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Serie Argentina

El desafío de la feminización de la pobreza en medio de la crisis argentina (4/5)

Ruth Beltrán, colaboradora de un comedor comunitario en Villa Las Antenas, provincia de Buenos Aires.
Ruth Beltrán, colaboradora de un comedor comunitario en Villa Las Antenas, provincia de Buenos Aires. France 24

Siete de cada diez personas del grupo poblacional de menores ingresos de Argentina son mujeres. Los efectos de esta estadística se profundizan con la crisis y revertirlos será un desafío para quien asuma la Presidencia en diciembre de 2019.

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En un día lluvioso y frío de una primavera esquiva, en Villa Las Antenas, un barrio humilde del conurbano de Buenos Aires. En su casa, en una esquina de calles embarradas con una pila de basura en uno de los cruces de las vías, Ruth Beltrán prepara junto con otras pocas mujeres comida, un guiso, para sus seis hijos, los de sus compañeras y los hijos de sus vecinos.

"Este es el momento más difícil para mí, porque me hacen llorar las cebollas. No sabés si llorás por las cebollas o...", dice, sin necesidad de completar los puntos suspensivos, mientras las pica.

Entre todas estas mujeres organizaron un comedor y merendero hace unos meses. Decidieron hacerlo por el impacto de la crisis económica, que llevó a la pobreza en el país al 35,4% en el primer semestre de 2019 y a la desocupación a trepar por encima del 10%.

"Nosotras nos tiramos a hacer esto porque vimos la necesidad, de los chicos, los vecinitos, los de alrededor, que ahora sí se ve bastante, que antes no se veía", le dice a France 24 en Español. "Vimos la necesidad, que las madres no podían, y nos pusimos una, dos, tres, cuatro a hablar entre nosotras y llegamos a la conclusión de poder hacer esto".

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Todos los días de la semana decenas de chicos comen allí, algunos el único plato que tendrán en el día, con alimentos que les entrega el movimiento social Barrios de Pie, que fue uno de los que presionó semanas atrás para que el Gobierno declarara la emergencia alimentaria en el país.

Casi siempre son mujeres las que llevan adelante este tipo de iniciativas.

Y no es casual, porque son ellas las que tienden a hacerse cargo del cuidado de la familia, de los hijos, del hogar.

Eso pone un peso enorme sobre sus hombros, que también explica sus dificultades la hora de conseguir empleo y equipararse en ingresos con los varones.

"Las mujeres tienen los sueldos promedio más bajos y las tasas de no registro más altas de toda la economía"

"Las mujeres ganan menos en el mercado de trabajo, pero también les cuesta más conseguir un trabajo y los trabajos que consiguen son peor remunerados", le dice a France 24 en Español Candelaria Botto, que pertenece a la asociación civil Economía Feminista.

Entre esos empleos están, por ejemplo, el trabajo doméstico, en el que se encuentran casi un quinto del total de las trabajadoras de Argentina, agrega Botto.

Así, por un lado, está la brecha salarial entre hombre y mujeres (27% en el empleo formal y 37% en el informal), pero también una tasa de desempleo más alta (en un contexto de incremento del desempleo en el país) y mayor informalidad laboral.

"Todo eso", dice Botto, "redunda en lo que se ve en la feminización de la pobreza, que es esta sobrerepresentación femenina en los grupos poblacionales de menores ingresos".

Y durante las crisis, agrega, son las primeras en ser despedidas y las que más sufren la caída del poder adquisitivo, algo muy patente en un contexto como el actual en este país, con una inflación del 53,5% entre septiembre de 2018 y el mismo mes de 2019, según cifras oficiales.

"Dejé de comprarme yo, porque yo tengo seis chicos y tengo que pensar en ellos"

Ruth Beltrán conoce de primera mano el ser rechazada de un trabajo industrial por simple cuestión de género. Se lo dijeron en una fábrica, recientemente: "Que no estaba en condiciones por ser mujer, que era un trabajo para hombres; pero yo creo que no es así, porque nosotros estamos aptas para todo".

Así que esa posibilidad de generar un ingreso sostenido (su marido está desempleado también) quedó en la nada por ahora.

Ruth Beltrán, como suele ocurrir con las mujeres de hogares pobres, termina siempre relegando sus necesidades, para privilegiar las de la familia.

"Me gustó un pantalón, pero no, dejé de comprarme yo, porque yo tengo seis chicos y tengo que pensar en ellos; y la casa; y el plato de comida es día a día", dice.

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No son solo los bienes materiales, es el tiempo también: "El único momento que tengo tranquilo para descansar es en la noche, cuando me voy a acostar, a mirar la tele y estar tranquila un rato".

La situación de millones de mujeres como Ruth Beltrán se convertirá en un desafío enorme para quien asuma la Presidencia tras las elecciones del 27 de octubre. Porque, además, de ellas no depende solo su bienestar, sino que suelen ser el último sostén de toda una estructura familiar.

Para empezar a resolverla, dice Candelaria Botto, el Estado debe avanzar en "hacerse cargo de esas tareas de cuidado que recaen sistemáticamente en las mujeres: jardines materno-paternales en las empresas, de guarderías para los niños, para las personas enfermas, para los adultos mayores, todas estas tareas de las que si no se ocupa el Estado recaen en las mujeres y repercuten en la cantidad de horas que tenemos para dedicar al mercado de trabajo remunerado".

Eso a nivel general, pero en lo particular también un avance sería que en los hogares se distribuya más equitativamente entre hombres y mujeres las tareas domésticas.

¿Cuán probable lo ve Ruth Beltrán en su casa? Ríe: "Un 5 por ciento".

Sin embargo, se preocupa por que sus hijas completen los estudios y, como las otras mujeres del comedor, abriga la esperanza de que cuando crezcan las cosas para ellas sean diferentes.

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