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¿Por qué se repiten elecciones en España?

El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez (de espaldas), responde al líder del PP, Pablo Casado, durante la segunda y última sesión de control de esta legislatura celebrada este miércoles 18 de septiembre en el hemiciclo del Congreso.
El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez (de espaldas), responde al líder del PP, Pablo Casado, durante la segunda y última sesión de control de esta legislatura celebrada este miércoles 18 de septiembre en el hemiciclo del Congreso. Fernando Villar / EFE

La inestabilidad política en España sigue. Al menos hasta las nuevas elecciones convocadas para el próximo 10 de noviembre, las cuartas en menos de cuatro años, sin contar el cambio de gobierno provocado por una moción de censura en 2018.

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Tras casi cinco meses de negociaciones, el 17 de septiembre por la noche el rey Felipe VI fue quien sentenció lo que muchos intuían desde hacía semanas en España: "no existe un candidato que cuente con los apoyos necesarios para que el Congreso de los Diputados le otorgue su confianza". O, dicho de otro modo, el único candidato que podía aspirar a formar gobierno -el socialista y presidente en funciones Pedro Sánchez- no consiguió pactar para formar un gobierno estable.

La desunión de la izquierda es fundamental para explicar la nueva fecha para que los españoles salgan a las urnas.

Con las elecciones legislativas del pasado 28 de abril y la victoria del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), solo una mayoría parecía posible: desde la izquierda. Con 126 escaños sobre un total de 350, los socialistas necesitaban a los 42 diputados de la izquierda radical de Podemos y el apoyo de los nacionalistas vascos o catalanes.

Sorprendentemente, el apoyo -aunque en forma de abstención para la investidura- de estos últimos fue fácil de obtener. Pese a ello, Sánchez no logró pactar con los que llamó durante los últimos meses "sus socios preferentes" de Unidas Podemos, quienes habían dejado claro, desde el inicio de las conversaciones, que su objetivo era entrar en el Gobierno con ministerios relevantes. Un gobierno de coalición con el que Sánchez no estaba muy cómodo, según la politóloga Ana Sofía Cardenal.

"Pactar con Podemos hubiera alejado al PSOE del centro, que es lo que le permitió ganar las elecciones de abril", sentencia la experta. "Si Sánchez hubiera aceptado un gobierno de coalición, hubiera quedado atado: no podría haber contado nunca con los votos de la derecha y hubiera estado a la merced de los independentistas catalanes", concluye.

La formación de Pablo Iglesias considera imprescindible que personas cercanas a Unidas Podemos, o del propio partido, formen parte del futurible Ejecutivo con el PSOE.
La formación de Pablo Iglesias considera imprescindible que personas cercanas a Unidas Podemos, o del propio partido, formen parte del futurible Ejecutivo con el PSOE. Sergio Perez / Reuters

"La izquierda consiguió frustrar las expectativas del electorado"

Sin embargo, el 24 de julio, en plena semana del primer intento de investidura de Sánchez, el PSOE propuso por primera vez un gobierno de coalición a Podemos que incluía una vicepresidencia de políticas sociales y tres ministerios (Sanidad, Vivienda e Igualdad). Pero la formación morada rechazó esta oferta alegando que no eran competencias reales.

Para muchos expertos, esta fue la única oportunidad real de una alianza del llamado bloque de la izquierda. Tras el fracaso de la investidura de julio, algunas voces internas a Podemos admitían que rechazar esta propuesta fue un error mientras que el PSOE, ya decidido a ir a elecciones, afirmaba que la oferta había caducado.

César Calderón, analista político y fundador de Redlines.es, afirma que "el PSOE dio la impresión que o bien no quería pactar, o solo buscaba reducir el margen de maniobra de Podemos". En las últimas semanas, según él, las nuevas propuestas entre ambos partidos solo fueron "movimientos de ajedrez y lucha por el relato" para echarse la culpa de la repetición electoral los unos a los otros. En definitiva, "la izquierda consiguió sobre todo frustrar las expectativas del electorado” asevera el analista.

La segunda oportunidad de la derecha, el 10 de noviembre

Mientras la izquierda peleaba en vez de negociar, la derecha española tampoco salió indemne. Albert Rivera, el líder del partido liberal Ciudadanos, no quiso aprovechar las divergencias entre el PSOE y Podemos para proponer un pacto a Sánchez. Este veto al candidato socialista hizo que el partido de Rivera viera a varios de sus altos cargos dimitir o abandonar el partido a lo largo de estos últimos meses.

Pero en el último minuto, a una semana de la disolución de las cortes y el día que empezaba el monarca su ronda de consultas para evaluar la viabilidad de una investidura, Rivera hizo una propuesta a Sánchez. A cambio de romper un pacto de gobierno en una región, comprometerse a no subir los impuestos y a no indultar a los presos catalanes además de plantearse una tutela de Cataluña, Ciudadanos ofrecía su abstención. Una oferta que llegaba demasiado tarde y que planteaba "condiciones ya cumplidas", según el PSOE.

Para Cristina Monge, politóloga y profesora de sociología en la Universidad de Zaragoza, Rivera propuso algo "inasumible" para el PSOE. Según ella, el líder de Ciudadanos solo buscaba "inaugurar la campaña electoral" recuperando sus votos perdidos de la izquierda y exculpando su responsabilidad en el bloqueo político. Un bloqueo que tiene su origen en el fin del bipartidismo en el país con la entrada en escena de Podemos y Ciudadanos en 2015.

Después de cuatro elecciones en cuatro años aflora el hartazgo de la población

Por cuarta vez en menos de cuatro años los españoles se enfrentarán a unas elecciones generales en noviembre. Instantes posteriores al anuncio de la inevitable repetición electoral, se hizo viral un mensaje en redes sociales explicando los pasos a seguir para no recibir propaganda electoral y así ahorrar una parte del gasto que suponen los nuevos comicios.

Prueba del hartazgo de parte de los españoles, este jueves 19 de septiembre, la web del Instituto Nacional de Estadística que tramita estas peticiones ciudadanas se encontró con problemas técnicos por la gran afluencia de conexiones. Y cada día son más las voces que piden a los candidatos no repetir una campaña costosa que tendría pocos cambios respecto a la última.

Según los expertos, la frustración y el cansancio de la población podría generar sobre todo más abstención cuando, en abril, la participación (75,76%) había logrado alcanzar su cota más alta de los últimos 15 años. Algunos como Calderón, aventuran que la desmovilización de noviembre vendrá del sector progresista (jóvenes y urbanos) y perjudicaría a la izquierda.

"En esta nueva campaña electoral, la derecha podrá vender el argumento de 'segunda oportunidad' pero, ¿cómo movilizará la izquierda si fue incapaz de pactar?", pregunta retóricamente Cardenal. Un análisis en el que coincide Monge: "PSOE y Podemos se echan la culpa el uno al otro pero una parte importante de su electorado se la echará a los dos".

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