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Reporteros

Hong Kong, la revolución de un pueblo que pide ser escuchado

Desde hace tres meses, en Hong Kong, la excolonia británica convertida en región especial de China, viene siendo escenario de multitudinarias protestas cada fin de semana. Las mismas iniciaron como rechazo a la Ley de Extradición, que fue declarada muerta por la autoridad hongkonesa Carrie Lam, y ahora se ha convertido en una disputa entre quienes desean más libertades democráticas para la región y aquellos que aspiran permanecer leales al Gobierno de Beijing.

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Cada fin de semana, desde hace tres meses, una ola negra invade las calles de Hong Kong. Esta región especial de China cuenta con varios privilegios autonómicos, pero en la actualidad muchos de sus habitantes se sienten amenazados al considerar que Beijing está ejerciendo cada vez más influencia en el Gobierno local, lo cual podría poner fin a ciertos derechos.

Por su estatus, en Hong Kong es posible gozar de ciertos privilegios que son imposibles en China continental, uno de ellos el derecho a la protesta. Pero tras lograr que la jefa ejecutiva de Hong Kong desestimara el proyecto de Ley de Extradición, los jóvenes (principales líderes de las manifestaciones) piden mayores garantías democráticas, entre ellas el voto universal, directo y secreto.

"Cuando veo a toda esta gente a mi alrededor, me digo que con este movimiento, el pueblo de Hong Kong todavía está lleno de esperanza", dijo Ah Nam Lai, un manifestante de 26 años que divide su participación en las protestas con su actividad como abogado en un bufete local.

Pero las autoridades hongkonesas, frecuentemente leales al Gobierno de Beijing, no han cedido a las demandas de los manifestantes. El transcurrir del tiempo ha dado paso a la frustración y a la ira, lo cual ha llevado a enfrentamientos con las autoridades policiales.

Algunos manifestantes incendiaron las barricadas que protegían los edificios gubernamentales durante las protestas del 31 de agosto de 2019
Algunos manifestantes incendiaron las barricadas que protegían los edificios gubernamentales durante las protestas del 31 de agosto de 2019 Anushree Fadnavis / Reuters

La desigualdad, otro motor de las protestas

Desde que fue entregada por el Gobierno británico en el año 1997, Hong Kong compite por ser uno de los principales centros financieros de Asia. Esta ciudad se convirtió en el lugar de millonarios, sede de bancos y grandes marcas de lujo.

Pero detrás de esa fachada de centro financiero, hay una profunda desigualdad que se percibe en la lucha de los habitantes por encontrar un espacio digno para vivir. La ciudad se ha vuelto costosa para muchos, un metro cuadrado puede tener un valor aproximado de 27.000 dólares y un alquiler de 13 metros cuadrados, donde reside Ah Nam, requiere de 750 dólares, la mitad de su salario.

"Si el Gobierno tuviera que rendir cuentas a los ciudadanos de Hong Kong para obtener su voto, tendría que controlar el precio de los alquileres… Hacer algo por el pueblo en vez de ayudar a ampliar la brecha que ya existe entre los ricos y los pobres", agrega el joven abogado.

Hongkoneses, divididos entre los pro y contra Beijing

La crisis política de Hong Kong ha generado problemas en su economía. Adicionalmente, en los hogares se han generado disputas entre quienes apoyan el movimiento de protesta y quienes desean que se mantenga la mejor relación con China.

"Soy una persona común y corriente. Desearía que todo estuviera tranquilo. Ahora tengo todo lo que necesito, solo quiero una vida pacífica. Y por eso pienso que tengo que apoyar al Gobierno, porque si lo controla todo, podemos seguir viviendo en paz", dijo Ann Chiu, empleada del metro hongkonés y madre de un joven protestante.

Pero los jóvenes desean seguir llevando adelante el movimiento, a pesar de que ello signifique enfrentarse a sus padres.

"Mi madre quiere un ambiente tranquilo en Hong Kong, pero esto debe hacerse sin el Partido Comunista. De hecho, todos los que participan en este movimiento no están de acuerdo con China, no quieren ser controlados por China. ¿Por qué? Es simplemente una cuestión de libertad. De hecho, si viviéramos regidos por el Partido Comunista Chino, ni siquiera podríamos tener este tipo de discusión", dijo David Cheng, estudiante de relaciones internacionales y miembro de las protestas.

Durante el reportaje France 24 tuvo acceso a un exintegrante de las triadas (un movimiento criminal) quien denunció (bajo condición de anonimato) la flexibilidad de las autoridades para que esta organización atacara una de las protestas.

"No sé quién ordenó el ataque, pero lo que sí sé es que la tríada y la policía se comunicaron previamente (…) El Gobierno permite que tales incidentes ocurran para que los hongkoneses sientan cuán dividida está la sociedad. Frente a estas divisiones, la jefa ejecutiva puede decir que Hong Kong está sumida en el caos y pedir la intervención de China", explicó el entrevistado.

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