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Migrantes

La educación de los niños refugiados, una tarea pendiente

La mayoría de los menores refugiados en todo el mundo no va a la escuela. Según datos de ACNUR, 3,7 millones de niños no están inscritos en una institución educativa. La carrera por la educación de los menores expatriados es uno de los temas pendientes sobre la respuesta internacional a la crisis de refugiados.

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Sin identificación, los hijos de los excombatientes del autodenominado Estado Islámico, desplazados internos por el conflicto en Irak, no pueden acceder a una escuela. La historia se repite para unas 80.000 familias que no tienen documentos.

Pero algunas madres han tomado por su cuenta las riendas de la educación de sus hogares. Um Khattab toma prestados libros e intenta explicarle a su hija lo que debería estar aprendiendo en una escuela. "Todos los otros niños pueden estudiar, pero estos niños van a la escuela todos los días y luego los regresan. No les dan libros, ni lecciones. ¿Por qué? Porque no tienen documentos", comenta.

Una de las rutas para obtener los papeles necesarios es iniciar un proceso de divorcio o Jula, permitido por la ley islámica. Un camino largo que, para estas madres, no es conveniente por el tiempo que pierden sus hijos al no poder ingresar a una escuela. "Comencé ese procedimiento ahora pero dijeron que lleva tiempo. Quieren que iniciemos un proceso tras otro", asegura Um Kawther, madre de cuatro hijos.

Los niños son aceptados en la escuela del campamento Hamam Al-Alil, ubicado a las afueras de Mosul, solo durante dos meses mientras sus padres logran conseguir los documentos necesarios para su registro.

Una de las opciones para los niños es que tomen las clases que dictan los programas de ayuda. El problema es que el Ministerio de Educación iraquí no las certifica.

Carrera por la educación: la inspiradora historia de profesor un sursudanés

Pero hay quienes, con poco, deciden cambiar la historia. Koat Reath es profesor y refugiado en Etiopía. Allí dedica su vida a enseñarle a niños y adultos que, como él, tuvieron que abandonar Sudán del Sur por la guerra.

Su particular forma de enseñar enamora a los niños de la clase; unos cien que se apiñan en un aula del campamento de refugiados Jewi. Los menores siguen las frases que canta Koat en nuer, su lengua materna, e inglés. "Me encanta este tipo de enseñanza porque quiero hacer avanzar a esta generación para que sean buenos niños en el futuro", asegura.

La labor de Koat es ejemplo de la importancia de la educación para darles una segunda oportunidad a los refugiados.

+ Y el dato de migración de la semana: gracias a una iniciativa de la Federación Finlandesa de Ciclistas, los refugiados en el país reciben clases para moverse en bicicleta por Helsinki, un método para integrar a los que recién llegan.

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