Saltar al contenido principal
PERFIL

Murió a los 83 años el expresidente de Túnez, Zine el-Abidine Ben Ali

Archivo: el presidente de Túnez, Zine al-Abidine Ben Ali, saluda a sus partidarios después de prestar juramento en la Asamblea Nacional el 12 de noviembre de 2009.
Archivo: el presidente de Túnez, Zine al-Abidine Ben Ali, saluda a sus partidarios después de prestar juramento en la Asamblea Nacional el 12 de noviembre de 2009. Zoubeir Souissi / Reuters

Primera 'víctima' de la Primavera Árabe, Ben Ali fue expulsado del poder por una revuelta popular en 2011 después de estar 23 años en el cargo. Desde entonces había estado exiliado en Arabia Saudita.

Anuncios

El expresidente de Túnez, Zine el-Abidine Ben Ali, la primera 'víctima' de la Revolución de los Jazmines, más conocida como Primavera Árabe, murió a los 83 años de edad este 19 de septiembre.

El líder tunecino se encontraba exiliado en Arabia Saudita desde que fue derrocado por una revuelta popular en 2011 después de amarrarse 23 años al poder.

Fue ese casi cuarto de siglo en el Ejecutivo el que agotó el oxígeno a los tunecinos, que exigían cambios, democracia y libertad. Finalmente Ben Ali cedería el control el 14 de enero de 2011, el arranque del levantamiento que se extendería desde esa nación a todo el mundo árabe, dejando atrás a un Túnez con un modelo económico que se había quedado sin músculo y a un pueblo enardecido.

Obligado a huir, Ben Ali encontró el exilio en Arabia Saudita, refugiándose con familiares en Djeddah, en las orillas del mar Negro. En 2018, después de varios juicios a los que no asistió, el autócrata exiliado fue sentenciado a un total de más de 200 años de prisión por cargos que incluyen asesinato, corrupción y tortura.

El de Ben Ali, un comienzo prometedor en la política

Nacido el 3 de septiembre de 1936, Ben Ali es uno de los 11 hijos de una familia modesta en Hammam Sousse, en la costa noreste. Ben Ali tuvo su primer contacto con la política apenas cuando se unió al partido nacionalista Neo Destour.

Después de graduarse de las escuelas militares en Francia, la Escuela Militar Especial Saint-Cyr fundada por Napoleón y la Escuela de Artillería Aplicada en Châlons-sur-Marne, Ben Ali continuó sus estudios en Estados Unidos, donde obtuvo una licenciatura en Ingeniería Electrónica. Regresó a Túnez y ocupó varias funciones, en el Ejército y en el extranjero.

Llamado de regreso a Túnez en 1984 a raíz de los disturbios de la crisis alimentaria, se hizo cargo de la seguridad nacional. Como miembro del buró político del Partido Socialista Destouriano (PSD), comenzó un rápido ascenso al poder como ministro del Interior en mayo de 1987 y luego, en octubre del mismo año, como primer ministro.

Ben Ali ocupó el cargo de primer ministro durante solo seis semanas, pero le abrió la puerta al peldaño más alto del poder. El entonces presidente "vitalicio", Habib Bourguiba, el arquitecto de la independencia de Túnez y el primer jefe de Estado de la República de Túnez, fue declarado incapaz de gobernar sobre la base de un informe médico, el 7 de noviembre. Como delfín constitucional de Bourguiba, Ben Ali sucedió al líder anciano. Algunos consideraron el movimiento como un "golpe de Estado médico", otros lo vieron como una "revolución silenciosa" que allanó el camino para el cambio.

Ben Ali se hizo cargo del PSD, transformándolo en la Agrupación Constitucional Democrática (RCD), en 1988. Abolió la Presidencia vitalicia y fue elegido presidente de Túnez con el 99,27 % de los votos el 2 de abril de 1989, un resultado que repitió en su reelección cinco años después con el 99,91 %. Se había presentado como el único candidato en ambas elecciones.

