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La antigua Cortina de Hierro de Alemania se viste de verde

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Salzwedel (Alemania) (AFP)

Olaf Olejnik patrullaba hace 30 años la frontera ultrafortificada que debía disuadir a los alemanes orientales de pasar al oeste y ser libres. Hoy, con 50 años, recorre esa zona pero ya no como soldado de la antigua dictadura comunista sino como ornitólogo atento a la fauna y la flora.

La frontera de 1.390 km entre las dos Alemanias, cubierta de alambre de púas, minada y vigilada por soldados que debían disparar para matar, se ha convertido, en gran parte, en un paraíso natural donde conviven más de 1.200 especies en peligro de extinción.

- Línea de vida -

"La zona de muerte se convirtió en línea de vida", explica a la AFP Olejnik, a pocos metros de una torre desde la que a veces hacía guardia durante su servicio militar, pero sin haber disparado ni una sola bala.

Alarmado por el éxodo creciente de alemanes del este hacia la RFA, el régimen comunista de la RDA comenzó en 1952 a construir barreras para retener a su población.

Se excavó una zanja a lo largo de la frontera para impedir que los vehículos se desplazaran a toda velocidad hacia el oeste, y se delimitó una franja de protección de unos 500 metros de ancho.

Otra zona, de 5 km de ancho, sólo era accesible a las personas consideradas leales al régimen. Se instalaron alambres de púas, que fueron sustituidos luego por alambrados y sistemas de señalización electrónica.

En total, según un estudio oficial, 327 personas perdieron la vida en esta frontera entre las dos Alemanias. Cifra que las asociaciones de víctimas juzgan inferior a la realidad.

Con el tiempo, esta franja, que se extendía desde la frontera checa hasta el Mar Báltico, se volvió en tierra de nadie permitiendo que la naturaleza creciera en ella.

"La región se convirtió en un espacio de vida de gran calidad para la fauna y la flora", estima Dieter Leupold que, al igual que Olejnik, trabaja para el grupo BUND, encargado del proyecto "Cinturón Verde".

- Especies raras -

Los ornitólogos de Alemania occidental fueron los primeros en apreciar el interés ambiental de la frontera. "Desde los años 70, hemos observado desde el oeste, a través de nuestros prismáticos, el valor excepcional del Cinturón Verde", recuerda Kai Frobel, uno de los fundadores de la zona natural.

Aparecieron especies raras de aves, lo que también atrajo la atención de otros apasionados de la RDA como Olejnik.

Un mes después de la caída del Muro, en noviembre de 1989, "en un encuentro entre ecologistas del este y del oeste, se aprobó una resolución para proteger el Cinturón Verde como línea de vida", explica Leupold.

BUND convenció a las autoridades de que, para garantizar su conservación, le confiaran las tierras no reclamadas por los propietarios después de la reunificación, es decir, aproximadamente la mitad de la antigua zona fronteriza.

El grupo BUND compró también a sus propietarios otras parcelas, gastando un total de 5 millones de euros (5,6 millones de dólares) para adquirir 900 hectáreas.

Este proyecto atrajo la atención de Corea del Sur, que envió delegaciones con la esperanza de reproducir la experiencia algún día en la zona desmilitarizada (DMZ) que la separa de Corea del Norte.

Un día húmedo de octubre, justo antes del amanecer, el sonido de los gansos salvajes resuena en el bosque. Un ciervo pasta pacíficamente mientras un zorro pasa a pocos metros de una grúa. "Esta zona se ha convertido en un refugio", señala Leupold.

- Patrimonio nacional -

Sin embargo, BUND todavía tiene trabajo por hacer. El 12% de la superficie de la zona sigue sometida a la agricultura intensiva o se utiliza como carretera. Y es cada vez más difícil convencer a los agricultores que vendan, ya que algunos propietarios exigen a cambio parcelas en otros lugares.

BUND espera ahora que el parlamento de Sajonia Anhalt clasifique a finales de octubre a la región como zona protegida, tal como lo hizo el año pasado Turingia.

Ello daría al BUND recursos financieros y humanos adicionales para dar a conocer el proyecto y poder inscribirlo como patrimonio nacional.

La historia de esta frontera aún no está totalmente escrita. ¿Cuántos habitantes debieron mudarse? ¿Cuántas personas murieron en total? Los restos de la frontera, como las torres de vigilancia, los búnkeres o las cercas, también requieren atención y mantenimiento.

"Un historiador dijo una vez que hay que esperar al menos 30 años antes de que los historiadores se apoderen de un tema. Espero que hoy sea el momento", comenta Leupold.

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