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La historia de Bokassa I, el último emperador africano

El emperador 'Bokassa I' durante su coronación en Centroáfrica, en diciembre de 1976.
El emperador 'Bokassa I' durante su coronación en Centroáfrica, en diciembre de 1976. Pierre Guillau / AFP via RFI

Cuatro décadas después de su derrocamiento, el legado del sujeto que se comparaba con Napoleón aún divide a Centroáfrica, donde asentó su breve reino. Entre extravagancia y autoritarismo, Bokassa encarnó el dominio neocolonial de Francia.

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El 20 de septiembre de 1979, las fuerzas especiales francesas tumbaron al régimen de Bokassa I, emperador de Centroáfrica. Se había autoproclamado en esta función menos de tres años antes, pero ya llevaba más de 13 acaparando el poder de esta nación ubicada en el corazón del continente, que cuenta con la superficie de Ucrania, pero con apenas dos millones de habitantes.

Ese día, las tropas del excolonizador aprovecharon de la visita del monarca a Libia para organizar su caída a favor de su primo, David Dacko, el mismo que había sido destituido por el golpe de Estado de Bokassa, en 1966, con el aval tácito de París. Con esta enésima intervención en su zona de influencia, Francia trató de borrar su respaldo a un poder que se había vuelto incómodo, pero terminó evidenciando para siempre el alcance de la 'Françafrique', el yugo sostenido de la potencia europea sobre sus antiguos territorios de ultramar.

Hasta 1960, año de su independencia, la actual Centroáfrica formaba parte de la África Ecuatorial Francesa. Entre los oficiales de las tropas coloniales estuvo Jean-Bédel Bokassa, que participó en la liberación de Francia durante la Segunda Guerra Mundial, al igual que otros miles de africanos.

Del golpe de Estado al imperio: una extraña trayectoria

Cuando se alzó al poder centroafricano, Bokassa aún conservaba su nacionalidad francesa, lo cual sedujo a los encargados galos de vigilar la zona, para quienes lo fundamental era mantener "francófilos" en los países recién emancipados. Así que cuando el nuevo presidente descartó la Constitución y empezó a gobernar por decreto, le dejaron vía libre, al igual que cuando se autodesignó "presidente vitalicio", en 1972.

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Jacques Foccart, el secretario general de la Presidencia de la República para los Asuntos Africanos, el 'Sr Françafrique', lo apreciaba. Son los archivos de este influyente oficial francés que permiten hoy en día comprender mejor las maniobras de París en sus antiguas colonias. Tener la luz verde de Foccart era una garantía de mantenerse al mando para numerosos mandatarios africanos. En caso contrario, militares y paramilitares nunca estaban lejos para recordar el rol del Elíseo.

Más que un jefe de Estado, Bokassa era un comediante y sabía manejar con brillo sus relaciones con Francia. A Charles de Gaulle, exgeneral y entonces presidente, le tenía admiración sincera y lo llamaba "papá", lo cual irritaba a este. Pese a todo, De Gaulle pasó de considerarlo "patán" a "buen muchacho" por los consejos de Foccart. El mandatario africano dejó pedazos enteros de su país al entonces ministro de Finanzas, Valéry Giscard d'Estaing, para que se dedicara a una pasión recién encontrada: la caza de animales. Una fuerte amistad se forjó a partir de ese momento entre los dos hombres.

En la Centroáfrica de Bokassa no había libertades civiles, los opositores eran silenciados, los ladrones eran ejecutados públicamente y se decretaban normas extrañas, como la que prohibía tocar tambores en horarios hábiles. Las derivas del hombre se hicieron cada vez más evidentes, sus conciudadanos le empezaban a tildar de "ogro" debido a rumores de canibalismo, pero, sobre todo, mantenía al Estado desfinanciado, en una crisis permanente.

Una 'hermandad' fructífera con Francia

El mandatario vitalicio se volvió mariscal, en 1974, el mismo año en el que Valéry Giscard d'Estaing (VGE) fue elegido a la presidencia de Francia. Bokassa lo llamaba "hermano" y la luna de miel entre los dos hombres se materializó con múltiples encuentros bilaterales y la organización de una cumbre francoafricana en Bangui, la capital centroafricana, en 1975. VGE se implicó personalmente para reforzar la ayuda económica a esta nación, evitándole el colapso.

