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Cultura

La cultura en Brasil resiste a la censura de la era Bolsonaro

Este beso gay de un cómic de Marvel hizo que se hablara de censura en el país. Pero este año, otras publicaciones, festivales y exposiciones también fueron vetadas por "impropias" o por criticar al presidente Jair Bolsonaro. Un pulso por la libertad de expresión que ahora ha llegado al cine. En esta crónica también hablamos de la nueva cinta de Woody Allen, de series para octubre y de Cuco, un artista chicano que conquista solo con oírlo.

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Cuenta Valeria Saccone, corresponsal en el país, que en Brasil la palabra 'censura' es cada vez más recurrente. En la prensa, por ejemplo en el diario Folha de São Paulo, usarla se ha convertido en toda una declaración en apoyo a una sociedad y una cultura que están resistiendo, entre otros, mediante el arte.

El caso más sonado ocurrió en septiembre. El alcalde de Río de Janeiro, el pastor evangélico Marcelo Crivella, quiso retirar de la Bienal do Livro un cómic de Marvel en el que dos superhéroes eran novios y se besaban. La razón para apartar 'Vengadores: La cruzada de los niños' de una de las ferias más diversas del país es que ese contenido era "inapropiado", por lo que ordenó que lo quitaran y mandó a un grupo de inspectores municipales a buscar y reportar otros títulos con temática sexual y LGBTI.

Su reacción no solo provocó que el libro se agotara o que ciudadanos y escritores protestaran, sino que motivó al Supremo Tribunal Federal a tomar medidas "contra la discriminación". La batalla que había abierto Crivella la cerró la Corte anulando su decisión de retirar la historieta y enviar a funcionarios. "Bajo el signo del retroceso, cuya inspiración resulta de las tinieblas que dominan el poder del Estado, un nuevo y sombrío tiempo se anuncia, de la intolerancia, de la represión al pensamiento, de la prohibición ostensiva al pluralismo de ideas y del rechazo al principio democrático", había defendido Celso de Mello, ministro del Supremo, justamente en Folha, que respondió con este beso gay en plena portada.

Al beso ya le había antecedido una exposición que solo duró 12 horas en el sur de Brasil. En Porto Alegre, una muestra con 36 viñetas críticas con el presidente Jair Bolsonaro y el ministro de Justicia, Sérgio Moro, fue retirada de la Cámara Municipal bajo el pretexto de que eran '"ofensivas". Según la concejala Mônica Leal, era un contenido irrespetuoso con el presidente, pero según el concejal que lo propuso y el autor de algunas de las obras fue una "censura", "un gesto peligroso", contra una exposición que se titulaba 'Independencia en riesgo': "Para varios, Brasil no tiene una independencia porque es sumiso a Estados Unidos. Muchos lo afirmaron con buen humor, y no solo contra el actual Gobierno".

Una censura que ya ha llegado a la gran pantalla brasileña

De acuerdo con Saccone, hoy al cine le ha llegado su turno, y bajo la era Bolsonaro que inició en enero de 2019, los cineastas, actores y productores están preocupados. En Río, salieron a marchar contra los recortes para impulsar la difusión de cintas nacionales en festivales en el extranjero, y contra el traslado a Brasilia de la Ancine, la Agencia Nacional del Cine.

Y es que los profesionales temen que así haya más control, sobre todo cuando Bolsonaro ha afirmado que para la Ancine desea un director evangélico que sepa recitar de memoria 200 versículos de la Biblia y que tenga las rodillas magulladas de tanto arrodillarse. "No se trata de tener a un representante de una única religión. Queremos a un Estado laico, y por tanto, un audiovisual laico", destacó Janaina Diniz, productora y directora.

En esta crónica, la periodista Valeria Saccone nos sumerge en este nuevo enfrentamiento entre la cultura y la censura. Porque en agosto pasado, hasta tres películas fueron retiradas de un festival de cine marginal, programado en el Centro Cultural Justicia Federal de Río, al hacer mención explícita de Bolsonaro (con audios originales), y al retratar las religiones de matriz africana y de los objetos aprehendidos por la policía. Para el centro, el reglamento dice bien claro que no se admiten producciones de cuño religioso, político o partidario.

En las últimas semanas, espectáculos, seminarios y festivales de cine de otros centros federales, como la Caixa Cultural y el Centro Cultural Banco do Brasil, han sido cancelados. Y ahí entra una de las noticias más preocupantes de esta semana. Según Folha, este año la Caixa Econômica Federal, institución financiera que acoge la propia Caixa Cultural, ha creado un sistema de censura previa a proyectos culturales, con el cual los creadores deberán informar de su ideología política y de su conducta en las redes sociales para conseguir apoyo económico. Y así es como han caído las anteriores propuestas, alegando "aspectos técnicos" y "restricción a temas".

Para el presidente Jair Bolsonaro todo este intento de veto a obras culturales no es 'censura', sino 'cambio': "No vamos a perseguir a nadie, pero Brasil cambió. Con el dinero público no veremos más ciertos tipos de obra. Eso no es censura, eso es preservar los valores cristianos; es tratar con respeto a nuestra juventud, reconocer la familia".

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