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A dos años del terremoto, aún hay mexicanos que viven en la calle

Fotografía fechada el 10 de septiembre de 2019, que muestra a Hermilio Baltazar, damnificado de la zona de Iztapalapa, en Ciudad de México (México).
Fotografía fechada el 10 de septiembre de 2019, que muestra a Hermilio Baltazar, damnificado de la zona de Iztapalapa, en Ciudad de México (México). Sáshenka Gutiérrez / EFE

En la capital, 20.000 familias aún viven con algún familiar o en la calle, bajo carpas o lonas. Algunos afectados del sismo de hace dos años responsabilizan a la autoridad del atraso en la reconstrucción y el Gobierno actual culpa al pasado.

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Dos años han transcurrido desde que Jorge Martínez, de 78 años, y tres de sus vecinos, se alternan para permanecer, día y noche, en el campamento que improvisaron sobre la acera donde se ubicaba su edificio antes de que un terremoto de 7,1 grados lo fracturara, el 19 de septiembre de 2017. A la fecha, del inmueble solo quedan cenizas.

Debajo de unas lonas azules y blancas, atadas a una cerca de tablones de madera que rodea el terreno baldío donde antes se ubicaba su edificio, los damnificados –en su mayoría adultos mayores– han pasado frío, calor, lluvias… y hasta robos de lo poco que les queda.

“¡Aquí han venido a robar! Vinieron y se llevaron todo: el radio, la parrilla, el horno de microondas, el tanque de gas… ¡hasta la cama en donde nos acostábamos!”, lamenta Jorge, acomodado en un mullido sofá.

El sismo de aquel martes, que azotó la Ciudad de México y dejó 369 muertos en el país, derribó la mitad de este edificio, en el cruce de las calles Concepción Béistegui y Yácatas, en la colonia Narvarte. Los daños empujaron a que la mitad que quedó en pie tras la sacudida tuviera que ser demolida. Por fortuna nadie perdió la vida, pero sí su patrimonio.

Empresas constructoras se están lucrando con la desgracia de los damnificados"

Francia Gutiérrez, integrante del colectivo Damnificados Unidos

Mientras a Jorge le toca estar de guardia en la improvisada vivienda, su esposa y sus dos nietas permanecen en casa de su cuñada. Los vecinos que decidieron turnarse para vigilar el predio no están dispuestos a que alguien ajeno llegue a invadirlo, como ya han intentado hacerlo miembros de la organización campesino-popular Antorcha Campesina, ligada al PRI, el partido político que durante 80 años estuvo en el poder y auspició organismos clientelares como este.

Jorge asegura que la noche anterior el gobierno de la Ciudad les comunicó que, por fin, hay “luz verde” para comenzar a construir de nuevo el inmueble, luego de una serie de retrasos y de irregularidades con el proyecto de la obra. Será la Comisión de Reconstrucción la que se hará cargo por completo de reedificar el inmueble donde vivían 32 personas.

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Pero no a todos entusiasmó la noticia. Enrique Alcántar, alto y de edad avanzada, se quedará sin “vivienda” una vez comience la reconstrucción.

Enrique era solo un empleado de la planchaduría que se ubicaba en un local comercial de la planta baja del edificio fracturado. Tras el derrumbe, decidió montar, ahí debajo de las carpas, sus instrumentos para continuar planchando ropa ajena durante el día y quedarse a dormir diario en ese mismo sitio.

Como las familias de la calle Concepción Béistegui, hay otras 20.000 que siguen en calidad de damnificadas en la ciudad, según las más recientes cifras oficiales.

En el multifamiliar Tlalpan la pesadilla aún no termina

A ocho kilómetros del baldío de Concepción Béistegui, se encuentra el multifamiliar Tlalpan, un emblemático conjunto de edificios de clase media construido en los años 50. Las 10 torres resistieron estoicas el terremoto de magnitud 8,1 en 1985 –también en 19 de septiembre–, el más devastador del que se tenga registro en la ciudad. Pero no corrieron la misma suerte 32 años después, con el sismo de 7,1 que se magnificó en intensidad, debido a que tuvo un epicentro más cercano, en los límites de los estados de Morelos y Puebla.

De los 10 edificios, nueve sufrieron daños estructurales y solo uno, el 1 C, colapsó. El apartamento de 35 metros cuadrados de los padres de Francia Gutiérrez se ubicaba ahí. “Era nuestro único patrimonio. Mis papás ya lo estaban alistando para regresar a vivir ahí”.

Los edificios que no colapsaron fueron sometidos a trabajos de rehabilitación, y la fecha de entrega era en julio pasado, por lo que llevan dos meses de retraso. “Lo que han hecho es una simulación, un esquema de pre-entrega, como si la gente pudiera pre-habitar sus departamentos”, cuestiona Francia Gutiérrez, integrante del colectivo Damnificados Unidos.

Convertida en activista en la lucha por sus derechos y su patrimonio, Gutiérrez reprocha la actitud de las autoridades y las malas prácticas de los desarrolladores inmobiliarios quienes –asegura– han adquirido mobiliario a sobreprecio.

“Esperábamos una respuesta más contundente de Claudia Sheinbaum (jefa de Gobierno), desde la transparencia de recursos hasta las sanciones que debería de haber aplicado a estas empresas constructoras, que están lucrando con la desgracia de los damnificados, inflando precios. Pero además que están jugando con la vida de cada uno de nosotros, al no dar una fecha certera, mientras podemos ver cómo la calidad de vida sigue mermándose fuera de nuestros departamentos”, acusa.

Claudia Sheinbaum rinde cuentas por el retraso en la reconstrucción

En su primer Informe de Gobierno, el pasado 17 de septiembre, la jefa de Gobierno dio a conocer que 11.970 viviendas unifamiliares afectadas –que fueron, dijo, abandonadas por la Administración anterior– están en proceso de revitalización y reconstrucción. A la fecha –dijo Claudia Sheinbaum ante el Congreso capitalino– 430 ya fueron entregadas, hay 1.715 en rehabilitación, 953 en reconstrucción y 8.872 que inician su reconstrucción en este mes.

El censo oficial de viviendas afectadas por el sismo arroja la cantidad de 17.700.

En cuanto a las viviendas multifamiliares, “de los 403 edificios afectados, 43 ya fueron entregados, 58 están en rehabilitación y 261 edificios están por iniciar rehabilitación o reconstrucción total”.

A dos años del sismo, hay aún miles de damnificados en la ciudad, que siguen viviendo en la calle, en tiendas de campaña, o arrimados con algún familiar, en espera de poder volver a tener una vivienda que, esta vez, sí esté bien construida.

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