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Uribe y Cepeda, los polos de la política colombiana que chocarán en los estrados

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Bogotá (AFP)

La apuesta de Álvaro Uribe resultó un bumerán. El político más poderoso de Colombia acusó al izquierdista Iván Cepeda de manipular testigos en su contra, pero la denuncia dio un giro y ahora deberá defenderse en los tribunales.

Salvo por su condición de senadores y huérfanos del conflicto armado (al padre de Uribe lo mataron guerrilleros, según el exmandatario; al de Cepeda, los paramilitares con complicidad estatal), no hay coincidencias entre ellos.

Son los polos de la división política que se agudizó desde la firma de la paz en 2016 con los antiguos rebeldes de las FARC, y ahora, protagonistas del proceso judicial más mediático de este siglo en Colombia.

- Uribe, el poderoso -

Nacido hace 67 años e hijo de un hacendado, Álvaro Uribe llegó al poder en 2002, cuando el país ardía por el enfrentamiento de guerrilleros, paramilitares y fuerzas del Estado, tras el fracaso de una nueva tentativa de paz con las FARC.

Este político de origen liberal también comenzó en llamas el primero de sus dos mandatos. El día de su posesión la exguerrilla atacó con cohetes la sede presidencial. La respuesta fue contundente. Uribe se embarcó en una política de mano dura que diezmó a los rebeldes, y acordó la desmovilización de 30.000 paramilitares.

A Uribe (Medellín, 1952) le reconocen haber rescatado al país de las fauces de la violencia de la época y aliviado sensiblemente los secuestros y ataques a poblaciones, aunque también su gobierno quedó manchado por el escándalo de los asesinatos extrajudiciales cometidos por militares. El exmandatario escapó a 15 atentados y es uno de los hombres más custodiados del país.

Controvertido, recio, pero sobre todo muy popular, Uribe debió abandonar la presidencia en 2010, tras un fallo que frustró el referendo que le hubiera permitido competir por un tercer mandato consecutivo. Todas las encuestas daban por segura su continuidad.

Uribe estuvo detrás de la elección de su sucesor y exministro Juan Manuel Santos (2010-2018), de quien luego pasó a ser su mayor crítico por el proceso que terminó con la firma de la paz. Apoyado en su popularidad, el expresidente lideró a la oposición en su victoria contra el acuerdo con las FARC en el plebiscito de 2016, y catapultó a la presidencia a Iván Duque en 2018.

Es el jefe del partido en el poder y el primer expresidente en rendir interrogatorio ante la Corte Suprema, en una causa que se remonta a 2012 y que podría llevarlo a juicio. "Probablemente he cometido errores, pero no delitos", señala.

- Cepeda, el contradictor -

Graduado con máster como uno de los mayores contradictores desde que Uribe recibió las llaves de la Casa de Nariño, sede de la presidencia.

Hijo de un senador comunista asesinado por paramilitares en complicidad con agentes estatales en 1994. Defensor de derechos humanos desde hace tres décadas. Facilitador durante la negociación entre el gobierno de Juan Manuel Santos y la exguerrilla FARC.

Como cabeza del Movimiento Nacional de Víctimas de Crímenes de Estado, Iván Cepeda (Bogotá, 1962) denunció desde principios de 2000 vínculos entre políticos y milicias de ultraderecha que, según él, enredaban al popular exmandatario y senador.

"En ese contexto aparecieron muchas personas del entorno del expresidente Álvaro Uribe que han estado vinculadas a ese fenómeno", el paramilitar, dice a AFP este filósofo de izquierda.

Exiliado seis años en Francia por amenazas surgidas de sus indagaciones por el asesinato de su padre, en 2008 publicó el libro "A las puertas del Ubérrimo" que denuncia la expansión paramilitar en los alrededores de la finca ganadera de Uribe en Córdoba (norte).

En 2010 obtuvo un escaño en el Congreso donde prosiguió sus denuncias contra el político más influyente de las últimas décadas en Colombia, que lo ha aquilatado de guerrillero y chavista.

Desde la plenaria del Senado, Cepeda, convaleciente de un cáncer de colón, ha liderado debates sobre presuntos nexos de Uribe con escuadrones de extrema derecha.

El exmandatario lo denunció por supuestamente manipular exparamilitares para que testificaran en su contra, pero, en un giro insospechado, la justicia halló indicios que comprometen a Uribe con esas prácticas. Y ahora es testigo del proceso.

"Álvaro Uribe es una figura política relevante que tiene o ha tenido una influencia significativa, pero es una figura política más, no es un colombiano que se ubique en una dimensión prácticamente de divinidad, no, es un ciudadano que tiene derechos y tiene deberes, espero que los asuma", asegura.

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