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Líbano: Hariri da tres días al Gobierno para apoyar sus reformas en medio de masivas protestas

El primer ministro del Líbano, Saad Hariri, habla durante una rueda de prensa en Beirut, Líbano, el 18 de octubre de 2019.
El primer ministro del Líbano, Saad Hariri, habla durante una rueda de prensa en Beirut, Líbano, el 18 de octubre de 2019. Mohamed Azakir / Reuters

El primer ministro libanés dio a los miembros de la coalición de Gobierno 72 horas para apoyar sus reformas económicas en el segundo día de manifestaciones masivas contra los políticos acusados de corrupción y el aumento de impuestos.

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Tras una segunda jornada de protestas masivas en las principales ciudades del Líbano en contra de la clase política dirigente y de unas reformas económicas que desataron la ira de la población, el primer ministro, Saad Hariri, se pronunció este viernes 18 de octubre de 2019 mediante un discurso televisado.

"Cualquiera que sea la solución, ya no tenemos tiempo y yo personalmente me doy poco tiempo para que nuestros socios de Gobierno den una respuesta explícita sobre la solución o tendré otras palabras, y el plazo es muy corto, es decir, 72 horas", dijo Hariri en un mensaje dirigido a la nación. "De lo contrario, daré otro discurso (...) en un tiempo muy corto", advirtió el primer ministro.

La respuesta de los socios de Gobierno debe ser "explícita, concreta y definitiva, que me convenza a mí, a los libaneses, a la comunidad internacional y a todos los que expresan su enfado en la calle hoy", añadió desmarcándose de cualquier responsabilidad por la crítica situación que ha vivido el país en las últimas 48 horas.

Las medidas del Gobierno libanés que desataron la ira de la ciudadanía

Desde hace un mes, Líbano ha protagonizado varias jornadas de protesta contra una crisis económica que vaticina una grave devaluación y una falta de dólares en los mercados de cambio. Si bien, lo que ha llevado a convocar esta huelga general fue una gota más en este vaso, una que afectó a todos por igual: el intento del Gobierno libanés de aplicar una tasa diaria de 20 centavos de dólar a las llamadas de voz hechas por redes sociales como WhatsApp, Víber o Facebook.

Ante la medida, en la noche de este jueves 17 de octubre, miles de libaneses salieron a las calles, tanto de la capital Beirut como de otras grandes ciudades, para manifestarse por lo que el Gobierno apostaba como un ingreso que llenara sus maltrechas arcas públicas, pero que la ciudadanía ve como una medida irreal e insuficiente, para atajar la falta de empleo, la escasez de agua potable y electricidad, además de la llegada de refugiados sirios y la mala gestión de la basura.

Por esta cólera contra la clase política, el Líbano entero está viviendo lo que el pueblo llama "la revolución del WhatsApp". En la noche, los libaneses sacaron sus banderas rojiblancas, bloquearon vías y marcharon al grito de “el pueblo reclama la caída del régimen”. Algunos incluso acamparon en la capital.

Este 18 de octubre, según la corresponsal de France 24, Ethel Bonet, la movilización aglutina, por primera vez, a todos los sectores de la sociedad, sin importar religión o poder adquisitivo. De hecho, son decenas de miles de libaneses los que están conformando la mayor protesta que se recuerda en los últimos años.

Las manifestaciones del viernes se mantuvieron así todo el día. Con el fuego encendido, algunas calles de la capital parecían un campo de batalla, cubierto de balas de goma, vidrios rotos, vallas publicitarias rotas y otros escombros. Los bomberos lucharon hasta altas horas de la noche para apagar las llamas.

Mientras los manifestantes se congregaban alrededor del palacio de Aoun en Baabda, la ONU instó a todas las partes a abstenerse de acciones que pudieran conducir a mayores tensiones y violencia. Arabia Saudita, Kuwait y Emiratos Árabes Unidos advirtieron a sus ciudadanos que no viajen al Líbano. El Gobierno de Bahrein, por su parte, les dijo a sus ciudadanos que se fueran de inmediato de ese país.

El WhatsApp que recogió el hartazgo libanés

Aunque el Gobierno del primer ministro Saad Hariri anunció el retiro del posible cobro, con él pretendía ingresar hasta 200 millones de dólares, desde temprano los libaneses emprendieron la huelga y cerraron carreteras con neumáticos en llamas. Así, al habitual canto del rezo del viernes, se ha sumado el reclamo de unas mejores condiciones de vida, desde lugares como los suburbios de Baabda, en las afueras del palacio del presidente Michel Auon o la Plaza de los Mártires en Beirut.

