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Se cumplen 80 años del Winnipeg, el barco de la esperanza y el mejor poema de Neruda

En el barco llegaron intelectuales, pintores y escultores premiados, también historiadores y profesores.
En el barco llegaron intelectuales, pintores y escultores premiados, también historiadores y profesores. Memoria Chilena / France 24

Se cumplen 80 años desde que desembarcaran en el puerto de Valparaíso los más de 2.200 republicanos españoles exiliados que Pablo Neruda trajo hasta Chile en el barco de la esperanza, el Winnipeg.

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La misión fue encargada a Pablo Neruda por el presidente chileno de ese momento, Pedro Aguirre Cerda, con el objetivo específico de seleccionar a personas con oficios que pudieran colaborar en la transformación social del país sudamericano.

El proyecto que Neruda, a través de su rol de cónsul en Francia, tomó de forma personal, permitió a estos 2.200 seleccionados y a otros llegados posteriormente en otros barcos, -como el Formosa, que partió apenas unos meses después también bajo la coordinación del poeta-, volver a comenzar otra vida en distintas ciudades de Chile tras haber sufrido los horrores de la Guerra Civil española y haber acabado recluidos en muchas ocasiones en campos de concentración en Francia.

Pero a la vez sirvió para transformar a Chile: en el barco llegaron intelectuales, pintores y escultores premiados con Premios Nacionales (José Balmes y Roser Bru) en el país, historiadores, profesores, educadores, industriales portuarios que ayudaron a desarrollar el puerto de Arica, -donde recaló por primera vez el Winnipeg y donde descendieron 30 republicanos de origen vasco-, expertos pesqueros que ayudaron a desarrollar la industria en el país, jardineros, imprentistas, agricultores, panaderos, sastres, mecánicos y muchos otros oficios…

El Winnipeg se posicionó como una oda a las bondades de la inmigración

En el micro mundo del Winnipeg, cuya travesía duró un mes y estuvo lleno de anécdotas, hubo también mucha vida: dos niños nacieron en el barco, otro murió, dio origen a muchas parejas, a reencuentros, al nacimiento de algunos de los científicos más destacados del país –los padres del reconocido astrónomo nacional José Maza viajaron en el Winnipeg- y a una comunidad reconocida por su aporte a la sociedad chilena 80 años después y conmemorada en sucesivos homenajes en estos meses.

Sin embargo, en 1939, como ahora, muchos, entre ellos la prensa chilena conservadora de la época cuestionaron la llegada del barco utilizando argumentos similares a los que pueden leerse en la actualidad en otros lugares, en marcadas campañas antiinmigración que no impidieron un recibimiento caluroso y masivo en el puerto de Valparaíso. Los exiliados fueron recibidos allí como auténticos héroes.

El Winnipeg, el barco de la libertad y otros como el Formosa, se posicionan, no obstante, como una oda a las bondades de la inmigración y uno de los actos humanitarios más significativos de la historia de Chile.

Y en el mejor poema de Neruda según sus propias palabras:

"Que la crítica borre toda mi poesía, pero este poema, que hoy recuerdo, no podrá borrarlo nadie", resumió, en sus memorias, el premio Nobel de Literatura.

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