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Jóvenes afganos que le apuestan al cambio a pesar de la adversidad

Imagen sin fecha que muestra a Shabnam Mir, de 24 años, quien lidera un proyecto para poner en funcionamiento máquinas para contar votos.
Imagen sin fecha que muestra a Shabnam Mir, de 24 años, quien lidera un proyecto para poner en funcionamiento máquinas para contar votos. France 24

Pese a las situaciones adversas, muchos jóvenes afganos trabajan por reconstruir una sociedad golpeada por años de guerra y para ello se abren paso en sectores de la economía como el diseño, la ingeniería o la hostelería.

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El deterioro de la situación económica, el desempleo, la violencia y la incertidumbre política, afecta la vida diaria de los jóvenes afganos, donde el 63 por ciento de la población es menor de 25 años. Como consecuencia miles de ellos, de todos los estratos socioeconómicos, decidieron entre 2015 y 2016 intentar llegar a Europa u otros países para empezar una vida.

Muchos de los que se quedaron intentan abrirse camino a pesar de la guerra y las dificultades. Entre ellos se destacan decenas de jóvenes formados en las universidades afganas que han decidido apostar por proyectos que poco a poco logran cambios en el país.

Este es el caso de Rahiba Rahimi, de 25 años. Con el respaldo de amigos y familiares, en 2016 abrió Laman Clothing, una de las nuevas casas de moda que trabaja mezclando telas y tejidos tradicionales afganos con cortes contemporáneos. "Al comienzo tuve gente que me criticó, otra que me apoyó y otros que pensaron que esta era una idea maravillosa, como muchos de mis amigos", cuenta Rahiba que reconoce que ser mujer joven empresaria en una sociedad como la afgana no es fácil.

Pero a pesar de los muros con los que se ha chocado en el camino, sigue adelante. Pocas semanas atrás estuvo en la semana de la moda de Milán en un programa impulsado por la agencia estadounidense de cooperación internacional, USAID, que promovía a tres nuevas diseñadoras locales en el marco de uno de los espacios de la moda más importantes del mundo.

"Fue muy bonito ver todo lo que pasó", dice al mostrar algunas de las fotos de las modelos con sus diseños donde sobresalen los bordados hechos por artesanas locales.

Máquinas para contar votos, un paso más lejos de la corrupción

La oficina de Shabnam Mir está en un edificio donde decenas de técnicos reparan viejas impresoras. En su pequeño espacio se exhiben varias máquinas que son los prototipos mejorados de las máquinas para contabilizar votos electrónicamente que haría imposible que el conteo electoral estuviera rodeado por la incertidumbre del fraude, como sucede en cada cita electoral.

"Todos los pasos y características de la máquina están pensados en el contexto de Afganistán donde muchas veces no hay electricidad o comunicaciones, por eso hemos pensado cada detalle", dice esta psicóloga de 24 años que aprendió a desarrollar proyectos gracias a que fue seleccionada por un programa de emprendimientos liderado por la embajada estadounidense en Kabul. "Estoy convencida que la única manera como lograremos la paz es teniendo un líder fuerte, y esto solo llega con unas elecciones limpias", dice.

Un gran sector de la población afgana no confía en su sistema electoral, entre ellos los jóvenes que tenían una gran responsabilidad en las elecciones del pasado sábado 28 de septiembre. Si bien los resultados solo se conocerán hasta el 19 de octubre, ya se sabe que solo participaron el 25 por ciento de los 9.6 millones de personas habilitadas para votar.

Cafeterías que amplían espacios para relacionarse entre hombres y mujeres

En el centro de Kabul, en medio del corazón de la ciudad, han surgido una serie de cafés y restaurantes donde hombres y mujeres comparten tranquilamente en una actitud que hasta hace unos años era imposible en la ciudad. El pionero de este cambio fue Ahmad Farid Amiri quien en 2016 abrió Slice, el primer café de estas características en la ciudad donde suelen dividirse en espacios familiares o segregados para hombres y mujeres.

"Cuando abrimos dijimos, este es un café y está abierto para todos. Dejemos que tengan la libertad de escoger donde quieran y vamos a habilitar el espacio para ellos", cuenta Amiri que para entonces tenía 26 años.

Hoy muchos temen que si lograr llegar a un acuerdo con los talibanes, algo que se da por hecho en el contexto de la sociedad afgana, este tipo de espacios corran el peligro de desaparecer. Durante los cinco años que gobernaron los talibanes hasta 2001 las mujeres no pudieron estudiar y quedaron recluidas a sus casas de las que solo podían salir en compañía de los hombres, y siempre cubiertas por un burka.

"Muchos jóvenes con la misma manera de vivir mía están presentes ahora en la sociedad, esto no existía en 2001 cuando se fueron los talibanes. Estos son los hechos y realidades de la sociedad que ellos no pueden ignorar", concluye Ahmad que es optimista que el país no puede volver atrás.

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