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Cultura

El Louvre se rinde a Leonardo Da Vinci en la mayor exhibición sobre su vida, arte y secretos

Suena grande, pero esta muestra es un hito de la historia del arte. Hasta hoy nadie había podido reunir 162 obras que recorrieran fielmente al genio renacentista, debido a la diplomacia y riesgos de las piezas. Por eso al museo le llevó una década poder celebrar alto los 500 años del artista, con una ‘Mona Lisa’ virtual y reflectografías que desnudan sus pinturas. Star Wars Episodio IX, el nuevo cómic de Astérix y el himno ‘#Cacerolazo’ en Chile completan esta crónica.

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Como si de un concierto se tratara, 260.000 personas ya tienen entrada para ver a Leonardo Da Vinci, en esta macro-exposición que ha logrado el Museo del Louvre. Y es que su magnitud equivale a no perderse ese eclipse solar que ocurre cada cien años o el florecimiento anual de los cerezos en Japón. Porque unir 162 de sus obras, con 11 de las cerca de 20 pinturas que se le conocen, superando diplomacias con otros museos y países, es una hazaña que se ha incluido en el Guinness de la Historia del Arte en mayúsculas.

Hay que verla, si quiere saberse por qué Da Vinci fue el genio más destacado del Renacimiento italiano, y cómo pudo, mediante el arte, aportar tanto a la botánica, la aerodinámica, la filosofía, el urbanismo y hasta la anatomía. Disciplinas que siempre enfrentó desde la pintura, al considerarla una ciencia que le llevaría a otras. Ejemplo es ‘El Hombre Vitruvio’, de cuatro manos y cuatro piernas, inusual para su obra artística porque es un dibujo bien acabado, pero vital en la relación de valores entre cuerpo humano y arquitectura, todo inscrito en un círculo y un cuadrado.

La gente toma fotografías del dibujo titulado 'El Hombre de Vitruvio', del artista renacentista italiano Leonardo Da Vinci, exhibido durante una exposición en el Museo del Louvre en París, Francia, el 22 de octubre de 2019.
La gente toma fotografías del dibujo titulado 'El Hombre de Vitruvio', del artista renacentista italiano Leonardo Da Vinci, exhibido durante una exposición en el Museo del Louvre en París, Francia, el 22 de octubre de 2019. Christophe Petit Tesson / EFE

500 años después de la muerte del creador, ese ‘Vitruvio’ hoy tiene un marco, un contexto, en el Salón Napoleón del Louvre, junto a otros dibujos, manuscritos, esculturas y sobre todo pinturas, con las cuales los comisarios Vincent Delieuvin y Louis Frank quieren hacer énfasis en que todo siempre partía de ellas. Lo cual no riñe con que a Leonardo se le hayan atribuido tan pocos óleos, de hecho, la mayoría los dejó inacabados porque podía tardar 10, 15 o más años en terminarlos. Pese a eso, el óleo fue su lienzo para el conocimiento, y prueba de ello es cómo aún ‘La Mona Lisa’ (o ‘Gioconda’) atrae tantas miradas.

La famosa obra del Louvre, que cada día llama a 30.000 visitantes, no está específicamente en ese Hall de la exhibición, está en la Sala de los Estados por lo que decíamos, es frágil sacar las obras de su hogar. Pero hermanada a las obras ‘Santa Ana’, ‘San Juan Bautista’, ‘La última cena’ y la ‘Madonna Benois’ sí está, gracias a una experiencia virtual de siete minutos, que la dibuja de cuerpo entero en 3D y donde se la puede ver en movimiento, como si la verdadera Lisa Gherardini mostrara vestido y nos contara cómo fue retratada, a la edad de 24 años y con cinco hijos.

Porque el mayor logro del Louvre es que las obras, al estar unidas, forman un relato coral fiel sobre el polímata Leonardo. Empezando por su maestro Andrea del Verrocchio, de quien tomó el arte del detalle y aprendió una técnica que consistía en modelar en tierra figuras y taparlas con telas cubiertas de arcilla. A penas tenía 12 años cuando Da Vinci apareció por el taller del veneciano y empezó a reflexionar sobre la forma y el movimiento, hasta llegar, como llaman Delieuvin y Frank, a una “libertad”. Libertad, ya que el genio se deshace ahí de la forma, la niega para atrapar ese movimiento; y es así como se entiende que las pinturas no se acabaran, porque Da Vinci no quería matarlas o encerrarlas.

