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El aterrador ascenso de Baghdadi, de estudiante obsesionado con el fútbol a un autodenominado califa

Abu Bakr al-Baghdadi pronuncia un discurso en la Gran Mezquita al-Nuri en junio de 2014.
Abu Bakr al-Baghdadi pronuncia un discurso en la Gran Mezquita al-Nuri en junio de 2014. Captura de pantalla de video / vía Reuters

El hombre que el mundo conoció como Abu Bakr al-Baghdadi aprovechó el conflicto, y la mala gestión en su Irak natal para pasar, de prisionero de bajo nivel en EE. UU., a uno de los dirigentes terroristas más peligrosos del mundo.

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El 4 de febrero de 2004 las fuerzas estadounidenses en Irak detuvieron a un hombre que estaba visitando a un conocido agente de Al Qaeda en la ciudad de Fallujah, en el centro de Irak. La región del "triángulo sunita" de Irak en ese momento estaba repleta de yihadistas y ex baazistas que luchaban contra las tropas estadounidenses en suelo iraquí. Oficiales de inteligencia del Ejército de EE. UU. en el terreno tenían una extensa lista de hombres buscados. Pero el hombre detenido era un desconocido en ese momento para los militares estadounidenses.

Una fotografía del detenido, tomada el día que fue arrestado, mostraba el rostro sudoroso de un hombre barbudo con cejas gruesas, ojos oscuros y nariz prominente.

Su nombre era Ibrahim Awad Ibrahim al-Badri y su ocupación civil en el registro personal de detenidos fue señalada como "trabajo administrativo (secretario)". Esta vez, la foto policial en el formulario presentaba al prisionero con gafas de montura plateada, lo que atenuaba su mirada melancólica. Su número de serie como prisionera figuraba como: US9IZ-157911CI.

Foto de registro personal de detenidos de Estados Unidos, perteneciente a Abu Bakr al-Baghdadi.
Foto de registro personal de detenidos de Estados Unidos, perteneciente a Abu Bakr al-Baghdadi. Archivo-Oficina de Seguridad Diplomática del Departamento de Estado de EE. UU. y el Ministerio del Interior iraquí

Estas fueron pruebas útiles en los años siguientes, cuando el hombre de ojos oscuros ascendió de rango yihadista, para convertirse en uno de los hombres más buscados del mundo, un escurridizo dirigente de un grupo terrorista que llevó a cabo ataques mortíferos en Medio Oriente, Europa, África y el sur de Asia

En el camino, el exdetenido asumió, o le fueron otorgados, muchos alias, nombres de guerra y títulos.

Oficina de Seguridad Diplomática del Departamento de Estado de EE. UU. y el Ministerio del Interior iraquí.
Oficina de Seguridad Diplomática del Departamento de Estado de EE. UU. y el Ministerio del Interior iraquí. Archivo-AFP

Para el momento de su muerte, durante una redada de las fuerzas especiales de Estados Unidos, en la provincia de Idlib en Siria, el líder yihadista era conocido en todo el mundo como Abu Bakr al-Baghdadi.

Para sus seguidores, Baghdadi era un "califa", un título que se confirió a sí mismo una década después de su arresto en Fallujah. Un fatídico día de junio de 2014, cuando Baghdadi entró a la Gran Mezquita de al-Nuri en la ciudad iraquí de Mosul y se declaró a sí mismo el líder espiritual de los musulmanes.

El hombre con las cejas gruesas lucía muy diferente al que aparecía en la imagen de registro personal de detenidos de Estados Unidos. La barba era más larga y con algunas canas, el atuendo era extravagante y totalmente negro, con una túnica amplia y turbante.

Fotografía que pertenecería al dirigente del autodenominado Estado Islámico, Abu Bakr al-Baghdadi, tomada de una grabación de video, publicada en internet, el 5 de julio de 2014.
Fotografía que pertenecería al dirigente del autodenominado Estado Islámico, Abu Bakr al-Baghdadi, tomada de una grabación de video, publicada en internet, el 5 de julio de 2014. Archivo-Captura de video/vía Reuters

Cinco años más tarde, la grandiosidad y la admiración de sus seguidores se redujeron a medida que el hombre, que se proclamó a sí mismo califa, fue atrapado una vez por el Ejército estadounidense. Esta vez no lo dejarían ir.

