Saltar al contenido principal

Irak vive su marcha más multitudinaria al cumplirse un mes de protestas

Una mujer sostiene una bandera de Irak durante la jornada de masivas movilizaciones en Bagdad, el 1 de noviembre de 2019.
Una mujer sostiene una bandera de Irak durante la jornada de masivas movilizaciones en Bagdad, el 1 de noviembre de 2019. Ahmed Jadallah / Reuters

Decenas de miles de ciudadanos se movilizaron en el centro de Bagdad en una de las marchas más grandes desde la caída de Saddam Hussein. Los manifestantes exigen la renuncia del gobierno y la caída de la élite política que domina el país.

Anuncios

Un mes después del inicio del movimiento ciudadano en Irak, las protestas, lejos de menguar, mostraron su cara más fuerte. Decenas de miles de ciudadanos se movilizaron en el centro de Bagdad, en una de las marchas más concurridas desde la caída de Saddam Hussein hace 16 años.

Las manifestaciones, que iniciaron el 1 de octubre en reclamo por un mejor acceso a los servicios públicos, la falta de oportunidades y la corrupción endémica, se han convertido en un pedido de reforma profundo del sistema electoral, que privilegia a la élite política en el poder desde 2003.

Este viernes 1 de noviembre, que como cada viernes es el día principal de oración musulmana, la afluencia de personas en las calles fue la mayor hasta el momento y grandes multitudes de todas las divisiones sectarias y étnicas de Irak se unieron a las protestas.

Según la Comisión de Derechos Humanos de Irak, una mujer murió después de ser golpeada en la cabeza con una lata de gas lacrimógeno, mientras que al menos 155 resultaron heridas a causa de la represión de las fuerzas de seguridad, quienes utilizaron gas lacrimógeno y balas de goma contra los manifestantes apostados en la plaza Tahrir de la capital.

Manifestantes intentan alejar una lata de gas lacrimógeno arrojada por las fuerzas de seguridad durante las protestas en Bagdad, el 1 de noviembre de 2019.
Manifestantes intentan alejar una lata de gas lacrimógeno arrojada por las fuerzas de seguridad durante las protestas en Bagdad, el 1 de noviembre de 2019. Thaier Al-Sudani / Reuters

Los episodios más violentos se registraron en el puente de Al Yumhuriya, que cruza el río Tigris y une la plaza Tahrir con la llamada Zona Verde, área donde se ubican los edificios gubernamentales, y embajadas. En el intento de dispersar a los manifestantes, uno de los botes de gas lacrimógeno disparados por los oficiales le provocó la muerte a “la primera mujer que muere en las manifestaciones”, de acuerdo a los datos de la comisión mencionada.

A través de un comunicado, la ONG Amnistía Internacional alertó el jueves 31 de octubre que las fuerzas de seguridad están usando latas de gas lacrimógeno “nunca vistas”, modelados en granadas militares que son 10 veces más pesadas que las estándar.

Las protestas se replicaron en otras provincias, sobre todo en gran parte del sur, corazón de la población chiíta.

En el último mes, al menos 250 personas han muerto en el marco de las olas de protestas, que tuvieron una pequeña pausa tras el anuncio de un paquete de medidas del gobierno, pero fueron reanudadas hace una semana.

Irán y la injerencia extranjera, combustible de las protestas

En su sermón semanal en Kerbala, el principal clérigo chiíta, el Gran Ayatolá Ali al-Sistani, advirtió sobre el “conflicto civil, caos y destrucción” que se pueden desatar si las fuerzas de seguridad o los grupos paramilitares reprimen las protestas, a la vez que alimentó las versiones de manipulaciones desde el extranjero contra el gobierno iraquí.

Fuentes de seguridad aseguraron que esas declaraciones fomentaron la mayor afluencia de manifestantes este viernes 1 de noviembre. Entre ellos reina la idea de que la clase política iraquí está subordinada a uno u otro de los principales aliados de Bagdad, Estados Unidos e Irán, que usan a Irak como representante en una lucha por la influencia regional.

“Los iraquíes han sufrido a manos de este grupo malvado que subió a los tanques estadounidenses y de Irán”, señaló el manifestante Qassam al-Sikeeni a la agencia Reuters.

En este contexto, los ciudadanos exigen no solo la renuncia del gobierno encabezado por el primer ministro Adel Abdul Mahdi, sino también un profundo cambio en el sistema político establecido después de la invasión estadounidense en Irak, que distribuye el poder entre la mayoría chiíta, los sunitas y los kurdos. Pese a celebrar elecciones en forma regular desde entonces, éstas han sido dominadas por los partidos políticos sectarios.

El presidente Barham Salih aseguró el jueves 31 de octubre que aprobaría una convocatoria a comicios anticipados una vez que se redacte una nueva ley electoral por medios constitucionales y dijo que Abdul Mahdi está dispuesto a renunciar cuando los líderes políticos lleguen a un acuerdo sobre su reemplazante. Sin embargo, estos procesos pueden llevar semanas o incluso meses y parecen lejos de satisfacer las demandas de los manifestantes.

“¿Y qué si Adel Abdul Mahdi renuncia? ¿Qué pasará? Conseguirán a alguien peor”, remarcó el barbero Amir, de 26 años.

Los manifestantes acusan a sus gobernantes de malgastar la riqueza petrolera del país y remarcan que existe una pobre infraestructura y frecuentes cortes de energía 16 años después del derrocamiento de Saddam Hussein y del levantamiento de las sanciones internacionales.

La plaza Tahrir, un ejemplo del ‘mini-Estado’ que sueñan los manifestantes

La céntrica plaza Tahrir, en Bagdad, se ha convertido en el epicentro de las protestas desde el inicio del movimiento hace un mes. Allí, los manifestantes también ponen en práctica lo que ellos consideran un modelo de organización para el Estado en Irak.

Grupos de jóvenes barren las calles, algunos cantan diversas consignas, médicos voluntarios atienden a los heridos por la represión y otros ciudadanos aportan agua, electricidad y transporte a los manifestantes que acampan en el lugar y que establecieron puestos de control, además de redirigir el tránsito.

Manifestantes se trasladan en tuk-tuk durante las protestas en Bagdad, el 1 de noviembre de 2019.
Manifestantes se trasladan en tuk-tuk durante las protestas en Bagdad, el 1 de noviembre de 2019. Ahmed Jadallah / Reuters

Mohammed Najm, un graduado de ingeniería sin empleo, dijo a la agencia Reuters que en la plaza ha sido constituido “un ‘mini-Estado’”. “Hay salud gratis, transporte de tuk-tuks gratis. El Estado ha existido durante 16 años y lo que no pudo hacer, lo hicimos en siete días en Tahrir”, subrayó.

Pese a la riqueza petrolera de Irak, muchos ciudadanos viven en la pobreza, con acceso limitado a agua potable, energía eléctrica, atención médica o educación, problemas para los que, según los manifestantes, el gobierno de Adel Abdul Mahdi no ha encontrado respuesta durante un año.

Con Reuters, AP y EFE

Página no encontrada

El contenido que solicitó no existe o ya no está disponible.