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Cultura

El retorno de María Antonieta: de reina odiada por "traidora" a ícono moderno y pop

Hace 226 años, la guillotina dejó sin cabeza a la reina de Francia y archiduquesa de Austria. En vida se la trató de soberana inmoral, caprichosa y promiscua, pero hoy una exposición en París, en la cárcel donde fue encerrada, revisa su figura y muestra cuánto ha evolucionado en la cultura. Repudio en el pasado, ejemplo de influencia en nuestro presente. Georges Brassens, Maléfica y los nuevos discos de Flavia Coelho, Estopa y Roberto Fonseca completan esta crónica.

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Cuando una mariposa todavía es una larva su belleza no es siquiera considerada. Algo similar le ocurrió a María Antonieta (1755-1793) cuando a la par de reina consorte de Francia la llamaban "Madame Déficit" o "l'autre chienne", "la otra perra", en un juego fonético y de palabras sobre su procedencia "autrichienne", es decir, austríaca, y su unión con el rey Luis XVI.

Si en vida la soberana solo llegó a ser oruga es porque su figura estuvo llena de apelativos, mitos que rozaron la verdad, y otros que directamente fueron inventados. Para el pueblo francés, María Antonieta era frívola, egoísta y caprichosa, una inconsciente de la desigualdad que padecían las personas, y que vivía despilfarrando ropas y zapatos, empolvando sus pelucas en harina pese a que muchos no tenían qué comer. En esa línea de excesos, se la trató de promiscua, con una pornografía que la mostraba acostándose con numerosos hombres y mujeres de la corte.

Lo más cerca de la realidad es que la reina siempre creyó en la superioridad de la monarquía, pero ni causó los problemas económicos de Francia (cuando llegó al trono el país ya estaba en bancarrota), ni tuvo decenas de amantes, de hecho solo hay evidencias de uno, el cual se cree que quedó en un mero amor platónico, mientras que tardó siete años en mantener relaciones con el rey, debido a que este padecía una fimosis. Sin embargo, esa no es la imagen que ha entregado la historia, ni la imagen que se tenía en 1973 cuando la guillotina le cortó la cabeza. Así murió con la condena de "alta traición" a los franceses, quienes la despidieron con insultos y escupitajos.

Hoy una exposición en París, 226 años después de su ejecución, relee su poliédrica fama y le da contexto a una imagen que ha tardado tres siglos en cambiar y en convertirse mariposa. Porque si Stefan Zweig, su mayor biógrafo, llegó a decir que fue alguien "ni demasiado inteligente ni demasiado necia, sin especial tendencia hacia el bien y sin la menor inclinación hacia el mal", hoy es un ícono pop, más cerca del arte, la moda y la libertad, que del repudio y frustración de antaño.

La paradoja es que es en la Conciergerie, el palacio hecho cárcel y tribunal de la Revolución, su celda y corredor de la muerte durante diez semanas, donde está teniendo lugar esta revisión, con 200 obras y objetos que van del siglo XVIII a nuevas representaciones artísticas. Ya no solo "niña rica" y extranjera derrochadora, sino también madre y mujer moderna y autónoma, inspiración de otras como Lady Di, Madonna, Kate Moss y más recientemente Camila Cabello.

Un emblema popular que se nos muestra primero con objetos fetiches de su estancia en prisión, como su camisón o la última carta que escribió, dirigida a su hermana y en la que pedía perdón por todos los males que hubiera podido causar; a lo que siguen 20 acontecimientos de su vida, como por ejemplo su funeral oficial de 1814, y otros símbolos como sus pelucas, sus vestidos e incluso su cabeza cortada. Porque en esa dualidad odio-amor la reina se hizo famosa por su lujo, referencia publicitaria y artística, pero en realidad le gustaba tanto vestir informalmente que puso de moda un vestido blanco, que de tan barato se transformó en el uniforme de las mujeres de la Revolución.

La polémica imagen de María Antonieta, la reina que acabó decapitada por la Revolución Francesa, se ha convertido con el tiempo en un icono cultural despolitizado, como recuerda una exposición en la Conciergerie de París, donde vivió encerrada sus últimos días.
La polémica imagen de María Antonieta, la reina que acabó decapitada por la Revolución Francesa, se ha convertido con el tiempo en un icono cultural despolitizado, como recuerda una exposición en la Conciergerie de París, donde vivió encerrada sus últimos días. Paula Bayarte / EFE

Estos tres ejes se complementan con imágenes heterogéneas de la reina y con todo un abanico de obras actuales como la serie manga 'La rosa de Versalles' de la autora japonesa Riyoko Ikeda, la biografía de la historiadora anglo-irlandesa Antonia Fraser o la cinta de Sofía Coppola, basada en estas anteriores memorias. La historia de Ikeda data de 1972 y ya entonces fue un fenómeno para las japonesas, que vieron en María Antonieta un símbolo de mujer perseguida.

Aunque no hace falta acercase tanto a la actualidad. Diez años antes de su muerte, la pintora francesa Elisabeth Vigée Le Brun la retrató con sensibilidad, manifestando su gusto por la belleza, frente a las tradiciones de la monarquía de Versalles. Un estatus que la llevó a ser la reina más odiada, alguien a quien culpar y sobre quien recrear rumores de gasto y cama, base de la Revolución, pero que como sostiene National Geographic no dejó de ser un "chivo expiatorio", muchas veces incomprendido.

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