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Israel repite elecciones para tratar de superar su división política y formar Gobierno

El primer ministro israelí Benjamin Netanyahu hace gestos durante una reunión semanal del gabinete en el Valle del Jordán, en Cisjordania ocupada.
El primer ministro israelí Benjamin Netanyahu hace gestos durante una reunión semanal del gabinete en el Valle del Jordán, en Cisjordania ocupada. Ammar Awad / Reuters

Los israelíes votarán este 16 de septiembre por segunda vez en 5 meses, tras unos primeros comicios que dieron como resultado un Parlamento fragmentado y que imposibilitaron que Benjamin Netanyahu formase Gobierno.

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Israel vuelve a las urnas apenas 5 meses después de la última llamada. En abril pasado, Netanyahu ganó por la mínima, pero necesitó de varios partidos para poder formar el nuevo Ejecutivo, sin embargo, las negociaciones fracasaron y el primer ministro se vio obligado a repetir elecciones que dibujasen un panorama político menos complejo. Algo que parece poco probable.

En abril, el partido derechista de Benjamin Netanyahu, el Likud, sufrió un duro revés al ver como ganó las elecciones por menos de 15.000 votos ante una coalición de nuevo cuño y de carácter laico y centrista, llamada Blanco y Azul. Esta plataforma, conformada por varios partidos y liderado por el exjefe del Estado Mayor, Benny Grantz, aglutinó a gran parte de los opositores al Gobierno de "Bibi", como le dicen al primer ministro en ejercicio.

Netanyahu lleva en el poder más de 10 años y sufre un notable desgaste desde hace unos meses. Aunque gozó de amplias mayorías durante su primera etapa, en los últimos años se ha visto obligado a cogobernar con partidos de ultraderecha y con formaciones ultraortodoxas. Las primeras le exigen ser más severo en lo militar, las segundas le piden que el Estado actúe conforme dicta la religión judía y también privilegios.

Una serie de seguidores del primer ministro en funciones israelí, Benjamin Netanyahu, besan un cartel electoral de su partido.
Una serie de seguidores del primer ministro en funciones israelí, Benjamin Netanyahu, besan un cartel electoral de su partido. Ammar Awad / Reuters

Por esta razón, no pudo ser investido como presidente en abril. En aquel entonces, el líder ultraderechista, Avigdor Lieberman, se negó a darle su apoyo por el giro de Netanyahu hacia los partidos ultraortodoxos.

Aunque ambas formaciones son ultras, la de Lieberman quiere un Estado laico y no apoya que los ultraortodoxos se beneficien de algunos privilegios como no hacer el servicio militar.

Además, los casos de corrupción acorralan cada día más a Benjamin Netanyahu que teme que, si es derrotado en las urnas, el nuevo Gobierno comience a investigar de forma más minuciosa los posibles casos en su contra.

Dos bloques diferenciados que no suman

Los bloques ya están firmemente definidos y solo hay una duda sobre el aire que gira en torno a Israel Nuestro Hogar, el partido de Avigdor Lieberman. Las encuestas dan a Netanyahu 32 escaños de los 120 que existen en el Knéset, el Parlamento israelí. Si se suman los escaños que previsiblemente obtenga la ultraderecha no laica y de los ultraortodoxos, el bloque llegaría a unos 55, quedándose a seis de la mayoría absoluta.

El bloque opositor, liderado por Benny Gantz y su coalición Azul y Blanco estaría conformado también por los izquierdistas de la Unión Democrática y los laboristas. En total se estima que llegarían a sumar unos 42 escaños, quedándose lejos de los 61 necesarios.

El líder del partido Azul y Blanco, Benny Gantz, en un mitin con sus seguidores en su campaña electoral en Tel Aviv, Israel.
El líder del partido Azul y Blanco, Benny Gantz, en un mitin con sus seguidores en su campaña electoral en Tel Aviv, Israel. Amir Cohen / Reuters

Aquí es donde entran en juego dos actores fundamentales. En primer lugar, el ultraderechista Lieberman. Él ya ha negado su voto a Netanyahu a no ser que se aleje de las políticas religiosas. El problema es que el actual primer ministro les necesita a ambos para mantener el poder. Con sus posibles 11 escaños se vislumbra la opción de que pueda pactar con Gantz.

Gantz endureció su discurso respecto a algunos temas como a lucha contra Hamás o la política exterior con Irán para atraer la mirada de Lieberman. Pero tiene un problema: si acerca a la ultraderecha a su bloque, puede alejar los apoyos de la izquierda. Gantz tendría la posibilidad de conformar un "bloque laico".

Pero los posibles 42 escaños de Gantz más los 11 de Lieberman tan solo suman 53, por los que también serían necesarios los votos del partido arabista Lista Unida. Esta coalición de países arabistas busca el voto de la población árabe que vive en Israel, que actualmente es más del 15% y, además, es una de las que tiene una tasa de crecimiento más alta por su natalidad.

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Las elecciones en Israel son, cada vez más, un desafío para formar Gobierno. Lejos queda ya el bipartidismo importado con una clara aspiración europea. La población del país está cambiando y los sectores que más crecen debido a su tasa de natalidad alta son los ultraortodoxos y árabes. Estas dos poblaciones votan de una forma étnica más que política y esto condiciona mucho los pactos en un país con notables diferencias en ese aspecto y en el religioso.

Lo que suceda durante la jornada del 17 de septiembre puede ser la solución a un bloqueo político o la repetición de un empate técnico del que parece difícil salir si la política no deja de polarizarse.

Con EFE y Reuters

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