Saltar al contenido principal

Greta Thunberg y la mirada climática que la llevó a ganar el 'Nobel Alternativo'

La activista sueca Greta Thunberg durante una audiencia sobre "Las voces que lideran la próxima generación en la crisis climática global" celebrada en Washington, Estados Unidos, el 18 de septiembre de 2019.
La activista sueca Greta Thunberg durante una audiencia sobre "Las voces que lideran la próxima generación en la crisis climática global" celebrada en Washington, Estados Unidos, el 18 de septiembre de 2019. Kevin Lamarque / Reuters

Por su llamado a la acción para hacerle frente a la crisis climática, la joven activista sueca recibió el mayor reconocimiento otorgado por la fundación Right Livelihood Award.

Anuncios

A Greta Thunberg nada la detiene. Ni las críticas. Ni las burlas. Ni mucho menos las amenazas, porque -para ella- los humanos somos justo eso, la amenaza del planeta. Tras su mirada profunda se oculta un mar de preocupaciones colectivas que, a través del activismo, convirtió en una lucha personal, una batalla que la llevó a ganar el máximo reconocimiento otorgado por la fundación Right Livelihood Award, el llamado ‘Nobel Alternativo’.

Con este galardón, además de la amplificación del eco de su protesta, recibirá un millón de coronas suecas, lo equivalente a cerca de 103.000 dólares, por aquello que, según Ole von Uexkull, el director de la fundación anfitriona, representa su labor como toda una “visionaria práctica”.

Para que acaricie el premio todavía faltan muchos días, dado que la ceremonia de oficialización solo será realizada hasta el cuarto día de diciembre, fecha que coincidirá con los cuarenta años de existencia de esta distinción entregada en Estocolmo.

Con 16 años, una historia marcada por el Asperger y un mundo en llamas, esta joven sueca le hace frente a la crisis climática desde un atril propio, el de la huelga escolar. Sin gases lacrimógenos ni balas de goma logra provocar, para bien o para mal, mucho más revuelo que incluso las más concurridas manifestaciones. Pero lo hace de una manera distinta. Sin gritar, sin perseguir. Con palabras y letreros le recuerda a niños, ancianos, políticos, empresarios, pobres y ricos que la contaminación no distingue posiciones, que es responsabilidad de todos.

La activista sueca Greta Thunberg tras completar su travesía transatlántica para asistir a una cumbre de Naciones Unidas sobre el cambio climático en Nueva York, Estados Unidos, el 28 de agosto de 2019.
La activista sueca Greta Thunberg tras completar su travesía transatlántica para asistir a una cumbre de Naciones Unidas sobre el cambio climático en Nueva York, Estados Unidos, el 28 de agosto de 2019. Andrew Kelly / Reuters

Los titulares de prensa no la envanecen pues asegura que su meta nunca fue la fama, sino el cambio. Una transformación que nos cobije de polo a polo para reducir la pesada herencia que nos dejarán las incontroladas emisiones de carbono, el abuso en el uso del plástico, la tala indiscriminada y el consumismo exacerbado.

Domina cifras y datos clave sobre el derretimiento de los glaciares, la extinción masiva y la saturación de los repositorios de desechos, pero todavía no consigue comprender cómo es que a ella, apenas una adolescente que se resistió a seguir yendo a la escuela hasta que el mundo no reconozca la crisis climática como una realidad, cientos de adultos la ven como una enemiga, como la rival de sus negocios, de sus intereses, del enriquecimiento de sus cuentas bancarias.

Frente al reto que supone insistir pese a los dardos diplomáticos que le lanzan a diario magnates, ministros y hasta presidentes solo tiene una respuesta: la continuidad. Sigue porque, más allá de los reproches por su procedencia, rasgos o costumbres, siente que la suya es una guerra que realmente vale la pena, una misión que vale la vida.

Cruzó el Atlántico en un yate cero emisiones para mirar cara a cara mandatarios y líderes en la Cumbre del Clima que acaparó los lentes de los principales medios de comunicación en territorio estadounidense, hasta donde llegó luego de recorrer las 3.000 millas náuticas que separaban al puerto británico desde el que se embarcó en este convulso viaje. Lo hizo y, sin dudar, afirma que lo repetiría con tal de que los gobiernos despierten, de que admitan que la “gran casa” está en llamas y que solo un cambió la podrá salvar.

Página no encontrada

El contenido que solicitó no existe o ya no está disponible.