En 2002, a través de un referendo, Ben Ali modificó la Constitución de Túnez para abolir los límites del mandato presidencial y elevar el límite de edad para poder volver a presentarse en 2004. Ganó esa elección a los 68 años con el 94,4 % de los votos y fue reelegido una vez más en 2009 con un puntaje de 89,62 %.

Del modelo de estabilidad a la autocracia

En los albores de su liderazgo, Ben Ali era considerado, en Túnez y más allá, un jefe de Estado popular. Hizo del desarrollo económico una prioridad, promovió la inversión y dirigió una campaña de privatización, especialmente en los sectores industrial y turístico, que tuvo un fuerte crecimiento. También trabajó para fomentar el avance social, principalmente en educación (la matrícula estudiantil se multiplicó por diez en 25 años) y los derechos de las mujeres.

Ante la crecida del fundamentalismo político y religioso, en la década de los 2000, Ben Ali lanzó una violenta campaña contra los islamistas. Esta represión, muy violenta, fue respaldada no solo por los demócratas tunecinos sino también por las potencias occidentales, principalmente Estados Unidos y Francia.

La estabilidad del modelo tunecino contrastaba con la vecina Argelia, cargada de violencia, terrorismo y guerra civil. Así, los tunecinos, al principio, estaban dispuestos a aceptar la mano dura que vino con la represión contra los islamistas. Para la mayoría de los extranjeros, el Túnez de Ben Ali seguía siendo sobre todo un destino de vacaciones soleado. Millones de europeos llegaban cada año.

A pesar de las quejas de los líderes y activistas de la oposición, que denunciaban violaciones a la libertad de expresión y la existencia de presos políticos, no fue sino hasta principios del 2000 que los grupos internacionales de derechos humanos comenzaron a calificar al régimen de Ben Ali como "autoritario". Los detractores lo acusaron de silenciar las voces disidentes, censurar la prensa y restringir las libertades.

Ben Ali también fue acusado de acaparar las riquezas del país y los altos puestos del poder. En la cúspide del Estado y del partido dominante, el líder encargaba a su propia familia: sus hermanos y hermanas, sus hijas, sus yernos y su segunda esposa, Leïla Trabelsi, desempeñaron importantes cargos. Considerada más poderoso que cualquier ministro, y supervisor de un sistema de nepotismo y corrupción, se cree que Trabelsi tuvo un control absoluto en sectores enteros de la economía tunecina.

Ben Ali trató de enderezar algunas de sus políticas represivas pero ya era tarde...

El largo reinado de Ben Ali llegó a su punto culminante a finales de 2010. El 17 de diciembre de ese año, Mohamed Bouazizi, un joven vendedor ambulante en Sidi Bouzid, se inmoló después de que las autoridades lo acusaran de no tener los permisos adecuados para trabajar en la calle, confiscando su balanza y volcando su carrito de verduras. El acto de desesperación de Bouazizi conmovió a la nación entera y provocó un movimiento de protesta popular que echó abajo al status quo, primero en Túnez y, finalmente, en la región entera.

Dirigiéndose a la nación en cadena televisiva, el 10 de enero de 2011, Ben Ali denunció "actos terroristas" de los manifestantes y prometió crear 300.000 empleos para 2012. El 13 de enero volvió a aparecer, anunciando nuevas medidas para garantizar las libertades de prensa y la libre expresión política, al tiempo que renunció a postularse nuevamente para el cargo, en 2014.

Pero ya era tarde para calmar la ira popular. Al día siguiente, 14 de enero, acorralado, Ben Ali anunció el despido de su Gobierno y se comprometió en celebrar nuevas elecciones legislativas dentro de los seis meses. Pero antes de que terminara el día, bajo la presión del Ejército y muchos de su propio séquito, Ben Ali huyó finalmente de Túnez a Arabia Saudita, terminando su reinado de 23 años.

Este artículo fue adaptado de su original en francés

Página no encontrada

El contenido que solicitó no existe o ya no está disponible.