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España: estos son los cinco candidatos que participarán en el debate electoral

De izquierda a derecha los candidatos a la presidencia del Gobierno de España: Pedro Sánchez (PSOE), Pablo Casado (PP), Pablo Iglesias (Podemos), Albert Rivera (Ciudadanos) y Santiago Abascal (VOX)
De izquierda a derecha los candidatos a la presidencia del Gobierno de España: Pedro Sánchez (PSOE), Pablo Casado (PP), Pablo Iglesias (Podemos), Albert Rivera (Ciudadanos) y Santiago Abascal (VOX) France 24 / EFE

El debate electoral llega a pocos días del 10 de noviembre, cuando se celebrarán las cuartas elecciones en cuatro años en España. Pedro Sánchez es el favorito, pero los tres partidos de derechas podrían formar un gobierno de coalición.

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Las elecciones del 10 de noviembre en España serán las cuartas en los últimos cuatro años. Después de que los resultados de las elecciones del 28 de abril no permitiesen establecer mayorías, en esta ocasión, se espera que los nuevos comicios permitan salir del bloqueo.

Los sondeos dicen que Pedro Sánchez, del PSOE, ganaría las elecciones en número de votos, pero tendría que volver a negociar con Podemos y nacionalistas para poder formar Gobierno. Sin embargo, también existe la posibilidad de que haya una vuelta a la tortilla y sean los tres partidos de derechas PP, Ciudadanos y VOX quienes conformen un consistorio conservador.

Con este panorama se llega al único debate electoral, donde participarán los cinco principales candidatos: Pedro Sánchez (PSOE), Pablo Casado (PP), Pablo Iglesias (Podemos), Albert Rivera (Ciudadanos) y Santiago Abascal (VOX).

A continuación, sus programas y un perfil de cada uno de ellos:

Pedro Sánchez - PSOE

France 24

Apenas unos meses después de llegar al poder fue publicada la biografía del actual presidente en funciones Pedro Sánchez. Su título "Manual de Resistencia", daba buena cuenta de lo que había sido su carrera política desde que el 13 de julio de 2014 fuese escogido, por primera vez, como secretario general del PSOE.

Una elección que fue vista como la forma con la que los históricos dirigentes del partido socialista pretendían tener un títere para controlar el PSOE desde la sombra.

Sin embargo, detrás de una figura, en apariencia, basada en el marketing político, había un luchador de gran autoconfianza. Los actos son carácter y, según desveló Sánchez en su biografía, la primera acción como jefe del Ejecutivo no consistió en solucionar problemas como el conflicto en Cataluña, sino cambiar el colchón de la Moncloa, la residencia oficial del presidente del Gobierno.

Ese cambio en la alcoba presidencial llegó después de una larga carrera de obstáculos que, mediante distintas casualidades, Sánchez fue solventando paso a paso.

Pero, sin duda, hay un momento que define su carrera: Sánchez se negó, pese a las presiones de los históricos dirigentes socialistas, a investir al candidato de derechas del PP, Mariano Rajoy, después de una repetición electoral en el año 2016. Esta negativa hizo que hubiera una revuelta en su contra en el partido, que le obligó a dimitir.

Ahí parecía que la carrera en la política de Pedro Sánchez iba a llegar a su fin. Pero el presidente siempre guarda un as en la manga: el 28 de enero de 2017 empezó una gira por toda España para hablar con los militantes socialistas que, en su mayoría, estaban descontentos por permitir gobernar a la derecha.

Las risas de la opinión pública por esta acción mesiánica contrastaban con la convicción de un Sánchez que, en unos meses pasó, de llegar a un acuerdo con Ciudadanos, a cantar "La Internacional", levantar el puño y erigirse en el posible salvador del conflicto catalán.

Y, claro, después de tantos kilómetros de carretera, el mártir resurgió de sus cenizas y volvió a ganar abrumadoramente la Secretaría General del PSOE, el 22 de mayo de 2017, con la promesa de recuperar las ideas de izquierda del partido.

Sin embargo, una vez en el poder, Sánchez no titubeó a la hora de apoyar el 155 en Cataluña ni de proponer medidas incluso más conservadoras que el propio Partido Popular.

Pero Pedro Sánchez no tenía bastante con ser jefe de la oposición y, de nuevo, el rey de las oportunidades, volvió a encontrar su momento. El 1 de junio era proclamado, después de una moción de censura contra Mariano Rajoy, presidente de España, con los votos de Podemos y los partidos nacionalistas.

Muchas voces hablan de que Pedro Sánchez es el experimento de Iván Redondo, un exasesor del Partido Popular amante de "House of Cards", que es su jefe de Gabinete, desde que el presidente recuperase la secretaría del PSOE.

