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La lucha forestal de los Guajajara, los "guardianes" de la Amazonía brasileña

Un "guardián del bosque" en Arariboia, Maranhao, Brasil, el 10 de septiembre de 2019.
Un "guardián del bosque" en Arariboia, Maranhao, Brasil, el 10 de septiembre de 2019. Ueslei Marcelino / Reuters

A sangre y fuego, un grupo de más de 180 indígenas busca proteger las reservas naturales amenazadas por los madereros ilegales que se internan en la selva para talar árboles ancestrales.

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No le temen a nadie. Ni a los madereros, ni a la muerte. Son miembros de la tribu Guajajara y, desde hace siete años, defienden su territorio a sangre y fuego bajo el nombre de "guardianes del bosque".

Se internan en la selva para proteger los árboles ancestrales que los taladores ilegales buscan comercializar. Entran armados con fósforos y balas para incinerar los campamentos ilícitos de acopio de troncos y ahuyentar a quienes los derriban.

Cada noche, hacen guardia a lado y lado de los caminos abiertos por las enormes llantas de los camiones de los madereros. Los describen como sus enemigos y ante su presencia solo tienen una respuesta, atacar. Atacar para salvar la tierra, para rescatar la Amazonía brasileña.

Un "guardián del bosque" se prepara para la jornada en Maranhao, Brasil, el 10 de septiembre de 2019.
Un "guardián del bosque" se prepara para la jornada en Maranhao, Brasil, el 10 de septiembre de 2019. Ueslei Marcelino / Reuters

Pero en los días de estos guerreros nativos que ofrecen sus vidas para combatir la deforestación no todo es conflicto. Entrada la mañana, recorren los terrenos afectados para convertirlos en nuevas plantaciones de arroz y mandioca.

Antes de sumergirse en la espesa selva, maquillan sus rostros con los colorados pigmentos naturales que extraen del achiote en una especie de ritual de protección con el que buscan mimetizarse con el entorno, evitar ser detectados por sus rivales ambientales.

La de ellos no es una tarea sencilla. El pago que reciben por transformarse en vigías naturales son golpes y heridas por parte de sus enviados de las mafias madereras, las mismas que le dieron forma a una huella se extiende a lo largo de más de 3.800 kilómetros.

Reconocen que todavía no son suficientes, apenas poco más de 180. Necesitan respaldo, apoyo y protección, igual que los bosques que cuidan, donde en lo que va de 2019 el registro de incendios ha aumentado en al menos un 50 %, la razón que los motiva aún más a persistir en su meta: salvar su mundo verde, salvar la selva.

Con Reuters

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