Pintura titulada 'Leda', del artista renacentista italiano Leonardo Da Vinci, durante una exposición en el Museo del Louvre en París, Francia, el 22 de octubre de 2019.
Pintura titulada 'Leda', del artista renacentista italiano Leonardo Da Vinci, durante una exposición en el Museo del Louvre en París, Francia, el 22 de octubre de 2019. Christophe Petit Tesson / EFE

Lo que no riñe tampoco con la siguiente idea: y es que puede que las pinturas no estuvieran terminadas, pero estas sí sufrían múltiples ensayos y transformaciones, por parte de un artista que evolucionó desde Florencia a Francia, donde murió, y que también pasó por Milán, Venecia y Roma.

Otro extra del Museo del Louvre, ya que por primera vez permite estudiar al genio con reflectografías infrarrojas, una visión que saca a luz los dibujos subyacentes. Es el caso de la ‘Madona Benois’, que en un inicio tenía a la virgen y el niño más lejos, o el de ‘San Jerónimo’, que en realidad estaba desnudo y no tenía el manto que hoy vemos.

Un visitante mira una reflectografía infrarroja de la pintura 'Mona Lisa', del artista renacentista italiano Leonardo Da Vinci, durante una exposición en el Museo del Louvre en París, Francia, el 22 de octubre de 2019.
Un visitante mira una reflectografía infrarroja de la pintura 'Mona Lisa', del artista renacentista italiano Leonardo Da Vinci, durante una exposición en el Museo del Louvre en París, Francia, el 22 de octubre de 2019. Christophe Petit Tesson / EFE

Precisamente, la ‘Benois’ fue prestada por el Hermitage de San Petersburgo, ‘San Jerónimo’ llegó del propio Vaticano y ‘Hombre de Vitruvio’ viajó a París desde Venecia. Este solo estará ocho semanas con otros códices debido a la debilidad de su tinta y papel, un traslado que le va a costar más de ocho años sin ver si quiera una luz. Lo que explica, solo en parte, que estas solicitudes entre museos y países sean tan difíciles, y aún más sentimentales. A la Reina Isabel II de Inglaterra no le costó tanto ceder 24 dibujos de su colección real como a Italia, que lleva por bandera a su ícono.

Por ejemplo, la organización sin fines de lucro Italia Nostra, una asociación patrimonial, puso todos los impedimentos para que ‘Vitruvio’ no saliera de su Galería de la Academia veneciana, donde tiene una temperatura controlada. Hasta el último segundo se dudó de si el Louvre podría abrazarlo, hasta que un tribunal rechazó la preocupación de Italia Nostra. Un golpe amargo, que Francia tuvo que recompensar comprometiéndose a prestar varios Rafael a Roma.

Un visitante mira la pintura titulada 'Salvator Mundi', del artista renacentista italiano Leonardo Da Vinci durante una exposición en el Museo del Louvre en París, Francia, el 22 de octubre de 2019.
Un visitante mira la pintura titulada 'Salvator Mundi', del artista renacentista italiano Leonardo Da Vinci durante una exposición en el Museo del Louvre en París, Francia, el 22 de octubre de 2019. Christophe Petit Tesson / EFE

Aunque quien se lleva la palma de las burocracias misteriosas es el ‘Salvator Mundi’, el único que solo llega a título de copia, a razón de que en 2017 fue comprado en una subasta por 403 millones de euros. El original de Leonardo Da Vinci se cree que puede estar colgado en el yate de Mohamed bin Salman, el príncipe heredero de Arabia Saudita, que recientemente asumió su “responsabilidad” por el asesinato del periodista Jamal Khashoggi.

Con estos enredos, es comprensible que el museo parisino haya dedicado diez años a esta exposición narrada en cuatro tiempos, que asimismo está nutrida por el British Museum, y Bill y Melinda Gates. Todo con el fin, no tanto de entender al erudito y su personalidad, sino su exigencia, era alguien que puso la ciencia siempre al servicio de la pintura. Porque es así como Leonardo da Vinci, quien ensalzará al Louvre hasta el 24 de febrero, quería entender todo lo que constituye nuestra vida.

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