprobar que algunos incluso algunos advierten a las brigadas forestales antes de prender fuego a sus tierras para evitar que los incendios alcancen la selva, lo que originaría una multa del temido el Instituto Brasileño del Medio Ambiente y de los Recursos Naturales Renovables (Ibama), el órgano federal de fiscalización.

A falta de maquinaria para arar los campos, los incendios controlados se convierten en la única herramienta eficaz a su alcance para seguir produciendo. Entre los granjeros, está muy asentada la idea de que una mayor inversión en tecnología por parte de Gobierno federal ayudaría a aumentar la producción y a disminuir las quemadas.

Pero casi todos en esta provincia culpan de la deforestación y de los incendios a los grileiros, o acaparadores de tierras, que invaden las áreas protegidas, cortan la madera noble (que es revendida en el mercado negro) y queman los lotes de tierra para posteriormente revenderlos con documentación falsa o incluso sin papeles.

Amazonas brasileño, foto de Louise Raulais

Es una mafia poderosa ligada a grandes grupos agropecuarios, de la que todos hablan, pero nadie se atreve a enfrentarla. “Son personas que viven aquí y lucran invadiendo terrenos públicos que después venden a personas de afuera. Son los que practican la deforestación”, señala el alcalde de Apuí.

Este año, la deforestación en la Amazonía creció un 67%, según datos del INPE y junto a ella, también el número de incendios. Aunque no sea el peor dato de la historia reciente, preocupa porque revela una inversión de tendencia en cuanto a políticas públicas. Entre 2004 y 2011, el montante de incendios bajó de forma constante.

Tras un periodo de estancamiento, los datos volvieron a subir hasta dispararse en 2019. “En aquellos años hubo un esfuerzo por parte de las tres esferas gubernamentales para frenar la deforestación y los incendios. Este año cambió la coyuntura política. Percibimos un discurso por parte del Gobierno federal que para nosotros alienta este tipo de prácticas”, explica Domingos Do Bomfim.

Bolsonaro prometió durante la campaña aflojar la legislación medio ambiental. Para algunos actores locales, su discurso estimuló acciones destructivas y campañas como el ‘Día del fuego’ en el vecino estado de Pará.

Ante una emergencia nacional que se ha convertido en una trifulca internacional, el presidente de Brasil ha decretado la prohibición del uso del fuego durante 60 días. Para muchos se trata una medida ineficaz que no va a ser respetada. Además, en un territorio tan amplio como es la Amazonía, es prácticamente imposible realizar una fiscalización eficaz.

Mientras tanto, amplios territorios del Amazonas y de la Amazonía siguen ardiendo. Entre el agobio y la rabia por las llamas que devastan implacablemente su reserva, el cacique Koará Tenharim reivindica para los indígenas el papel de guardianes de la selva y lanza un mensaje a los gobiernos europeos: “Envíennos las donaciones directamente, a través de nuestra asociación oficial, sin pasar por el Gobierno federal. Es la única forma de salvar la Amazonía”.

Amazonas brasileño, foto de Louise Raulais

Paralelamente, Bolsonaro ofrece una narrativa totalmente diferente, afirmando que las reservas indígenas son un “intento de inviabilizar el país”.

Lo hizo durante la reunión oficial con los gobernadores de la Amazonía legal, celebrada el 27 de agosto, en la que dijo literalmente: “Muchas reservas tienen un aspecto estratégico. Alguien programó eso. El indio no hace lobby, no habla nuestra lengua y consigue hoy en día tener el 14% del territorio nacional. Una de las intenciones es inviabilizarnos”. La Amazonía brasileña está en una encrucijada, en la que el fuego es tan peligroso como la guerra de narrativas que enfrenta partidos, colectivos sociales e incluso mandatarios de distintos países.

Valeria Saccone. Corresponsal France 24 en Brasil.

Página no encontrada

El contenido que solicitó no existe o ya no está disponible.