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ARTE + FRANCE 24

Falun Gong: veinte años de resistencia y persecución dentro y fuera de China

En 1992, Li Hongzhi presentó una nueva práctica espiritual al público chino: el Falun Gong o Falun Dafa. Inspirada en el budismo y el taoísmo, la disciplina combina meditación, gimnasia y espiritualidad, en torno a tres principios cardinales: verdad, compasión y tolerancia...
En 1992, Li Hongzhi presentó una nueva práctica espiritual al público chino: el Falun Gong o Falun Dafa. Inspirada en el budismo y el taoísmo, la disciplina combina meditación, gimnasia y espiritualidad, en torno a tres principios cardinales: verdad, compasión y tolerancia... ARTE

El culto religioso que nació con la complacencia del Gobierno chino empezó a ser vetado en 1999. Pero a pesar de la persecución, millones de adeptos todavía practican sus enseñanzas dentro y fuera del país.

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Una rueda que gira en el interior de cada ser humano para atraer o liberar energía. Un ejercicio de respiración, equilibrio y armonía. Una fuente de salud fundada en la medicina alternativa china. Un movimiento, una fe, un estilo de vida, una disidencia. El Falun Gong o Falun Dafa es todo esto y más dentro, pero sobre todo fuera de China.

Nació en el gigante asiático a comienzos de los noventa como una práctica aliada al Gobierno para generar hábitos saludables en la población. El Falun Gong estuvo alineado con otras prácticas conocidas como quigong que, inspiradas en el taoísmo y el budismo, invitan a meditar para buscar la iluminación. El Falun Gong, no obstante, creció más que otras prácticas: se alineó con una serie de preceptos morales y espirituales y llegó a contar con 70 millones de adeptos en China, los suficientes como para generar desconfianza en el Partido Comunista de China.

China dice que el "Falun Gong" es un culto de "superstición"

La persecución inició en 1999. El entonces presidente chino Jiang Zemin prohibió el Falun Gong diciendo que no estaba registrado en las religiones permitidas por el Estado y las autoridades argumentaron que esta creencia difundía supersticiones.

Esa tesis todavía se expone en el sitio web de la Embajada de la República Popular China en Estados Unidos, el país que escogió Li Hongzhi, fundador del culto, para refugiarse cuando inició la persecución. La embajada dice que "él dice que los practicantes del "Falun Gong" no deben ver al médico o tomar medicinas para tratar las enfermedades porque "los verdaderos practicantes nunca se enferman".

Pero muchos seguidores o defensores de esta práctica niegan que esta sea contraria a la medicina o a la ciencia en general y afirman que el Falun Gong promueve conductas morales a través de "la verdad, la compasión y la tolerancia". Sin embargo, el debate en línea es difícil de seguir.

Organizaciones afines al Gobierno chino o voces independientes señalan que en efecto esta práctica aleja a sus adeptos de la medicina contemporánea. Ben Hurley, un periodista australiano que se enfoca principalmente en asuntos económicos, ha dedicado una línea de su trabajo para denunciar estas irregularidades. Hurley practicó Falun Gong, encontró empatía en la comunidad que le enseñó las prácticas en Tailandia y cierto alivio espiritual en los ejercicios de movimientos lentos y respiración.

Pero luego llegó el desencanto. Las visiones conservadoras y el choque con la sociedad contemporánea lo obligaban a llevar una doble vida: una con los adeptos al Falun Gong y otra con la "gente ordinaria".

"El Falun Gong había hecho un cambio hacia un grupo insular y controlador que demandaba mucho tiempo de compromiso, aislaba cada vez más a sus miembros de la sociedad y aislaba su trabajo interno del escrutinio externo", cuenta Hurley en su blog. El periodista también ha ofrecido entrevistas para contar su propia experiencia de desencanto con el culto.

El Falun Gong, un camino de resistencia

La organización estadounidense Freedom House publicó en 2017 una investigación sobre el ejercicio de resistencia de distintos cultos al interior de la China contemporánea. En ese reporte hay un capítulo dedicado exclusivamente al Falun Gong. Además de reflejar el fracaso de la campaña de erradicación (la organización estima que hoy los seguidores todavía se cuentan por millones dentro de China), el documento denuncia las múltiples formas de persecución.

La investigación cita reportes de la Comisión Ejecutiva del Congreso Estadounidense sobre China y resalta que, entre otras prácticas, hay esfuerzos de "transformación" por parte de las autoridades chinas. "Desde el principio este ha sido un objetivo central de la campaña anti-Falun Gong", dice el reporte, "una forma de 'erradicar' la práctica al forzar a sus creyentes a renunciar a esta, a menudo por escrito". El documento añade que para lograr esto, las autoridades chinas incluso recurren a la tortura.

Pese a la violenta persecución, Freedom House resalta que los seguidores han respondido con "tenacidad, no violencia y creatividad". El periodista australiano Ben Hurley, por su parte, dice que su testimonio no busca de ninguna manera justificar la persecución china y de hecho cree que "quizá los ruidosos argumentos de parte y parte entre el Partido Comunista Chino y Falun Gong han ahogado una discusión con más matices sobre las verdades a medias y mentiras a medias que vienen de ambos lados".

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