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La "magia de Mandela" regresa a Sudáfrica con el éxito de los Springboks

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Johannesburgo (AFP)

"Ver a Kolisi levantar el trofeo, sabiendo lo que este país ha pasado, es absolutamente enorme", dijo Tshenolo Molatedi, aficionado al rugby, tras el título en el Mundi de los Springboks, liderados por Siya Kolisi, el primer capitán negro en la historia de la selección.

"Es un momento absolutamente increíble. Tengo lágrimas en los ojos", añadió Molatedi, joven negro de 26 años. A su alrededor, en un club de deportes de Johannesburgo, decenas de aficionados, blancos y negros, saltan de alegría y se abrazan.

Siya Kolisi levanta el trofeo Webb-Ellis: El momento tiene una enorme carga simbólica. Durante el régimen racista del apartheid, que oficialmente finalizó en 1994, la minoría blanca convirtió al rugby en su deporte, con el acceso a la selección vetado para los negros.

A continuación, con la llegada de la democracia, la transformación racial de los Springboks se hizo a marchas forzadas, incluso con cuotas impuestas por el gobierno.

"Hace 25 años que vivimos en democracia. Es el tiempo de que la gente de color pruebe al mundo de lo que es capaz", declaró Joseph Mitchell, actor negro de 50 años, desde Ciudad del Cabo (sudoeste), donde siguió el partido ante una pantalla gigante.

"Si se le da una oportunidad a los negros, la aprovechan, hoy es la clara prueba", añadió Tsakane Mabunda, aficionado de 45 años.

Este sábado en Yokohama, en la final del Mundial de Japón 2019, Sudáfrica alineó a seis jugadores negros de inicio. En los precedentes triunfos de los Springboks, en 1995 y 2007, fueron respectivamente uno y dos, cuando los blancos representan menos del 10% de la población del país.

"Hoy, nuestro padre Nelson Mandela sonríe desde el paraíso", señaló el premio Nobel de la Paz Desmond Tutu, gran amigo del que fuera el primer presidente negro de Sudáfrica.

"Siya Kolisi, tesoro de la nación", añadió, reconociendo estar "increíblemente orgulloso de ser sudafricano".

- 'Más fuertes juntos' -

"Nos sentimos la nación arco iris", señaló Tom Hammonds, un profesor de 34 años, haciendo referencia al sueño que tenía Mandela. "Tenemos muchos problemas, pero el deporte siempre nos une", añadió.

Un cuarto de siglo después de la caída del apartheid, las tensiones raciales continúan marcando la vida cotidiana del país, en un contexto de grandes diferencias económicas.

"El deporte es uno de los más grandes catalizadores de la cohesión social y de la construcción de la nación", señaló el Congreso Nacional Africano (ANC), el partido en el poder desde 1994. "Gracias por hacernos revivir la magia de Madiba (Mandela) y de haber hecho que nuestra nación arco iris sea una realidad", añadió.

En Ciudad del Cabo, tras el pitido final del árbitro, los hinchas gritan de alegría. "Mira alrededor tuyo, hay negros, blancos... Estamos todos unidos hoy", dijo Justin Jonhson, informático. "Los Springboks hacen más por el país que la política", agregó.

"Hay esperanza para Sudáfrica", continuó Mbembe Wandisa, estudiante de 23 años.

La victoria en el Mundial supone un alivio para el presidente sudafricano Cyril Ramaphosa, que acumula las malas noticias en el ámbito económico.

"La traemos a casa. Más fuertes juntos", escribió en Twitter, antes de saltar al terreno de juego para compartir la victoria con los jugadores.

Para la ocasión, se vistió con la camiseta amarilla y verde de los Springboks, como había hecho Mandela en la final de 1995, ganada en casa por Sudáfrica, solo un año después del arranque de la democracia, en una de las imágenes más simbólicas de la historia del país.

Terminado el partido, Kolisi deja otro símbolo. Se acerca a la grada para besar a su esposa, blanca, y tomar en los brazos a sus dos niños mestizos.

En Sudáfrica, la emoción se palpa alrededor de cada una de las pantallas gigantes.

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