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Nobel de Paz para el primer ministro de Etiopía Abiy Ahmed

Niklas Elmehed / Premio Nobel

Con 43 años, el mandatario recibe este premio por sus esfuerzos para alcanzar la “paz internacional”, sobre todo por el conflicto fronterizo con Eritrea. Es el segundo africano que se hace con este galardón de manera consecutiva.

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En julio de 2018 Abiy Ahmed llevaba tres meses en el cargo como primer ministro de Etiopía cuando consiguió acabar un histórico conflicto con su vecina Eritrea. Ahmed, el líder más joven de África, llegó a la paz con un país con el que había protagonizado un enfrentamiento armado entre 1998 y el 2000, manteniendo desde entonces el estado de guerra. Es lo que el Comité Noruego reconoce ahora y por lo que entrega a Ahmed el Premio Nobel de la Paz.

El Comité reconoce “sus esfuerzos para conseguir la paz y la cooperación internacional”, sobre todo por “su decisiva iniciativa para resolver el conflicto fronterizo con su vecina Eritrea”.

Su labor, de la mano del presidente eritreo Isaías Afwerki, permitió restaurar las comunicaciones y el transporte entre estas dos naciones, algo que abrió el camino para que familias que llevaban hasta dos décadas separadas por la frontera pudieran unirse.

“No hay duda que algunos pensarán que el premio de este año se entrega muy temprano”, explicó el Comité argumentando que creen que “es ahora cuando los esfuerzos de Abiy Ahmed merecen reconocimiento y necesitan estímulo”.

Ahmed agradeció al Comité vía telefónica por esta distinción y dijo sentirse “agradecido y entusiasmado”. Es “un premio dado a África, dado a Etiopía” expresó el premier en una llamada con los organizadores del Nobel de paz.

Este galardón recae así por segundo año consecutivo sobre una personalidad africana después de que en 2018 ganara el médico congoleño Denis Mukwege.

Un impulso para un Gobierno que aún tiene muchos retos pendientes

Ahmed llegó al poder después de la renuncia de su antecesor Hailemariam Desalegn, que venía viviendo tres años de protestas bajo su administración. Ahmed tomó así el control del segundo país más grande de África (110 millones de personas) e hizo de la resolución del conflicto con Eritrea la bandera de sus primeros meses.

Sin embargo, el establecimiento de ese nuevo status se mantiene hoy en día como su principal reto, de hecho, la frontera entre los dos países se volvió a cerrar y Etiopía no puede acceder tampoco a los puertos de Eritrea. Además, se espera aún la firma de los acuerdos comerciales.

La violencia étnica dentro del país es otro desafío y amenaza las elecciones generales previstas para mayo de 2020. Así lo alertó en junio la mesa electoral del país que advirtió que “si la seguridad en el país no mejora, no le podemos decir a los electores que salgan y voten”.

Abiy Ahmed confía que sus reformas le permitan dar un nuevo aire a esta nación. En el tiempo que lleva en el poder ha levantado al veto a algunos partidos políticos y ha perseguido a oficiales acusados de violaciones a los derechos humanos. También ha liberado a miles de disidentes y ha dado la bienvenida a grupos de exiliados, antes calificados como terroristas.

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