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La vida de pobreza y desánimo de los pequeños cultivadores de cacao marfileños

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Sinfra (Costa de Marfil) (AFP)

"¡No quiero que mis hijos sean plantadores, porque sufrimos, no ganamos nada!", exclama Raphaël Kouame, cuando comienza la cosecha en Costa de Marfil, que suministra el 40% del cacao mundial.

Junto con Ghana --segundo productor mundial con el 20% del mercado-- Costa de Marfil se propone mejorar la vida de los cultivadores de cacao, más de la mitad de los cuales vive por debajo del umbral de pobreza, según un estudio del Banco Mundial. Se debe a los precios bajos en los mercados internacionales y, sobre todo, a que los agricultores del sector del cacao-chocolate acaban percibiendo una parte mínima del valor agregado.

Los cultivadores no se creen los discursos oficiales.

La aldea de Petit Yaoukro (centro) es el vivo retrato de la vida rural en Costa de Marfil. Son unas cuantas casas de banco (construcciones con tierra cruda), otras de bloques de hormigón, rodeadas de plantaciones. Una pista anegada por el agua de las abundantes lluvias, lleva a la ciudad de Sinfra, a unos 15 km. No hay agua corriente ni electricidad.

Aquí estamos lejos de las negociaciones internacionales entre Estados productores, consumidores y multinacionales que alumbraron en septiembre, durante el Consejo Internacional de Cacao de Abiyán, "una estrategia a cinco años" para "aumentar los ingresos de los plantadores" y mejorar "la sosteniblidad ambiental" del cultivo.

- Un colegio para los niños -

El "oro marrón" enriquece sobre todo a los industriales de los países occidentales que lo transforman en tabletas, barras, galletas y pasteles, pero poco a quienes lo cultivan. De los 100.000 millones de dólares generados cada año en el mundo por el sector del chocolate y el cacao, sólo 6.000 millones llegan a los agricultores, según el Banco Mundial.

El cacao es, sin embargo, un pilar de la economía marfileña. Su cultivo permite vivir a entre cinco y seis millones de personas, o sea la quinta parte de la población. Representa un tercio de las exportaciones y el 14% del PIB, según el Banco Mundial.

Desde octubre el gobierno fijó el precio de venta del kilo de granos en 825 francos CFA (1,25 euro, 1,40 dólares), o sea el 10% más que la temporada anterior, pero mucho menos que los 1.100 FCFA de hace tres años.

Los campesinos de Petit Yaoukro, donde viven nueve familias (unas 100 personas) lo consideran insuficiente.

"Esperábamos que fuese 1.000", protesta Mikalo Bigoli. Con sus tres hectáreas de plantación cosecha unas tres toneladas de cacao por año.

"Logramos vivir pero tenemos muchos gastos con los fertilizantes y los productos", explica Mikalo Bigoli. "El colegio ha comenzado pero algunos niños siguen en la aldea, no tenemos bastante dinero para inscribirlos", lamenta este padre de ocho hijos.

"Actualmente nuestros hijos caminan 14 km diarios para ir y volver del colegio. Están demasiado cansados para estudiar", explica Raphaël Kouame, con seis hijos. Él quiere una escuela en el pueblo.

- La amenaza del swollen shoot -

En los campos, bajo la sombra de los árboles de cacao de dos a cuatro metros de altura, con sus hojas de tonalidades entre el verde intenso y el rojo parduzco, los hombres se afanan en este comienzo de temporada. Sacan los frutos secos o podridos, podan los que no sirven y siegan el herbaje.

Comienzan a cosechar las vainas de cacao maduras, de un color amarillo rojizo.

La cosecha de Salam Sawadogo se ha reducido en dos años de una tonelada a 300 kg. El culpable es el swollen shoot, un virus que diezma las plantaciones en Ghana y Costa de Marfil. No hay tratamiento. La única solución es talar los árboles para evitar la propagación. El Estado indemniza a los campesinos con 50.000 francos CFA (75 euros, 83 dólares) por hectárea.

Para salir adelante, los cultivadores se ven obligados a diversificar la producción cultivando maíz, ñame, yuca y maní.

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