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Los kurdos y Bashar al-Asad, una alianza desesperada tras un historial de traiciones

 Un niño se encuentra en un camión montado con un arma en la ciudad fronteriza de Tal Abyad el 17 de octubre en Siria.
Un niño se encuentra en un camión montado con un arma en la ciudad fronteriza de Tal Abyad el 17 de octubre en Siria. Khalil Ashawi / Reuters

Tras ocho años de guerra en Siria, el tablero de las alianzas ha dado un nuevo giro que tendrá repercusiones futuras, cuando se ponga fin al conflicto y se configure la reconstrucción del país.

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Abandonados por las tropas estadounidenses, luego que éstas se retiraran totalmente del territorio sirio, los kurdos se han visto forzados a buscar apoyo en el presidente sirio, Bashar al-Asad, para protegerse de la ofensiva ‘Fuente de Paz’ lanzada el 9 de octubre por Turquía en el noroeste de Siria.

El líder turco, Recep Tayyip Erdogan, pretende con dicha acción expulsar a las milicias kurdas Unidades de Protección del Pueblo (YPG), a quien considera como terroristas, e instaurar una “zona de seguridad” de 30 kilómetros al sur de la frontera.

El jueves 17 de octubre el líder turco se ha reunido con el vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, que ha anunciado el cese el fuego del Ejército turco durante 120 horas en las que Estados Unidos facilitará una salida de las Unidades de Protección Popular (YPG), milicia armada kurda, de la zona de seguridad trazada por Turquía.

El reciente acuerdo entre Washington y Ankara supondría una rendición de las fuerzas kurdas, queda por ver si realmente se cumplen estas promesas que se temen como papel mojado.

Alivio e incertidumbre

Mazloum Abdi, Comandante de las Fuerzas Democráticas de Siria (FDS) escribió un artículo en la revista Foreign Policy en la que relata los motivos por los que las milicias kurdas han buscado la alianza con Damasco: “Si tenemos que elegir entre el compromiso y el genocidio, elegiremos a nuestro pueblo”. Pese a que esta decisión fue celebrada entre una gran multitud de kurdos que viven en la región atacada por Turquía, hay un dicho popular entre la población kurda que reza “los kurdos no tienen amigos más que las montañas” que resume la incredulidad tras este tipo de pactos.

Banderas de Siria y Rusia, país que respalda a las fuerzas armadas de Bashar Al Assad, ondean sobre vehículos militares, en Manbij, norte de Siria, el 15 de octubre de 2019.
Banderas de Siria y Rusia, país que respalda a las fuerzas armadas de Bashar Al Assad, ondean sobre vehículos militares, en Manbij, norte de Siria, el 15 de octubre de 2019. REUTERS/Omar Sanadiki

Pese a esto, no es la primera vez que los kurdos de Siria llegan a un acuerdo con el Gobierno central de Damasco. La historia de idas y venidas entre los líderes kurdos y la familia al-Asad se remonta a los años ochenta.

“La relación con el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) y las organizaciones políticas que están bajo su paraguas, como sería el Partido de la Unión Democrática (PYD), durante la época de Hafez al-Asad (presidente de Siria desde 1971 al 2000 y padre del actual líder sirio) fueron coyunturales durante buena parte de los años ochenta y la totalidad de los noventa. Turquía era enemiga de Siria por lo que le beneficiaba tener en la retaguardia al PKK, que lucha desde 1984 de forma armada contra Turquía”, explica a France 24 David Meseguer, periodista español y coautor de ‘Respirando fuego’, un libro sobre el conflicto kurdo escrito junto al periodista Karlos Zurutuza.

Es en el año 2000 que Bashar al-Asad tomó el relevo de su padre en el Gobierno sirio y se comienza a tensar la relación entre los kurdos del norte de Siria y el líder. El oftalmólogo puso en marcha una serie de reformas conocidas como La Primavera de Damasco y comienza un acercamiento con el Gobierno de Ankara, quien puso como condición a dicho acercamiento la expulsión del PKK de Siria. “Bashar lidera una oleada de represión contra el movimiento kurdo.

Es decir, la lengua kurda no se puede estudiar en las escuelas ni hablar en público, se prohíbe el derecho de reunión y los partidos políticos. Se viven momentos de represión muy duros para la población kurda. Se persiguen, encarcelan y torturan a activistas y políticos kurdos. En este contexto, en el 2003 se crea en la clandestinidad el PYD”, continúa Meseguer.

Debido en parte a esta desconfianza los kurdos no toman parte al inicio de la guerra en Siria en el año 2011. Sin embargo, el PYD aprovechó la ocasión que les brindó la rebelión contra el Gobierno de Damasco (quien en el 2012 está perdiendo mucho terreno a nivel militar) y la retirada de las tropas de al-Asad de Rojava o el Kurdistán sirio, para iniciar su proyecto multiétnico y multiconfesional de autonomía regional.