Después de unas relaciones tensas con los partidos nacionalistas durante su mandato, el 28 de abril Sánchez convocó unas elecciones, que le dieron la victoria, causaron la mayor caída de la historia del PP y provocaron la aparición de VOX. Tras unas largas negociaciones con Podemos y nacionalistas, Sánchez y Redondo optaron por la estrategia de desgastar a los oponentes y convocar unas nuevas elecciones para el 10 de noviembre.

Una jugada que esperaban maestra... pero lejos de la realidad, las encuestas pronostican unos resultados similares a los de abril. Eso sí: suceda lo que suceda, Sánchez explorará todas las posibilidades para continuar con su "manual de resistencia" particular.

Pablo Casado - PP

France 24

De la queja de que los miembros de la oposición "están todo el día con las fosas de no sé quién", en referencia a las fosas comunes de los desaparecidos durante el franquismo, hasta la amenaza a Carles Puigdemont de acabar como Lluis Companys, el presidente de Cataluña fusilado por el franquismo.

Pablo Casado apareció en la esfera pública como un diputado joven y polémico. Una baza que le permitió ganar las Primarias del PP post-Mariano Rajoy, el 21 de julio de 2018, a la exvicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, que poseía un perfil mucho más centrado y una mayor experiencia gestionando crisis de Gobierno.

Lo que hacía Casado respondía, para muchos, a un acercamiento a los postulados del polémico expresidente de España José María Aznar, quien recientemente, después del surgimiento de Vox, dijo aquello de "a mí nadie me dice a la cara derechita cobarde". Un discurso mucho más radical que el Gobierno de Rajoy, marcado por unos postulados más centrados y hegemónicos.

En un principio, Pablo Casado hizo oposición con la mayor de las virulencias contra Sánchez, acusándole de "felón", "traidor" y otros 15 calificativos en una misma rueda de prensa, cuando el presidente de España estuvo a punto de establecer un relator para la reuniones con el Gobierno de Cataluña.

Ser el líder más español y de derechas, durante un tiempo, se convirtió en una competición entre los tres partidos conservadores, en la que Casado encontró auténticos expertos en la materia como Albert Rivera de Ciudadanos y Santiago Abascal de Vox.

En este sentido, después de un estudio durante la anterior campaña electoral de abril, sus asesores vieron como su actitud agresiva generaba un amplio rechazo en los televidentes. Por este motivo, le devolvieron al centro, moderó sus discursos, se mostró como un hombre de Estado e incluso se dejó una barba al más puro estilo Rajoy.

Una estrategia con la que aspira a cosechar un segundo puesto con un alto número de escaños, que le permita una alianza electoral con Ciudadanos y Vox y le convierta en presidente del Gobierno.

Sin embargo, la amenaza de que no salgan las cuentas hacen planear el gobierno de concentración, en el que el PP, mediante una abstención técnica, permitiría a Sánchez gobernar para evitar el bloqueo

Pablo Iglesias - Podemos

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El 15 de mayo de 2014 España vio como comenzaba su primavera reivindicativa. Las plazas de toda España siguieron los pasos de la Plaza del Sol de Madrid, y la protesta popular, en forma de acampada, cambió para siempre la política española.

El discurso público asumió las demandas de unos jóvenes que pedían más transperencia, protestaban contra el bipartidismo y reclamaban el fin de las desigualdades.

Una grieta se abrió en la política española y ahí apareció Pablo Iglesias, un profesor de Universidad de Ciencias Políticas, que estaba ganando popularidad en las tertulias televisivas al visibilizar las costuras del poder político español.

Con ese contexto, Iglesias fundó su partido Podemos, un partido "de los de abajo", que pretendía trasladar a la política el romanticismo de las plazas, con una apuesta por las estructuras horizontales y la toma de decisiones en común. Con esta promesa, en las elecciones Europeas de 2014 consiguió 5 escaños.

Un reultado que le catapultó en la escena nacional, llegando a haber encuestas que le acercaban a la presidencia del Gobierno. Eran los tiempos en los que Iglesias, durante los actos multitudinarios del partido, afirmaba que el objetivo de Podemos era "asaltar los cielos".

Los resultados en 2015, y en la repetición electoral de 2016, les encumbraron a los 54 y 57 diputados, respectivamente. Un resultado notable, que les situaba como el tercer partido político del país, muy cerca de superar al PSOE.