Al anunciar su muerte este domingo 27 de octubre, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dijo que, en sus últimos momentos de vida, Baghdadi, el dirigente terrorista, estuvo lleno de miedo: "gimiendo y llorando" antes de morir como "un cobarde, corriendo".

Fue un final de descrédito, pero de cierta forma predecible para un hombre que comenzó su vida inmersa en estudios religiosos antes de desviarse hacia la violenta yihad y que esta se convirtiera en una amenaza global mortal.

Un estudiante de estudios islámicos obsesionado con el fútbol

Baghdadi nació en 1971, en el centro de la ciudad iraquí de Samarra y en el seno de una familia profundamente religiosa. Se dice que su padre tomó un papel activo en la vida religiosa de la comunidad, enseñando recitación del Corán a los niños. El nombre de la familia sugiere que provenían de la tribu Al-Bu Badri, aunque Baghdadi luego afirmaría que procedía de la tribu Quraysh del profeta Mahoma.

Se graduó de la secundaria de Samarra, en 1991, y comenzó sus años universitarios después de la primera Guerra del Golfo, cuando el entonces gobernante de Irak, Saddam Hussein, intentaba pulir sus credenciales religiosas promoviendo y financiando estudios y predicadores islámicos.

En la universidad de la capital del país, Bagdad, el joven que entonces era conocido como Ibrahim al-Badri, hizo su maestría en recitación del Corán, según William McCants, miembro del Centro Brookings para la Política de Medio Oriente, con sede en Washington DC y autor del libro 'El creyente'.

Los relatos de los primeros años de vida de Baghdadi son a menudo imprecisos y, a veces, contradictorios, resultado de fuentes que van desde "biógrafos" yihadistas que ofrecen información inexacta, hasta conocidos de la infancia reacios a hablar con periodistas e investigadores.

Pero la mayoría de las fuentes están de acuerdo en que Baghdadi era un entusiasta del fútbol. "Estaba obsesionado con marcar goles, se pondría nervioso si no lo hiciera", dijo un conocido del autoproclamado califa, del barrio Tobji, en el noroeste de Bagdad, donde vivía como estudiante universitario.

Un "Maradona" en los centros de detención

Como estudiante, Baghdadi se unió a la Hermandad Musulmana y fue en estos círculos donde el joven entró en contacto con combatientes islamistas que habían regresado de la yihad antisoviética en Afganistán.

Cuando Estados Unidos comenzó su operación militar en Irak en 2003, Baghdadi había establecido vínculos en los círculos salafistas. Durante la insurgencia sunita, estuvo involucrado en el grupo insurgente Jaysh al-Sunna w’al-Jamaah.

Pero cuando los oficiales militares estadounidenses lo arrestaron en Fallujah, al año siguiente, obviamente no sabían que su prisionero era un yihadista, lo enumeraron como un detenido civil y aceptaron su explicación de que solo era un administrador o secretario.

Baghdadi fue detenido en Abu Ghraib y más tarde, en Camp Bucca, dos centros de detención administrados por Estados Unidos en Irak, donde otros reclusos dijeron a los periodistas que se ganó el apodo de "Maradona", en honor a la estrella argentina, por sus habilidades futbolísticas.

Pero no fueron solo los juegos de la prisión los que atrajeron al detenido. En Camp Bucca, Baghdadi estaba muy cerca de figuras yihadistas de alto rango que demostrarían ser clave para el rápido ascenso del joven en los círculos islamistas militantes de la región.

Baghdadi aprovechó el levantamiento sirio y traicionó a un amigo

Cuando estalló el levantamiento sirio contra el presidente Bashar al-Asad en 2011, Baghdadi era el emir de lo que entonces se llamaba el Estado Islámico de Irak. Sintiendo una oportunidad en el campo de batalla sirio, Baghdadi envió a un teniente sirio de confianza, Abu Muhammed al-Jolani (también deletreado Julani o Golani) para establecer operaciones a través de la frontera entre Irak y Siria.


