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Dos Bolivias se enfrentan en la calle en "defensa de la democracia"

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Santa Cruz de la Sierra (Bolivia) (AFP)

"Bolivia no es Venezuela". El graffiti fue escrito en un muro de Santa Cruz, bastión de la oposición boliviana, por jóvenes que protestaban el miércoles contra el "fraude" en las elecciones en un vecindario controlado por partidarios del presidente Evo Morales.

La provocación no surte efecto. Los habitantes de este sector llamado 'Ciudadela Plan 3.000', están congregados bajo el calor de la ciudad más grande del país coreando "¡Evo, amigo, el pueblo está contigo!".

De repente, comienzan violentos enfrentamientos entre los dos bandos. Dejan dos heridos, alcanzados por pedradas o golpeados por la multitud, constata un periodista de la AFP.

"Necesitamos tener democracia y libertad, no un gobierno dictador, que uno no puede hablar, no puede decir las cosas porque ya nos meten presos. Queremos libertad para toda Bolivia", vocifera Sofía Chávez, una empleada doméstica de 39 años.

La tensión se concentra en esta región del este del país, bastión de la oposición y locomotora económica, situada en fértiles llanuras con clima tropical, donde granjas y campos petroleros dan forma al paisaje.

Éste fue el punto de partida el martes de un paro general convocado por el influyente Comité Pro-Santa Cruz, una organización conservadora de la sociedad civil, en protesta por cómo se ha hecho el escrutinio de los votos del domingo que, temen, podría dar la reelección a Morales en primera vuelta frente al expresidente Carlos Mesa.

Otros grupos similares existen en otras partes de Bolivia, donde el paro es acatado en mayor o menor medida.

A principios de octubre, estos comités se abocaron a organizar gigantescos "cabildos", o asambleas populares, estructuradas masivamente en varias ciudades, para protestar contra la candidatura de Morales en las elecciones presidenciales, provocando la inquietud de las autoridades a días de las elecciones, celebradas este domingo.

Los cabildos llamaron a dar un "voto de castigo" a Morales "por no haber respetado los anhelos de los bolivianos el '21-F'", en alusión al referéndum del 21 de febrero de 2016 que le dijo "no" a un nuevo mandato. Las asambleas llamaron además a la "resistencia civil y rebelión" en caso de el mandatario indígena sea reelegido.

"Cuando la Constitución le dice, 'usted, Evo Morales, nunca debió estar en esa papeleta', es él que está haciendo un golpe a la democracia y eso tiene que quedar claro", dice el ingeniero José Antonio Arnez, de 59 años.

- No hay vuelta al pasado -

Desde las elecciones y su cuestionada contabilización de votos, el país está sacudido por las manifestaciones.

Después de las primeras cifras parciales que el domingo en la noche insinuaban la necesidad de una inédita segunda vuelta, los nuevos resultados publicados el lunes por la autoridad electoral dieron prácticamente la victoria al presidente saliente, lo que levantó sospechas de fraude en la oposición y los observadores internacionales.

"Nosotros como bolivianos estamos apostando a la democracia, al voto, a la voluntad popular. Y nuevamente Evo Morales nos está quebrantando esta voluntad popular", declara Marcelo Castellano, constructor de 59 años.

Por su parte, el presidente Morales denunció un "golpe de Estado" tramado por la derecha, a la que acusó de causar disturbios para presionar a las autoridades electorales.

Los partidarios de ambos bandos, que llamaron a la movilización para "defender la democracia", están en las calles.

En Santa Cruz, la corte electoral departamental, símbolo del Estado que fue incendiado en la noche, sigue humeando.

Los manifestantes bloquean varias arterias de la ciudad con neumáticos, camiones, automóviles y rocas. Muchos llevan la bandera verde y blanca de Santa Cruz y dejan pasar las ambulancias.

Algunos han colocado mesas con sillas en el medio de la ruta con comida y bebidas frías para alimentarse.

Casi al mismo tiempo en La Paz, varios miles de mineros, indígenas y trabajadores se congregaba en la Plaza de San Francisco, con una iglesia colonial y las montañas al fondo.

Este mitin es una muestra de fuerza. En medio de petardos y discursos, agitaban 'wifalas' multicolores, la bandera de las etnias de los Andes, y pancartas que decían "Evo 2020-2025".

"Mesa no es para nosotros. No vamos a dejar, somos la mayoría (...) Ellos dicen 'fraude', pero ellos son racistas, son discriminadores. Antes, a las hermanas de las polleras jamás nos hacían entrar a las oficinas, pero hoy, gracias al hermano Evo, estamos presentes, dice Justina Loza, de 43 años, con un sombrero y pesada falda tradicional.

"No queremos regresar al pasado".

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