Saltar al contenido principal
ARTE + FRANCE 24

Convenios de Ginebra: el desafío de humanizar las guerras modernas

El 12 de agosto de 1949, hace ya 70 años, casi todos los Estados del mundo firmaron la revisión de las Convenciones de Ginebra...
El 12 de agosto de 1949, hace ya 70 años, casi todos los Estados del mundo firmaron la revisión de las Convenciones de Ginebra... ARTE

Con el auge de actos de terrorismo, grupos paramilitares y enfrentamientos más urbanizados inexistentes durante la creación de los Convenios de Ginebra en 1949, ¿cómo proteger a la población civil de los horrores de la guerra moderna?

Anuncios

Antes de la creación del IV Convenio de Ginebra no se hablaba de ataques suicidas en zonas urbanas o de grupos como el autodenominado Estado Islámico. Ni en los más remotos sueños de Stalin o Churchill se percibía la idea de crear armas letales autónomas que ayudaran a los ejércitos a ganar guerras. Este sería un complejo debate para sus sucesores en el siglo XXI.

Cuando este texto fue ratificado universalmente en 1949, el escenario era totalmente distinto: los daños de la Segunda Guerra Mundial fueron tan profundos y tan devastadores para la población que empujaron a los diferentes gobiernos a crear un mecanismo para proteger a los civiles durante los enfrentamientos y de allí nació este último convenio, que se convirtió en la piedra angular del Derecho Internacional Humanitario (DIH). Pero conflictos como el de Siria o Ucrania ponen a prueba unas normas que algunas milicias y expertos consideran obsoletas.

Los combates ya no son como a mediados del siglo XX, que se daban entre dos o más países y sus respectivas fuerzas armadas. "Hemos notado cambios. Ahora son más largos, más urbanizados y con más participantes. Ha habido más grupos paramilitares inmersos en conflictos en los últimos seis años que en los últimos 60", explicó Helen Durham, directora del Departamento de Derecho Internacional y Políticas Humanitarias del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR).

Los enfrentamientos entre Ucrania y Rusia, la batalla de Mosul y la cruenta e interminable guerra siria, son algunos de los escenarios que desafían al último de los convenios.

Caso 1: la disputa entre Ucrania y Rusia o cómo enfrentar los grupos paramilitares

Ambos países se han visto con recelo desde que Kiev se separó de la extinta Unión Soviética y declaró su independencia en 1991. Desde entonces, una parte de Ucrania empezó a sintonizar con Occidente, pero al este del país la influencia rusa nunca desapareció y en 2014 cobró más fuerza.

Después del derrocamiento del presidente ucraniano Víktor Yanukóvich y la anexión unilateral de Moscú de la península ucraniana de Crimea, todo en ese mismo año, los enfrentamientos entre el ejército y las facciones separatistas apoyadas por Rusia han cobrado la vida de cerca de 10.000 civiles. Frente a esas escalofriantes cifras, se decidió formar a las fuerzas armadas ucranianas en DIH.

Pero con la llegada de grupos paramilitares respaldados por Rusia las reglas de juego cambiaron. "Aparecieron en estos territorios grupos organizados. Los apoyaban las fuerzas rusas y para estos grupos no existe el DIH. De hecho vi a las fuerzas armadas rusas implicarse, pero digamos que como jugadores fuera del campo, así tienen las manos libres y no están sujetos a las reglas, eso es un problema serio", aseguró Igor Kozlovsky, exprisionero ucraniano de las facciones separatistas prorrusas.

En uno de los cursos de formación, al ser preguntado si para él era fácil seguir el DIH actualmente, un soldado hizo la siguiente acotación: "es muy difícil aplicarlo porque nosotros somos un ejército profesional, pero del otro bando los mercenarios no se saben quiénes son". La CICR ha señalado en varias ocasiones la necesidad de tener en cuenta el factor humano durante los enfrentamientos, pero esta explicación se queda corta dentro del campo de batalla.

