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Cultura

El nazismo, en manos del arte: de la sátira 'Jojo Rabbit' a la expo 'Diseño del Tercer Reich'

¿Arte o apología? Pese a las críticas, a la comedia de Taika Waititi se le ha entendido que un niño tenga como amigo imaginario a Adolf Hitler. Tanto, que hoy es la ganadora del Festival de Toronto. Pero que en Países Bajos una muestra analice la cultura visual nazi, no ha sentado tan bien.

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Por miedo, pudor o respeto histórico, poco se ha tratado la época nazi desde el humor. El clásico de referencia sigue siendo 'The Great Dictator' ('El gran dictador'), seguido de 'To Be or Not to Be' ('Ser o no ser'). Ambas películas se remontan a la década de 1940, y de haber sabido Charles Chaplin o Ernst Lubitsch la envergadura del genocidio, nunca habrían existido. Así lo declararon en la posteridad.

Por esa razón, que la cinta 'Jojo Rabbit', en la que un niño tiene como amigo imaginario a Adolf Hitler, haya ganado el Festival Internacional de Cine de Toronto (TIFF) es más que una sorpresa cinéfila; abre la puerta a una cultura que desde el siglo pasado no se ha atrevido a ampliar el cuarto de la comedia ligada al nacionalsocialismo o a la Segunda Guerra Mundial, cuando otros se arriesgaron al hacerlo.

Hoy, sin peligro más que el de la crítica, ha triunfado la comedia satírica del director neozelandés Taika Waititi, sobrepasando por mil el tono de 'Inglourious Basterds' ('Malditos bastardos' o 'Bastardos sin gloria'). Lo que Waititi nos cuenta es la historia de un joven alemán, Jojo Betzler, que en plena guerra es miembro de la Juventud Hitleriana, y como tal, es fan de Hitler, de los uniformes nazis y participa de la quema de libros en su campamento. Un nacionalismo que se trunca cuando descubre que su madre (Scarlet Johansson) esconde en casa a una niña judía.

No a toda la crítica del TIFF ha encandilado que Disney (a través de Fox Searchlight) una nazismo con acidez e infancia, pero el público del festival no ha dudado en concederle el Grolsch People's Choice Award, con premio de mejor director, por delante de sus vecinas dramáticas 'Joker', 'Marriage Story' y 'Parasite', ganadora de la Palma de Oro en Cannes. Lo que demuestra que el espectador, más allá de la caricatura, ha entendido que "una sátira contra el odio" es posible y puede llegar a codearse en los Óscar. Una gloria que solo parece poder rozarse desde lo absurdo.

Y es que si una de las peores ideologías de nuestra historia encontró, aunque con carencias, un hueco en la parodia, eso aún no se ha asimilado del todo en la realidad. Al cine del tipo 'Der Untergang' ('El Hundimiento' o 'La Caída') se le ha aceptado por limitarse a los hechos históricos y hacer un "cine de reconstrucción", en este caso, desde la propia Alemania. Sin embargo, sigue siendo políticamente incorrecto abrir demasiado esta tragedia, aún cuando se hace desde el arte.

Esta semana, en Países Bajos se ha puesto el grito en el cielo por una exposición que se titula 'Diseño del Tercer Reich' y cuyo objetivo es analizar cómo el nacionalsocialismo dedicó "mucho interés y ambición a la cultura", para sentar las bases visuales de su identidad. Es decir, cómo el nazismo usó la propaganda, la fotografía, la arquitectura, y hasta vajillas de cerámica y un Volkswagen Beetle, para imponer su dictadura, desde 1933 a 1945.

Imane Rachidi / EFE

Menos vistoso que el cine, la paradoja es que las sobrias paredes del Museo de Diseño de Bolduque no se han escapado del debate sobre arte o apología del nazismo. Algo que ocurre cuando grupos de extrema derecha salen en apoyo de una muestra que está lejos de glorificar a Hitler, por más que tenga sus paredes empapeladas de esvásticas, y excombatientes o partidarios de la resistencia antifascista (AFVN) y del Movimiento Comunista de la Juventud neerlandés (CJB) aseguran que esta "legitima el nazismo".

El director Timo de Rijk tuvo que salir en defensa del Museo y aclarar que eligieron el nazismo, "la ideología más malvada", por puro interés histórico del siglo XX: "(Los nazis) estaban interesados en todo tipo de ideas que les ayudaran a presentarse. Sabíamos que era un tema delicado, pero somos un museo y tratamos cuestiones de la Historia con una visión apropiada. Lo interesante es que nos dimos cuenta de que robaron y se apropiaron de todo".

Imane Rachidi / EFE

Es la primera exposición en el mundo sobre este tema, con la tesis de que la cultura visual nazi no fue inventada, sino que fue a "robar" hasta a griegos y romanos, y esto es lo que ha generado, triplicando su seguridad y prohibiendo sacar fotografías a las piezas. El nazismo es un hecho repleto de sensibilidades, sin embargo el Museo, al igual que 'Jojo Rabbit', lo ha abrazado desde el arte. Lo que no está exento de ideologías del artista que crea o el curador que elige, pero son formas de abordar la realidad.

Tal vez no todos los niños hayan tenido de amigo imaginario a Adolf Hitler, pero las copias de su libro Mein Kampf, los símbolos usados en los prisioneros de los campos de concentración, las pinturas y las estatuas que se asociaban al ideal de familia nazi, existieron. Y la cultura solo los retrata.

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