Conflicto sirio

En Siria, los civiles kurdos quedaron abandonados a su suerte

Familias desplazadas, que huyeron de la violencia después de la ofensiva turca en Siria, en un autobús camino a un campo de refugiados en Bardarash, en las afueras de Dohuk, Irak, el 25 de octubre de 2019.
Familias desplazadas, que huyeron de la violencia después de la ofensiva turca en Siria, en un autobús camino a un campo de refugiados en Bardarash, en las afueras de Dohuk, Irak, el 25 de octubre de 2019. Ari Jalal / Reuters

Al tiempo que se implementa el acuerdo pactado entre Rusia y Turquía, que permitió la instauración de un cese el fuego en el norte de Siria, decenas de miles de civiles han sido desplazados y Ankara es acusado de “deportar” refugiados sirios.

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Llegaron los refuerzos. En el norte de Siria, unas 300 unidades adicionales de la policía militar rusa se ubicaron en las zonas fronterizas con Turquía con el fin de asegurar el retiro de las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), el grupo armado de la región semiautónoma del noreste del país, conocida como Rojava. A estos combatientes, se les otorgó 150 horas a partir del mediodía del miércoles 23 de octubre para abandonar una franja de 30 kilómetros en el marco del acuerdo alcanzado entre los mandatarios de Rusia y Turquía.

Un entendimiento bilateral que detuvo la ofensiva turca que había empezado dos semanas antes. Esta tercera incursión de Ankara en territorio sirio desde que estalló la guerra civil, en 2011, ha sido justificada por el presidente Recep Tayyip Erdogan quien asegura que necesita proteger a Turquía de la influencia de las milicias kurdas, que considera como “terroristas” y vinculadas a la acción guerrillera que el Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK) lidera en el sureste turco desde 1986.

Pero la intervención de Turquía cobró la vida de decenas de civiles que se vieron atrapados en el fuego cruzado y forzó desplazamientos masivos. Al 24 de octubre, según la Oficina de Coordinación Humanitaria de las Naciones Unidas en Siria, 139.265 personas, incluyendo 58.485 niños y 35.500 mujeres, fueron desplazados y más de 10.000 cruzaron irregularmente la frontera hacia Irak. En esta guerra sin fin, miles de ellos ya cargan consigo el peso de varios exilios.

Una gran presión sobre la población civil

"No entendemos por qué los turcos de meten con nosotros y buscan sacarnos de nuestra tierra”, dijo un desplazado kurdo a France 24, “esta región es nuestro honor, nuestra historia, nuestra existencia”. Este hombre que encontró refugio en una escuela de la ciudad de Kobane, donde ya patrullan militares rusos, se pregunta cuál ha sido el “crimen” cometido por su comunidad. “Tenemos al ejército sirio libre – los rebeldes apoyados por Ankara – al autodenominado Estado Islámico y a los turcos en contra de nosotros ¿Cómo vamos a terminar?”, deplora.

El abandono, es el sentimiento que ha dominado entre los kurdos luego de la decisión de Estados Unidos de retirar a los soldados que tenía desplegados en la zona. Los kurdos fueron la punta de lanza en la lucha contra el EI, apoyados en la experiencia y el poder de fuego de los FDS, y secundados por las tropas de Washington. La administración Trump anunció que unos pocos efectivos se quedarán, para vigilar los pozos petroleros.

En este nuevo escenario, Rusia se impuso como la potencia internacional más influyente en el conflicto sirio. Ha cobrado un rol importante como árbitro en múltiples frentes de esta guerra y como pilar que sostiene al Gobierno de Bashar Al-Asad. Los kurdos se vieron forzados a pactar con el gobierno de Damasco, siendo esta su última opción posible en medio de la inminente debacle. Un pacto que le permitió a Al-Asad regresar a zonas del norte de siria de las que se había replegado desde el 2012.

El presidente consolida así su discurso de una reconquista total del territorio sirio y lo materializa con ofensivas militares respaldadas por Moscú. En la región de Idlib, donde los sucesivos intentos de cese de hostilidades nunca se concretaron por completo, se reportaron nueve civiles muertos por las bombas de Damasco y su aliado.

Turquía acusada de “deportar” refugiados sirios

Erdogan, por su parte, que no reconoce la legitimidad de Al-Asad, vio como se materializaban sus principales exigencias tras haber lanzado su operación militar y haber alcanzado un pacto con Rusia.

Alejó a las fuerzas kurdas de su frontera a través de la creación de una "zona de seguridad" y ahora espera aplicar la segunda parte de su plan: la reubicación de una parte de los tres millones de refugiados sirios que acoge Turquía en su suelo. Lo que las autoridades del Rojava califican como una “limpieza étnica”, para Amnistía Internacional equivale a una serie de “deportaciones ilegales.”

“Turquía merece reconocimiento por acoger a más de 3,6 millones de mujeres, hombres, niños y niñas de Siria durante más de ocho años, pero esta generosidad no puede servirle de pretexto para deportar a personas a zonas de conflicto activo burlando el derecho nacional e internacional”, enfatizó la ONG.

En Bruselas, en la sede de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), reina el malestar. Los ministros de defensa de los países de la alianza militar, a la cual pertenece Turquía, no pudieron ponerse de acuerdo para condenar la operación militar de su aliado en Siria. El secretario general de la entidad, Jens Stoltenberg, reconoció “divisiones” entre los miembros. Estados Unidos y varios países de la Unión Europea criticaron el actuar de Ankara, pero no pudieron frenarlo, en el contexto de una evidente pérdida de influencia en esa región.

Con Reuters y EFE

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