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Testimonio

Ofensiva turca en Siria: la inquietud de una francesa y su hijo en el campo de Roj

Niños en el campamento de al-Hol, hogar de familiares de integrantes del grupo Estado Islámico, en la gobernación de Al-Hasakeh (noreste de Siria), el 28 de marzo de 2019.
Niños en el campamento de al-Hol, hogar de familiares de integrantes del grupo Estado Islámico, en la gobernación de Al-Hasakeh (noreste de Siria), el 28 de marzo de 2019. Giuseppe Cacace / AFP

Soraya, la hermana mayor de una joven de 30 años que se radicalizó y partió a Irak en 2014, se esfuerza desde Francia para que su hermana menor y su sobrino puedan ser repatriados a Francia. Ambos están expuestos a muchos peligros. Testimonio.

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"Si me pasa algo, perdónenme". Este es el último mensaje que Soraya, de 38 años, recibió de su hermana menor, Inés, desde el campo de Roj, en el noreste de Siria. En este campo donde están detenidos miembros del grupo Estado Islámico, esta francesa le teme a los enfrentamientos entre kurdos y turcos.

Desde que Turquía lanzó una ofensiva contra los combatientes kurdos en el norte de Siria, la joven preparó su maleta y ahora aguarda a la espera. Es presa de la angustia con su hijo de tres años y medio. En Roj, "cunde el pánico", asegura Soraya, que sigue en contacto con su hermana, que partió en 2014 a Irak y luego a Siria.

"Mi hermana no tenía el perfil de una yihadista"

Hay razones de sobra para ceder ante el miedo. Inés teme terminar en la misma situación que las mujeres del campo Aïn Issa: el domingo 13 de octubre, 785 mujeres e hijos de yihadistas, entre las cuales había una treintena de francesas, huyeron del campo situado en la frontera siria, luego de que unos guardias kurdos desertaran.

Hoy en día se encuentran a la deriva en el desierto, abandonadas por todos. Y la hipótesis de que los kurdos se vayan también del campo de Roj es probable. Durante los últimos días, la cantidad de guardias se redujo a un tercio en este campamento improvisado donde viven 34 francesas y 84 niños. También está el miedo de enfrentarse de nuevo al hambre; miedo de morir con su hijo en un bombardeo; miedo de ser asesinada y de dejar a su hijo solo, atrás. También está el temor de que la organización Estado Islámico la encuentre.

Su hermana mayor lo asegura: Inés rompió lazos con la ideología yihadista. "Mi hermana no tenía el perfil de una yihadista". Pero una serie de circunstancias desafortunadas llevaron a esta musulmana practicante sin antecedentes, que vivía en una región parisina, a sumarse a las filas del grupo Estado Islámico.

"En realidad ella nunca se casó con la ideología islamista -cree saber su hermana- pero sí se casó con su marido. Ella tenía 30 años, no tenía hijos, había pasado por varios divorcios y se lanzó un poco de cabeza en los brazos del primer hombre que llegó. Acabábamos de perder a nuestra madre y crecimos sin padre. Ella estaba sola. Se casó con un hombre más joven que ella, recién convertido. Rápidamente se fueron juntos para Irak. Cuando nos enteramos de su partida, ninguno lo podía creer".

Objetivo: ser expulsada hacia Turquía para buscar una repatriación a Francia

Lo que sigue es una cadena de obstáculos. Rápidamente, la joven casada queda embarazada. Por su parte, su marido fallece unos meses después. Su bebé tiene apenas dos meses. A pesar de no estar de acuerdo con el discurso extremista de su hermana menor, Soraya evita el tema para no irritarla y mantener el contacto. Sin embargo, perderá este preciado vínculo durante un año, antes de volverlo a retomar en noviembre de 2018. La arrepentida mujer restablece el contacto con su familia. "En ese momento vi a mi hermana como siempre la había visto, liberada del yugo yihadista".

Hoy en día, la mujer solo tiene un objetivo: ser expulsada hacia Turquía con el fin de ser repatriada a Francia y beneficiarse del protocolo Cazeneuve, un acuerdo de cooperación policial firmado en 2014 con Ankara que enmarca el regreso de expatriados en el marco de la lucha antiterrorista. "Mi hermana no está preocupada, sabe muy bien que si logra regresar a Francia irá a la cárcel. Pero al menos su hijo estará seguro".

"Abrazarlo al menos una vez"

El hijo de su hermana es un niño que Soraya solo conoce a través de fotos. "Nunca he abrazado a mi pequeño sobrino. Me gustaría poder hacerlo al menos una vez en mi vida", cuenta. Al igual que los demás niños de los campos, el pequeño está traumatizado por las escenas de guerra que ha visto. "Es extremadamente sensible a los ruidos, continúa su tía. Cuando escucha un avión, se enloquece. De hecho anda todo el día pegado a su madre. Es muy miedoso. Nunca se aleja más de un metro de su mamá. Y ella hace lo mismo".

Bajo estas condiciones, la repatriación de los niños sin sus madres, opción considerada por algunos, parece impensable para la tía. "Es cruel repatriar solamente a los niños. Sería una catástrofe: ¿cómo pretenden que después estos mismos niños amen el país que les quitó a sus madres?".

Al miedo se le suma la rabia. "Francia debería haberlos repatriado hace mucho tiempo", vocifera la mujer. En el otoño pasado, Francia se declaró abierta al repatriamiento de niños, empezando por los huérfanos, pero sin dar fechas específicas. Sin embargo, una encuesta publicada en febrero donde se revelaba que el 67% de los franceses se habían mostrado hostiles ante el regreso de sus familias, pareció haber moderado la opinión del Gobierno.

"Si las autoridades francesas no hacen algo, esto terminará mal"

Al dejarlos allá, "están poniendo en riesgo nuestra seguridad", continúa la hermana, que aboga sin cesar por la causa de los expatriados. Según la joven, "entre más esperemos, aumenta el riesgo de que los adultos se radicalicen aún más", llevando consigo a los niños a una espiral fatal. "Algunas mujeres, aún radicales, no dudan en aprovecharse de la inacción de Francia para persuadir a las que quieren regresar".

Para Soraya, quedarse de brazos cruzados no es una opción. Desde Francia, lucha para evitar que ocurra algo peor. Primero se puso en contacto con la asociación Colectivo Familias Unidas. También contactó a una reconocida abogada, Marie Dosé -quien milita por el repatriamiento de las familias de yihadistas a Francia- para defender el caso de su hermana. "Es una suerte tenerla. Hace todo lo posible para lograr que regresen. Pero no es la Mujer Maravilla. Si las autoridades francesas no hacen algo, esto terminará mal".

"Todo esto es un desperdicio", dice finalmente, decepcionada.

Este artículo fue adaptado de su original en francés.

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