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Protestas en el metro de Hong Kong, con un llamado a la huelga general

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Hong Kong (AFP)

Los manifestantes prodemocracia de Hong Kong volvieron a intentar perturbar la circulación de los metros de esta excolonia británica la mañana del lunes, cuando llamaron a una huelga general tras un fin de semana marcado por graves violencias.

Hong Kong vive desde hace tres meses su mayor crisis política desde la retrocesión, en 1997, con acciones casi diarias para denunciar la creciente injerencia de China en los asuntos internos de esta región semiautónoma.

La mañana del lunes, los manifestantes, vestidos del emblemático negro, volvieron a poner la vista en el metro, crucial para el funcionamiento de Hong Kong, bloqueando las puertas de los vagones, lo que les impedía arrancar y generó importantes retrasos en toda la red.

No obstante, el alcance de las perturbaciones no tuvo nada que ver con el caos vivido el 5 de agosto, cuando las operaciones de bloqueo paralizaron durante varias horas el conjunto de la red, caracterizada normalmente por su gran eficacia.

- Boicot de las clases -

Las autoridades hongkonesas autorizaron dos nuevas manifestaciones, en tanto que varios movimientos de oposición llamaron a una huelga general.

Las universidades tenían previsto reanudar las clases este lunes tras las vacaciones de verano, pero los estudiantes, la columna vertebral de las manifestaciones antigubernamentales, llamaron a boicotear las clases durante dos semanas, y a una concentración la tarde del lunes.

El movimiento de contestación, nacido en junio con el rechazo a un proyecto de ley para autorizar las extradiciones a China, amplió considerablemente sus reivindicaciones, dirigidas ahora a la denuncia de un retroceso de las libertades y contra la creciente injerencia de China en los asuntos de esta región semiautónoma, violando el principio "Un país, dos sistemas".

Hong Kong vivió el sábado una de las jornadas de protestas más violentas desde el inicio del movimiento. Y el domingo, miles de manifestantes prodemocracia intentaron bloquear los accesos al aeropuerto erigiendo barricadas.

Muchos manifestantes se trasladaron después a la localidad de Tung Chung, por la que pasa la única ruta que conduce al aeropuerto, y emplearon mangueras para inundar la estación de metro de esta localidad, además de quemar una bandera china, un gesto que podría provocar la indignación de Pekín.

Muchos pasajeros que se vieron atrapados en los atascos provocados por estas acciones tuvieron que terminar a pie el trayecto hasta el aeropuerto, donde se cancelaron una quincena de vuelos.

En teoría, los manifestantes ya no tienen derecho a protestar en el aeropuerto, en virtud de una ordenanza adoptada el mes pasado, cuando las concentraciones en las terminales degeneraron y acabaron afectando a cientos de vuelo. No obstante, han ignorado de forma rutinaria las restricciones de movimiento impuestas por el gobierno.

Los actos de violencia sumieron a varios barrios en el caos el sábado hasta bien entrada la noche.

- "Escalada de la violencia" -

En un video grabado por un medio local se ve a las fuerzas de policía cargar y golpear a una multitud dentro de un vagón. Un hombre grita de rodillas e intenta proteger a una amiga, mientras es rociado con gas pimientas. Unas escenas "horribles", según Amnistía Internacional, que solicitó investigar estas violencias.

En una de las estaciones se detuvo a una cuarentena de personas.

"La seguridad de los policías y de la población está gravemente amenazada por esta escalada de la violencia y por el uso cada vez más frecuente de armas mortíferas por parte de los manifestantes", afirmó la policía en un comunicado.

El sábado dijo que realizó dos tiros de advertencia tras haber sido atacada por un grupo de "manifestantes violentos que intentaron incluso robar las armas de la policía".

Los servicios hospitalarios de la ciudad atendieron a 31 heridos, cinco de ellos de gravedad.

La imagen de plaza financiera estable que mantenía hasta ahora Hong Kong se vio sacudida por el movimiento de protesta. La llegada de turistas se hundió, y hoteles y comercios debieron enfrentar importantes caídas de sus ingresos.

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