“No es que al-Asad permita a los kurdos crear su Auto-Federación Democrática, sino que son los kurdos quienes aprovechan la oportunidad durante el verano del 2012. Rojava no era realmente una concesión”, relata el periodista español.

El apoyo de Damasco a las milicias kurdas supone también un nuevo episodio en sus relaciones con Ankara que han atravesado por diferentes etapas desde el inicio de la guerra. “En un primer momento, Erdogan apostó todas sus cartas a la caída de Bashar al-Asad y, en consecuencia, apoyó a una pléyade de grupos opositores, entre ellos varios de orientación islamista-yihadista.

No obstante, la intervención rusa cambió las tornas y evidenció que al-Asad se mantendría en el poder. A partir del 2015, Erdogan empieza a aproximarse al bando ganador por medio de su acercamiento a Rusia e Irán. Ha pasado de reclamar la caída de al-Asad en el pasado, a contentarse con desarmar a las milicias kurdas de las YPG y alejarlas de la línea fronteriza”, explica a France 24 Ignacio Álvarez-Ossorio, profesor de Estudios Árabes e Islámicos.

Nuevos pasos hacia el fin de la guerra

Es importante tener en cuenta que al-Asad ha repetido en diferentes entrevistas que la guerra siria solo finalizará cuando su Gobierno tenga el control total de todo el territorio sirio. Lo que crea más incertidumbre en torno a la alianza con las milicias kurdas anunciada el 15 de octubre y el futuro del proyecto de autogobierno de Rojava.

Un soldado de EE. UU. Supervisa a miembros de las Fuerzas Democráticas Sirias, mientras derriban una fortificación YPG y levantan una bandera del Consejo Militar Tal Abyad sobre el puesto avanzado como parte del acuerdo de zona de mecanismo de seguridad, en Siria el 21
Un soldado de EE. UU. Supervisa a miembros de las Fuerzas Democráticas Sirias, mientras derriban una fortificación YPG y levantan una bandera del Consejo Militar Tal Abyad sobre el puesto avanzado como parte del acuerdo de zona de mecanismo de seguridad, en Siria el 21 Andrew Goedl/via REUTERS

El acuerdo implica que el Ejército de al-Asad vuelva a tener presencia en las regiones del noroeste del país (donde apenas había presencia del régimen desde el 2012) y todo ello sin haber tenido que hacer uso de la fuerza. El pacto supone un cambio drástico en el curso de la guerra. Gracias a este acuerdo el régimen recupera los territorios en manos de las milicias kurdas. En total más del 20 % del territorio, incluidos pozos de petróleo y gas, y algunas de las tierras más fértiles del país.

Además, "logra que las YPG vuelvan al redil y acepten el marco actual de un Estado autoritario centralizado, lo que en cierta manera implica renunciar a su proyecto de Estado democrático federal”, añade Álvarez-Ossorio.

¿Estaría entonces al-Asad más cerca de alzarse como vencedor de la guerra en Siria? “Aunque la guerra no haya terminado, está claro que el régimen se ha impuesto en el terreno de batalla gracias al apoyo incondicional que le ha prestado Vladimir Putin, presidente de Rusia. Rusia sale muy reforzada no solo en la escena siria, sino también en el conjunto de Oriente Medio. Frente a una administración Trump caracterizada por sus bandazos y su falta de coherencia, Putin se presenta como un aliado fiable que no abandona a sus aliados locales. Este mensaje podría ser comprado por Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos, países que se están aproximando a Moscú tal y como prueba, el reciente viaje de Putin, y que en los próximos meses podrían intensificar la compra de armamento ruso como muestra de dicho acercamiento”.

En cuanto al futuro de la autonomía kurda, Álvarez-Ossorio, explica que dependerá de la voluntad política del Gobierno sirio y de Rusia, quién cambió las tornas “y evidenció que al-Asad se mantendría en el poder”.

El analista y especialista en el conflicto sirio cree que al-Asad "mantendrá en un primer momento la Federación Democrática del Norte, ya que para el líder sirio es prioritario concentrarse en acabar con el último foco de resistencia: Idlib, que continúa en manos del grupo yihadista Frente al-Nusra y otros grupos armados.”

Según Álvarez-Ossorio, en el caso de que Damasco capture este último feudo rebelde, entonces tendría que retomar el control del Rojava kurdo, “en todo caso, creo que, hoy por hoy, no es una prioridad mientras se mantenga la calma y las YPG garanticen la seguridad, dado que el Ejército del régimen está diezmado y carece de los suficientes efectivos para reemplazar a las milicias kurdas”, concluye.

El futuro de la comunidad kurda en Siria parece incierto, pero si al-Asad recupera el control total del norte de Siria podría deslumbrarse el final de un conflicto en el que la población civil ha sido la mayor damnificada y masacrada, especialmente por su propio Gobierno que ha ganado con sus últimas acciones la batalla por la relegitimación.

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