Caso 2: la batalla de Mosul o la lucha contra las acciones terroristas

Los generales iraquíes la denominan la segunda batalla más importante librada en una ciudad después de la Segunda Guerra Mundial. De 2016 a 2017, una coalición de países conformada por Irak, Francia, Reino Unido y EE. UU., lanzaron una fuerte ofensiva para recuperar la ciudad iraquí de Mosul de las manos del Estado Islámico (EI).

Se calcula que entre 9.000 y 10.000 civiles murieron bajo el fuego cruzado. "Hicimos todo lo posible por respetar las leyes del DIH, pero hubo muchas pérdidas. Mucha gente murió pero creo que menos de las que se dice. Nuestra principal dificultad es que el EI utilizaba personas como escudos humanos", admitió el general iraquí Najem al-Jabouri.

La de Mosul, ha sido una de las guerras más cruentas y sanguinarias de la historia reciente. Una de las víctimas narró a ARTE que "quedamos atrapados en la ciudad y nos cayeron obuses del EI y de la coalición. Mi esposa y yo nos quemamos y perdimos a un hijo de diez años, a mi hermano, a mi sobrina, y a mi cuñada”, relató el hombre, cuyo rostro muestra los rastros de una quemadura en la frente.

En esa guerra ninguna de las partes respetó el principio de distinción establecido en el DIH, que establece que hay que diferenciar objetivos civiles de militares. Frente a esta delicada situación, el ministro de Defensa iraquí, Mohamed al-Askari explicó que "los convenios se quedaron en las guerras tradicionales y no están adaptados a las guerras contra el terrorismo".

Caso 3: la guerra siria y el deseo de educar a los grupos terroristas en el DIH

Ocho años de guerra en Siria ha provocado la crisis migratoria más grave de los últimos 25 años con 5,6 millones de refugiados en todo el mundo, siendo el primer país en encabezar esta lista, según ACNUR.

Frente a esta pavorosa situación que atraviesa su país, Oussama Chourbaji decidió crear en 2013 la Academia AFAQ en la ciudad de Gaziantep en Turquía, para capacitar a algunos de los actores armados que participan en ese conflicto sobre la protección a la población y las normas que conducen los conflictos; un intento por humanizar las conciencias de quienes pierden ese factor en la lucha armada.

"Nos gustaría contactar a grupos terroristas porque el derecho de la guerra debe llegar a todos. Es muy necesario. Pero después de tanto debatir decidimos que cuando el grupo está incluido en la lista de la ONU no podemos acercarnos a él", cuenta Chourbaji que visita regularmente Siria, especialmente la región de Alepo e Idlib donde el conflicto sigue en sus niveles más altos. Su misión: evitar que la escalada de violencia toque a más y más inocentes.

La inteligencia Artificial en el desarrollo de armas, un temor que se aviva

Para algunos expertos ya es hora de que estas normas se actualicen, pero Durham cree que si se crea una nueva convención ahora "no se tendría éxito". Además, asegura que los países cada vez están más divididos frente a cómo abordar el terrorismo y hace hincapié en que "tenemos que fijarnos en las nuevas tecnologías" que "ponen a prueba los principios del DIH".

Al margen de estos tres casos que desafían el IV Convenio de Ginebra, para el que todavía no hay respuestas, el tema de la tecnología suscita un debate mayor y mucho más complejo. El fantasma de las armas letales autónomas, es decir, inteligencia artificial aplicada a máquinas que puedan determinar por sí mismas a quienes matar, ya pone en alerta a los gigantes como Tesla.

El año pasado, líderes de este sector como Elon Musk y más de 170 organizaciones y 2.500 expertos pactaron rechazar el desarrollo, fabricación, uso o comercio de armas letales autónomas en la Conferencia Internacional Conjunta sobre Inteligencia Artificial (IJCAI) celebrada en Estocolmo. Pero el temor a la ausencia de reglamentación jurídica que regule este campo supone uno de los más grandes retos para el DIH en la modernidad.

Página no encontrada

El contenido que solicitó no existe o ya no está disponible.