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Sudáfrica: la violencia xenófoba cobra la vida de al menos siete personas

Un hombre camina frente a un comercio dañado, tras los disturbios y saqueos de la noche anterior, en el municipio de Alexandra, Johannesburgo, Sudáfrica, el 3 de septiembre de 2019.
Un hombre camina frente a un comercio dañado, tras los disturbios y saqueos de la noche anterior, en el municipio de Alexandra, Johannesburgo, Sudáfrica, el 3 de septiembre de 2019. Marius Bosch / Reuters

Las manifestaciones de violencia xenófoba registradas en Johannesburgo han cobrado la vida de al menos siete personas en el marco de los disturbios y saqueos que provocaron la detención de 300 ciudadanos.

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En Johannesburgo, la ciudad más grande de Sudáfrica, el orden público está siendo sacudido por brotes de un flagelo social que preocupa a las autoridades, el de la violencia xenófoba.

Mientras que la Policía adelanta operativos para intentar contener las manifestaciones, los fallidos esfuerzos por conseguirlo dejan al descubierto la muerte de al menos siete ciudadanos.

En el transcurso de las conflictivas jornadas de confrontaciones entre la fuerza pública y agrupaciones de protesta se han presentado, además de bloqueos, saqueos en establecimientos comerciales.

Justamente dos de los cuerpos fueron encontrados en estado de carbonización en cercanías a una zona de tiendas que fueron incendiadas por varios saqueadores. La alerta de su ubicación fue dada por una persona que intentaba recuperar elementos reciclables en medio de la chatarra.

En el marco de los hechos, se alza la incertidumbre de los comerciantes extranjeros que temen por la seguridad de sus negocios, los cuales se han convertido en el principal blanco de los ataques.

Las reacciones a los brotes xenófobos

La lluvia de críticas contra el Gobierno sudafricano ante los episodios de xenofobia no se ha hecho esperar. Líderes de Zimbabue, Nigeria y Etiopía han condenado los casos y han instado a los migrantes a aumentar sus propias medidas de precaución.

Desde políticos hasta personalidades de la vida pública se unieron para motivar la anulación de un encuentro de fútbol amistoso que había sido programado ante la selección de Zambia.

De cara a este violento capítulo, el presidente sudafricano, Cyril Ramaphosa, llamó a las iglesias y representantes religiosos a utilizar su liderazgo en favor de la cohesión social y al envío de mensajes que mengüen la ola de conflictos de género.

En su cuenta oficial de Twitter, el mandatario se comprometió a la defensa de los derechos humanos, condenó los feminicidios y le pidió a las familias de los perpetradores de los ataques que no sigan encubriéndolos: "Como Estado, nos comprometemos a hacer todo lo posible para defender los derechos de todos, particularmente de las mujeres y los niños, a sus vidas, a su bienestar, a su seguridad y a su dignidad humana".

Y es que, según lo declarado por Ramaphosa momentos antes de la inauguración del Foro Económico Mundial para África, estas medidas son una evidente toma de la ley por cuenta de los propios ciudadanos mediante acciones injustificadas contra miembros de las distintas comunidades migrantes.

Xenofobia en Sudáfrica, problema social de vieja data

Pero este no es un tema nuevo para los sudafricanos debido a que estos fenómenos violentos con abiertos tintes xenófobos se registran desde hace mucho tiempo y se repiten con frecuencia en las áreas contiguas a Johannesburgo.

La economía es un factor crucial en el desarrollo de conductas xenófobas en esta parte del mundo, ya que aunque el auge financiero sudafricano es visto internacionalmente bajo una categoría considerablemente pobre y sus índices de desempleo aumentan cada vez más, para los migrantes que buscan nuevos aires este territorio sigue siendo una buena alternativa.

Unos policías patrullan, tras los disturbios y saqueos de la noche anterior, en el municipio de Alexandra, Johannesburgo, Sudáfrica, el 3 de septiembre de 2019.
Unos policías patrullan, tras los disturbios y saqueos de la noche anterior, en el municipio de Alexandra, Johannesburgo, Sudáfrica, el 3 de septiembre de 2019. Marius Bosch / Reuters

Y más allá de las tensiones tanto sociales como productivas, los migrantes encuentran en su vida en Johannesburgo una razón de peso para superar el rechazo y ven en este terreno una opción para integrarse al popular corazón económico del país africano más desarrollado.

La presunta criminalidad de la que son acusados cientos de migrantes en sus entornos de pobreza se ha convertido en el detonante de los ataques que el 1 de septiembre terminaron en la incineración de un edificio ocupado por algunos de ellos, lo que motivó el rechazo de organismos internacionales.

Con EFE y Reuters

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