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Ricky Rubio, el precoz prodigio disfrutó al fin como un niño

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Pekín (AFP)

Lanzado a la élite con 14 años, Ricky Rubio ha tenido que esperar casi tres lustros, plagados de luces y sombras, para rendir a la altura de las desmesuradas expectativas que generó. "He disfrutado como un niño pequeño", reconoció el precoz prodigio tras proclamarse campeón mundial.

Mejor jugador de la final, del torneo y base del quinteto ideal. Ricky Rubio no se bajó del podio este domingo en Pekín, después de que España derrotara con claridad a Argentina en la final del Mundial de básquet (95-75).

- Madurez a fuerza de golpes -

"Hemos trabajado muy duro y hemos sacrificado mucho. Cada uno da mucho para el otro y lo hemos demostrado", dijo el jugador de 28 años.

Venía avisando durante la preparación, en la que se convirtió en uno de los líderes ofensivos de España, y en China-2019 confirmó su paso hacia adelante. El Mundial de básquet ha sido el paso a la madurez de un jugador que ha tenido siete vidas desde que el técnico Aíto García Reneses le hiciera debutar como profesional cuando estaba prácticamente en categoría infantil.

El prodigio formado en la reputada cantera del Joventut pasó a promesa en el Barcelona tras una polémica salida del club de Badalona. Luego viaje a la NBA, travesía en el desierto de seis años en la fría Minneapolis en un equipo siempre por debajo de las expectivas y traspaso a los Utah Jazz, donde se reconcilió con el básquet, probando el sabor de los Play Offs.

Y para la próxima temporada, nuevo destino, los Phoenix Suns, otra vez un equipo del pelotón de cola de la mejor liga del mundo.

Un enrevesado camino marcado por varias lesiones graves y difíciles situaciones personales. "Se lo dedico a mi madre -fallecida hace tres años por un cáncer de pulmón-, que desde allí arriba estará muy contenta", señaló este domingo un jugador que ha tenido que madurar a fuerza de golpes.

De niño a hombre, pero siempre con la camiseta de la selección española, desde que irrumpiera a lo grande en los Juegos de Pekín 2008 a los 17 años, logrando la plata en una final histórica ante Estados Unidos, en las que el entonces descarado adolescente aguantó la partida a tres referentes como Jason Kidd, Chris Paul y Deron Williams.

- Conexión especial con Marc -

Ocurrió en el pabellón Wukesong de la capital china, el mismo que albergó la final de este domingo, en la que Rubio finalizó con 20 puntos, 7 rebotes y 3 asistencias, superando en el pulso individual al estelar base argentino Facundo Campazzo, ante el que guardó la calma a pesar de la agresividad que impuso en la parte final del partido.

Fue el broche final a un torneo en el que se unió a Marc Gasol para liderar a un equipo huérfano de Pau Gasol, el mejor jugador de básquet español de todos los tiempos, que normalmente regresará con 40 años para jugar los Juegos de Tokio 2020.

"Hay algo especial. Mi experiencia con lo de 'y si tirara mejor', 'y si hiciera esto o aquello', a él le ha pasado con la etiqueta de 'el hermano de'. La estima que nos tenemos viene de esa manera de rebelarnos", explicó este domingo en una entrevista con El País sobre la relación que le une con Marc.

Rubio llevó la batuta de una selección a la que renunció para este torneo Sergio Rodríguez, el otro base habitual del seleccionador Sergio Scariolo. En China-2019 le dieron descanso Sergi Llull, que también jugó de escolta, y Quino Colom, que casi no tuvo protagonismo.

"He aprendido muchísimo y he sabido prepararme para este momento. Hemos dado una lección de sacrificio, pero no solo para el deporte, sino también para la vida", insistió emocionado tras recibir su medalla de campeón mundial.

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