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Los carteles de cine, un ejercicio de libertad en la Cuba de Fidel Castro

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París (AFP)

Los carteles de las películas se parecen en todas partes, pero en la Cuba de Fidel Castro los artistas disponían de "total libertad" para crear imágenes inéditas de una obra de Hitchcock, Coppola o Polanski, según una muestra en París que mira la revolución a través del grafismo.

Al mismo tiempo que por primera vez se celebra en Londres una exposición sobre los carteles propagandísticos 60 años después de la revolución cubana, el Museo de las Artes Decorativas de París expone más de 300 relacionados especialmente con el cine.

Desconocida durante décadas debido al bloqueo y al aislamiento de la isla, la "edad de oro" del cartel cubano de los años 1960 y 1970 empieza así a darse a conocer en el extranjero, con un inesperado denominador común: la variedad de estilos.

"Lo que es sorprendente en un país comunista es que no se impusiera un estilo", afirma la conservadora de la muestra parisina, Amélie Gastaut.

"Fidel Castro daba a los cartelistas una total libertad", añade.

En un país tradicionalmente cinéfilo -que en 1960 ya contaba con unas 600 salas-, el séptimo arte era para Castro uno de los principales instrumentos de "educación del pueblo", un canal en el que concentró su política cultural.

Así lo demostró la fundación en 1959, el mismo año de su llegada al poder, del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográfica (ICAIC), además de una red de cine móvil para llevar la cultura a los lugares más recónditos de la isla.

- Romper los códigos -

El ICAIC, que en las dos primeras décadas de su existencia encargó unos 3.000 carteles, tenía entonces por misión producir filmes que rompieran con el modelo comercial estadounidense y documentales de propaganda, pero "también distribuir obras del mundo entero", según Gastaut.

Uno de los protagonistas del cine móvil era el personaje de Charles Chaplin, que encajaba con la ideología comunista, al encarnar a un pobre, "víctima" de la política de Estados Unidos. Pero los albores de la era Castro también llevaron a la isla a referentes de Hollywood, como Hitchcock, Coppola y Jerry Lewis, así como a grandes nombres europeos como Berlanga, Visconti, Fellini, Truffaut y Resnais.

Si el cartel de una película se caracteriza por lo general por representar a sus protagonistas o aludir a una de sus escenas, el ICAIC buscaba "deshacerse de la influencia de Estados Unidos y romper los códigos, dejando libres a los dibujantes", indica la comisaria.

Entre los cartelistas expuestos, destaca Eduardo Muñoz Bachs, el más prolífico de Cuba, quien representa por ejemplo "Dos almas en pugna" ("The rain people") de Coppola con el dibujo de una mujer de perfil en blanco y negro, de cuyo cuerpo salen los tallos de unas flores.

También se exponen en la muestra "Carteles cubanos: revolución y cine 1959-2019", trabajos de René Azcuy y de Antonio Pérez González, alias Ñiko, que ilustra con una oreja-ojo "El gran golpe", con Sean Connery.

Sin embargo, con el bloqueo de la isla y el recrudecimiento de las políticas comunistas, los pedidos decayeron a finales de los años 1970 y muchos de estos artistas acabaron exiliándose, como es el caso de Azcuy Cárdenas, fallecido en marzo pasado en Miami.

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