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En Foco

La lucha del Movimiento Sin Tierra de Brasil por sobrevivir

El Movimiento de los Trabajadores Rurales sin Tierra (MST), una organización de campesinos que luchan en Brasil por la reforma agraria ocupando tierras improductivas o embargadas, se ha convertido en el mayor productor de arroz orgánico de América Latina, según datos oficiales del Gobierno de Río Grande do Sul. El año pasado la cosecha alcanzó las 16.000 toneladas.

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Tanto la plantación como la fábrica se encuentran en la comunidad del MST de Nova Santa Rita, a unos 30 kilómetros de Porto Alegre. Everaldo Balbinot, coordinador de agroindustria de la Cooperativa de Producción Agropecuaria (Coopan), asegura que el arroz es producido sin el uso de ningún producto químico ni genéticamente modificado.

Esta filosofía contrasta con la cultura agrícola de Brasil, caracterizada por el uso masivo de pesticidas y transgénicos. Hasta el pasado mes de julio la Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria (Anvisa) aprobó 290 nuevos productos químicos. Un informe publicado por la ONG Greenpeace señala que es un número récord y refleja una tendencia que empezó con el expresidente Michel Temer y se incrementó en la era Bolsonaro.

El actual presidente de Brasil, no oculta su hostilidad hacia el MST, al que acusa de ocupar ilegalmente las tierras de los propietarios rurales. Durante la campaña electoral, dijo: "Quiero que maten a estos vagabundos". Adicionalmente, en varias ocasiones, ha propuesto que las invasiones realizadas por miembros de este movimiento sean tipificadas como actos de terrorismo.

Acusan al Gobierno Bolsonaro de asfixiar al MST

El Ministerio de Agricultura sigue la misma línea. "Muchas tierras productivas fueron invadidas y muchas tierras improductivas también. Lo que acontece con la legislación brasileña es que quien tiene tierras improductivas hoy, las pierde. Existen algunos índices con diferentes denominaciones que los productores están obligados a cumplir, tenemos leyes muy rígidas. Entonces lo que no va a ser admitido es la invasión ilegal, sea del tipo que sea. Esto no será permitido en el Gobierno de Jair Bolsonaro”, afirmó la ministra Tereza Cristina Corrêa a principios de este año.

Hasta el año pasado, el arroz ecológico del MST era distribuido a ayuntamientos, escuelas y algunos supermercados e impresas brasileñas. También es exportado a países como Uruguay, Chile, Noruega, España e incluso Nueva Zelanda.

Cedenir de Oliveira, uno de los portavoces del Movimiento de los Trabajadores Rurales sin Tierra (MST), denuncia que el Gobierno de Bolsonaro estaría estrangulando económicamente la organización que representa. La forma encontrada es no renovar los contratos de organismos públicos para la adquisición de sus productos.

"Antiguamente el Estado compraba alimentos de la agricultura familiar y los distribuía para las personas necesitadas. Ahora esta política acabó. Entonces las personas con dificultades alimentarias que viven en la ciudad dejaron de recibir y el agricultor del MST dejó de vender su producto. Todas aquellas políticas contra-hegemónicas de cultivación de productos orgánicos y de compra directa de los agricultores están siendo retiradas", señala Oliveira.

Tras llegar al poder, Bolsonaro asignó al Ministerio de Agricultura la competencia del Instituto Nacional de Colonización y Reforma Agraria (Incra), que era responsable de legalizar las tierras ocupadas e indemnizar a los propietarios expropiados. En el primer trimestre de 2019, el número de ocupaciones del MST bajó drásticamente: de hecho, solo una fue oficialmente registrada.

Más de un millón de familias dependen del MST

Mientras, las 15.000 familias de agricultores del MST que viven en el Estado de Río Grande do Sul resisten al cerco del lobby agrícola que cuenta con el apoyo declarado de Bolsonaro. El MST nació precisamente en esta región en 1984 de las luchas de los campesinos sin tierra. Hoy cuenta con más de un millón de familias asentadas en todo Brasil, donde se registra una de las mayores concentraciones agrarias del continente. Actualmente el 0,95% de los propietarios posee el 47,5% de las tierras, según informa la ONG Oxfam recogiendo datos del último Censo Agro de 2017 del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE).

Muchos agricultores conquistaron un trabajo digno en tierras ocupadas ilegalmente y posteriormente legalizadas por el Incra. Hoy venden sus productos en ferias orgánicas. Con los programas federales menguando, los sin tierra enfrentan ahora el reto de conquistar nuevos mercados para sobrevivir.

 

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