"No hay que esperar más, se ha acabado. Cuando hay problemas de electricidad o de agua, eso no toca a todo el mundo, pero el WhatsApp es algo que sí afecta a todo el mundo", valora el joven François Nur. Y en ello coincide el estudiante Layal: "lo de WhatsApp es la chispa, el desencadenante de todo. Odiamos el sistema basado en la corrupción, el sectarismo, en el estado policial. Literalmente piensan que somos estúpidos. Todos los impuestos que nos imponen cuando no recibimos ningún servicio".

Por el momento, la Policía solo ha actuado en Beirut, cuando en la madrugada se empezaron a quemar llantas, a lo que respondieron con gases lacrimógenos y donde también ha desplegado una barrera para proteger la sede de Gobierno.

Según las autoridades, 60 de sus agentes y otras decenas de civiles fueron heridos, mientras que en contexto de protestas ya han muerto dos personas por asfixia. En concreto, fueron dos obreros sirios los que perdieron la vida en un edificio donde se produjo un fuego, provocado por un grupo de manifestantes.

Soldados del ejército libanés hacen guardia mientras los manifestantes participan en una protesta contra el gobierno por una crisis económica en la ciudad portuaria de Sidón, Líbano, el 18 de octubre de 2019.
Soldados del ejército libanés hacen guardia mientras los manifestantes participan en una protesta contra el gobierno por una crisis económica en la ciudad portuaria de Sidón, Líbano, el 18 de octubre de 2019. Ali Hashisho / Reuters

"Queremos la caída del régimen"

Puede que el hartazgo libanés sea contra la élite política por "saquear la economía", pero las pancartas solo tienen tres nombres repetidos: el del "general" Aoun y el de Hariri, ambos designados en 2016; y el del presidente del Parlamento, Nabih Berri.

Sobre ellos ha recaído un país con una de las más grandes deudas (de 86.000 millones de dólares, más del 150% del PIB), así como una estela de corrupción y clientelismo, cuando la vida ha encarecido, ha subido el nivel de la violencia y los servicios públicos han llegado a una situación paupérrima. Hace poco, precisamente en redes sociales, los libaneses denunciaban que, por esa falta de fondos, el Gobierno no ha usado helicópteros comprados en 2009 para luchar contra los incendios que afectaron al territorio. Y es por razones como estas que es sobre ellos que también recae el reclamo de una renuncia.

"No queremos solo una renuncia. Queremos que ellos (los líderes) rindan cuentas. Deberían devolver todo el dinero que robaron. Queremos un cambio", dice un manifestante a Reuters, mientras otro justifica la huelga afirmando "que ya no podemos soportar esta situación. Este régimen es totalmente corrupto. Todos son ladrones, vienen al Gobierno a llenarse los bolsillos, no a servir al país".

Los manifestantes sostienen banderas libanesas mientras se reúnen durante una protesta por el deterioro de la situación económica, en Beirut, Líbano, el 18 de octubre de 2019.
Los manifestantes sostienen banderas libanesas mientras se reúnen durante una protesta por el deterioro de la situación económica, en Beirut, Líbano, el 18 de octubre de 2019. Mohamed Azakir / Reuters

En un tono de calma, el yerno de Aoun y ministro de Exteriores, Gebran Bassil, afirmó que el Gobierno no debe imponer más impuestos, que debe trabajar para detener la corrupción y promulgar reformas, a la par que advirtió que "cualquier alternativa al actual Gobierno sería mucho peor".

"Las protestas podrían ser una oportunidad para la reforma o podrían provocar una gran catástrofe y conflictos", sentenció Bassil rechazando las movilizaciones.

La pregunta, ante estas manifestaciones masivas, es si una renuncia de mandatarios solucionaría el camino tortuoso del Líbano, destruido antes por la guerra civil iniciada en 1975 y que duró hasta 1990. En el país conviven hasta 18 comunidades religiosas y desde 2011 ha recibido cerca de un millón de refugiados sirios. Según el Gobierno, "una carga" que ha mermado la economía.

Sin embargo, además de la deuda y la corrupción, los desacuerdos políticos para aprobar los presupuestos de 2020 mantienen bloqueados 11.000 millones de dólares de la comunidad internacional, otorgados en París en abril de 2018. Con ello, las últimas medidas, como una tarifa a productos del tabaco, no han servido para evitar que el pueblo libanés grite hoy "queremos la caída del régimen".

Con Reuters, EFE y AFP

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