"Napoleón y yo somos parecidos, ambos de origen humilde", declaró Bokassa que idolatraba al emperador francés. El 4 de diciembre de 1976 trató de seguir los pasos de su héroe y se autoproclamó 'Emperador de África Central por la voluntad del pueblo centroafricano'. Malestar en París.

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La ceremonia de coronación, que tuvo lugar un año más tarde, costó el monto anual que desembolsaba Francia al país. VGE envió una escasa representación (mientras que los africanos ninguna), pero facilitó el envío del coche dorado con el cual Bokassa I paseó en las calles. Un imponente trono, oro por todo lado, 60.000 botellas de champaña para 5.000 personas, todo un espectáculo que fue posible gracias a un nuevo actor: Muamar al Gadafi.

A través de sus petrodólares, el Guía de la Revolución de Libia no dudó en entrometerse en la relación entre Francia y Bokassa, que buscaba diversificar las fuentes de financiación de su régimen. En ese momento, Gadafi defendía diversas causas en toda África, como la resistencia antiapartheid en Sudáfrica, o los rebeldes en Chad, país limítrofe de Centroáfrica. Su alianza con el emperador era estratégica.

La intromisión de la Libia de Gadafi

Desde sus bases centroafricanas, Francia lanzaba operaciones para defender los diferentes regímenes chadianos que ha respaldado. Hasta hoy, el Chad sigue siendo clave. Un enfrentamiento indirecto con Gadafi, cuyo panafricanismo vino a menudo a chocar con el neocolonialismo, se invitó un elemento: el uranio. Este metal fundamental para el desarrollo nuclear civil y militar abunda en Centroáfrica y París concentró esfuerzos para que no cayera en las manos libias. La gestión de esta materia prima todavía genera revuelos y graves sospechas.

Bokassa instauró la dependencia de Centroáfrica a los compradores de sus riquezas naturales, un acaparamiento privado de lo que le pertenece al país. Su búsqueda de bonanza ha limitado cualquier otro tipo de desarrollo industrial.

Al nivel político, el emperador fue sacudido por la juventud de su reino. Tras la decisión de su primer ministro de imponer uniformes a los colegios, que las familias tenían que pagar, estallaron protestas que rápidamente se convirtieron en disturbios. Bokassa autorizó el rearme de su ejército, que, al igual que la policía, carecía de fuerza letal debido al miedo que tenía de que se volvieran contra él. Siguió una represión feroz, que se llevó muchas vidas, en ocasiones muy jóvenes.

Desde los pasillos de la Presidencia francesa, presintieron una coyuntura favorable para deshacerse de un emperador embarazoso. Decidieron en el Elíseo organizar Barracuda, que implicó en un primer tiempo convencer al exmandatario Dacko de volver al poder.

Bokassa sospechó que se estaba desbaratando la tolerancia que le tenían y por eso fue a buscar el apoyo de Gadafi en Libia. Los militares franceses no perdieron esta ocasión para bajarlo del trono y volver a instalar a su primo, el 20 de septiembre de 1979.

El símbolo del neocolonialismo francés

En los años siguientes Francia intervino para orientar los procesos judiciales en contra del emperador, que terminó condenado a muerte por su supuesto papel en la represión del movimiento estudiantil, pese a la falta de pruebas contundentes.

Desde su exilio, en Costa de Marfil, no se le olvidó devolver el favor a su "hermano". Bokassa reveló a los periodistas del ‘Canard Enchaîné’ la naturaleza de un regalo que le hizo al presidente Giscard d’Estaing: unos lujosos diamantes entregados en 1973, con un valor de un millón de francos. El mandatario trató de desestimar la importancia del caso pero todo su gobierno terminó acusado de querer "tapar" el escándalo. En 1981, VGE perdió la Presidencia en parte a causa de esta trama.

Fue hasta el año 1993 que llegó un relativo régimen democrático en Centroáfrica con el presidente André Kolingba, que declaró una amnistía que permitió la salida del exemperador de la cárcel, donde permanecía desde su detención, siete años antes. Dejando a 17 cónyuges y 37 hijos, Bokassa murió en 1996, a sus 75 años.

Es probable que haya llevado consigo otros secretos del neocolonialismo francés, uno de los elementos responsables de la constante inestabilidad política. En 2013, por séptima vez desde su independencia, Francia intervino en Centroáfrica para tratar de interponerse en las violencias comunitarias, una espiral trágica alimentada por una economía estancada, que aún tiene al país al borde del precipicio.

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