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En el Mundial de rugby, los amateurs compiten con los profesionales

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Tokio (AFP)

Son unos sesenta. Contables, estudiantes, veterinarios e incluso agricultores. Llegados desde Uruguay, Namibia, Tonga o Rusia. Son los amateurs o semiprofesionales que participan en el Mundial de rugby Japón-2019.

Obrero de la construcción, Siua Maile es sin duda la historia más llamativa de este Mundial japonés. El jugador de Tonga fue descubierto por azar, gracias a... Facebook.

"Puede parecer divertido pero verdaderamente es lo que pasó. Teníamos un problema de hooker en Tonga y nos hacía falta encontrar uno", cuenta el entrenador adjunto de Tonga, Dan Cron.

"Lo encontramos al llegar al aeropuerto de Auckland... pero nadie sabía cómo era su cara", dice Cron.

Probado en preparación frente a los All Blacks, no fue precisamente el mejor regalo para un debut (derrota 92-7), pero Maile convenció al staff para llevarlo a Japón. Su club en Nueva Zelanda lanzó incluso una colecta para ayudar a este jugador que fue padre por primera vez unas semanas antes de despegar.

- Falta de dinero -

"Entre quince y veinte jugadores tonganos rechazaron ir a la selección nacional ya que no podían permitírselo financieramente", explica de este modo el seleccionador Toutai Kefu.

La falta de dinero es a menudo un problema fuera de los diez equipos del Top 10 mundial. Incluso Argentina, semifinalista en 2007 y en 2015, ha convocado a un jugador amateur, el centro Lucas Mensa.

"Hay que estar loco para jugar al rugby en Uruguay. Hay que tener de verdad muchas ganas", estima el apertura de los Teros, Felipe Berchesi.

En su selección tiene compañeros como Felipe Etcheverry (estudiante y entrenador de rugby), Diego Arbelo (chófer) o Juan Manuel Gaminara (consultor financiero).

"Se entrenan por la mañana o por la noche antes o después de su trabajo. Somos enfermos de este deporte. En Uruguay, casi todo es fútbol", señala Berchesi, que juega en Francia, en Dax (Fédérale 1, tercera división).

Cuartofinalista del pasado Mundial de fútbol, la Celeste atrae a casi todos los patrocinadores.

- Cables encima del terreno -

"Nuestra federación no tiene demasiado dinero. Nos arreglamos con los medios que tenemos. Intentamos construir estructuras. Las primas de partidos permiten también reducir las horas de trabajo a algunos, que pueden dedicar de este modo más tiempo al rugby", añade Berchesi, que pasó por el campeonato local antes de viajar a Europa.

Algunos no tienen esa suerte. Los namibios, por ejemplo, solo cuentan con un puñado de profesionales. Considerada como la mejor selección africana, detrás de la intocable Sudáfrica, no tiene el mismo peso cuando desembarca en la escena mundial.

"Todos el mundo no puede comprender lo que han pasado hasta llegar aquí. Han jugado en Marruecos, en Nigeria, en Uganda...", explica Dale McIntosh, entrenador de la defensa namibia.

"Uno de los partidos lo jugamos con cables eléctricos que pasaban por encima del terreno. El árbitro nos explicó que si el balón tocaba uno de los cables, la jugada terminaba en scrum. Nunca había visto algo parecido. Estos chicos merecen estar aquí por las travesías en la niebla que han tenido", añade McIntosh, de origen neozelandés, pero exinternacional por Gales, donde es entrenador.

"Estos chicos son increíbles. Tengo gran respeto por ellos. No he escuchado a uno solo quejarse. Trabajan duro y están muy orgullosos de representar a su país", concluye.

El Mundial de rugby es el tercer evento más seguido en el mundo, pero está todavía muy lejos del primero, la Copa del Mundo de fútbol.

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