Sin embargo, las crisis internas fueron debilitando un partido que de lo horizontal pasó a la verticalidad de la política tradicional, donde Pablo Iglesias era el dueño y señor del partido

Por otro lado, Iglesias, junto con su actual número 2 y pareja, Irene Montero, compraron una privilegiada casa en Galapagar, Madrid, lo que les valió múltipes críticas de la opinión pública, por considerar este gesto una demostración de la distancia que estaban estableciendo los dirigentes respecto a la vida real de sus votantes.

Pero Pablo Iglesias, igual que Sánchez, tiene el don de la resistencia, y, aunque perdió diputados en las últimas elecciones de abril, sacó 42 escaños, lejos de los 25 que pronosticaban las encuestas. Un resultado que parece que va a mantenerse, a pesar de que su antiguo número 2 y cofundador de Podemos, Íñigo Errejón haya fundado su partido, Más País.

No parece que el "asalto a los cielos" vaya a llegar pronto, sin embargo, el posible escenario del pacto PP-PSOE, podría cataputarlos a ser la referencia de la izquierda en los siguientes comicios.

Albert Rivera - Ciudadanos

France 24

El líder de la formación naranja llega al debate electoral con un cachorro como baza. Un vídeo en el que Rivera decía que "Lucas", un perro recién nacido, le iba a dar suerte, se hizo viral en la red, en una campaña, que muchos consideran como su descenso a los infiernos definitivo.

Antes, Sánchez llamó a Ciudadanos, "los liberales ibéricos", una expresión que Rivera decidió convertir en camiseta. Porque el partido que nació en España, como la alternativa de centro-liberal, con el tiempo, demostró que su esencia era la misma de su fundación en Cataluña: un partido liberal, pero sobe todo, español, cuyo objetivo radicaba en combatir el independentismo, creando una mezcla liberal-nacionalista, un tanto contradictoria.

Sin embargo, Rivera tuvo su momento y, después de las últimas elecciones generales y municipales, de haber optado por moderar su discurso, así como por alejarse del PP y VOX, fácilmente podría haber permitido un Gobierno de Sánchez, obtener una Vicepresidencia y la alcaldía de Madrid para su partido.

Pero la bandera de España pesó más y hoy las encuestas auguran una debacle de Ciudadanos, en detrimento de Vox, porque para ultras, ganan los otros.

Este posible batacazo podría hacer que surgiesen nuevos liderazgos, en un partido, que desde su fundación en 2006, siempre fue liderado por Albert Rivera, sin apenas disensiones internas.

Pero el partido ha crecido, y, por un lado, Inés Arrimadas, su actual número 2, que llegó a ganar unas elecciones, en votos, en Cataluña, con un resultado histórico, y por otro lado, Manuel Valls, candidato de Ciudadanos en Barcelona, en las últimas elecciones municipales, y que ya ha reprendido públicamente al líder de la formación naranja, en diversas ocasiones, podrían dar un paso al frente en el que sería el fin de un Albert Rivera, que a punto estuvo de ser el hombre de Estado que siempre soñó.

Santiago Abascal - VOX

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Abascal lidera un partido siempre envuelto en la polémica, con unos postulados de ultraderecha, que hacen recordar, por momentos, al franquismo.

El último encontronazo de su partido tuvo lugar el otro día en un debate en Televisión Española, en el que Aitor Esteban, líder del PNV vasco, no quiso saludar a Iván Espinosa de los Monteros, número 3 de VOX, después de la emisión, al considerar que "no pensaba blanquear el fascismo". Lejos de demostrar que no tienen nada de fascismo, el número 2 de VOX, Javier Ortega Smith, avisó a Esteban que cuando puedan les van a ilegalizar.

Está claro que no les importa caer en el conflicto: días antes, en un mitín, el propio Santiago Abascal, no tuvo problemas en señalar los nombres y apellidos de inmigrantes que recibían ayudas públicas. Lo que olvidó anunciar fue que él mismo nunca ha trabajado fuera de la política y toda su vida se ha mantenido, precisamente, con subvenciones estatales.

VOX surge como un partido de ultraderecha, "esa derechita no cobarde" a la que se refería el expresidente Aznar. Para muchos es una escisión de un PP que con la corrupción y las disensiones internas vio como perdía el ala más reaccionaria, que había estado asimilada desde la transición.

Y, precisamente, en las últimas elecciones de abril, con un contexto similar al actual, Abascal decidió que era hora de salir "sin complejos" emulando otros movimientos similares a escala mundial, liderados por Steve Bannon.Temas como Cataluña o la inmigración les han servido para marcar una agenda reaccionaria al resto de partidos y, de esta manera, ir creciendo hasta el punto de que hay sondeos que preveen que puedan superar los 40 escaños.

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