Imagen satelital de la que fue reportada como residencia del dirigente del autodenominado Estado Islámico, Abu Bakr al-Baghdadi, cerca de la aldea de Barisha, Siria, recopilada el 28 de septiembre de 2019.
Imagen satelital de la que fue reportada como residencia del dirigente del autodenominado Estado Islámico, Abu Bakr al-Baghdadi, cerca de la aldea de Barisha, Siria, recopilada el 28 de septiembre de 2019. Imagen de tecnología Maxar/vía Reuters

En Siria, Jolani creó el grupo Jabhat al Nusra, que debía ser el afiliado sirio de Al Qaeda.

Pero Baghdadi tenía otros planes. Ignorando las fronteras nacionales, declaró que Nusra era parte de su grupo, al que renombró Estado Islámico en Irak y Siria. La medida enfureció al nuevo líder de Al Qaeda, Ayman a-Zawahiri, instalado en algún lugar de la región de Afganistán y Pakistán, obligándolo a expulsar al grupo de Baghdadi de Al Qaeda en febrero de 2014.

Ayudado por un gobierno corrupto en Bagdad y la baja moral en las filas del ejército iraquí, el grupo de Bagdad llevó a cabo un deslumbrante avance por el centro de Irak, que culminó en la impactante caída de Mosul en junio de 2014.

Un califato basado en Raqa, con operaciones globales

La declaración de Baghdadi de un califato en la Gran Mezquita de Mosul de al-Nuri fue seguida por un reinado de terror llevado a cabo desde su base en la ciudad siria de Raqa.

En su apogeo, el autodenominado Estado Islámico controlaba territorios desde Irak hasta Siria.

Las atrocidades llevadas a cabo por sus secuaces incluían la esclavización sexual masiva de mujeres yazidíes, la decapitación de prisioneros (incluidos ciudadanos estadounidenses y británicos), la quema de un piloto jordano y castigos como cortar extremidades por infracciones menores, en el autodeclarado califato.

"Abu Bakr al-Baghdadi tenía una visión real de una sociedad en la que todos tenían un papel que desempeñar, incluidas las mujeres y los niños, ya fueran niños pequeños, que fueron conducidos al combate y obligados a cometer actos abominables al transformarse en verdugos, o niñas pequeñas, que fueron vendidas y violadas desde los 7 u 8 años ", explicó Sofía Amara, autora del libro 'Baghdadi, el califa del terror', en una entrevista de octubre de 2018 con France 24.

Fotografía que pertenecería al dirigente del autodenominado Estado Islámico, Abu Bakr al-Baghdadi, tomada de un video revelado el 29 de abril de 2019.
Fotografía que pertenecería al dirigente del autodenominado Estado Islámico, Abu Bakr al-Baghdadi, tomada de un video revelado el 29 de abril de 2019. Archivo/vía Reuters

El terror se extendió por todo el mundo con ciudadanos que reclutaron del mundo árabe, Europa, Rusia y Asia y que adoctrinaban para realizar ataques en sus países de origen.

Entre los ataques más conocidos del grupo extremista están los atentados mortales en París, en 2015, el ataque de Bruselas en 2016 y los bombardeos de Pascua de 2019 en Sri Lanka.

Sin embargo, la muerte de Baghdadi no significaría el fin del terror.

Unos meses antes de su muerte, la agencia de noticias Amaq del autodenominado Estado Islámico informó que Baghdadi había nominado a un sucesor. El turcomano Abdullah Qardash, del distrito de Tal Afar, oeste de Mosul, había sido seleccionado "para ocuparse de los asuntos de los musulmanes".

"Se ha hecho todo lo posible para garantizar que la organización sobreviva a su líder", señaló Amaq.

La muerte de Baghdadi puede ser una victoria simbólica para Trump, pero es probable que su peligroso legado perdure.

Este artículo fue adaptado de su original en inglés.

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