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Partidarios y detractores del presidente Aoun dibujan un Líbano de marchas masivas

Un manifestante ondea una bandera libanesa, mientras el resto se reúne en la Plaza de los Mártires, durante las protestas contra el Gobierno en curso, en el centro de Beirut, Líbano, el 3 de noviembre de 2019.
Un manifestante ondea una bandera libanesa, mientras el resto se reúne en la Plaza de los Mártires, durante las protestas contra el Gobierno en curso, en el centro de Beirut, Líbano, el 3 de noviembre de 2019. Andrés Martínez Casares / Reuters

Tras la renuncia del primer ministro Saad Hariri, Michel Aoun fue el rostro protagonista de la jornada. Mientras miles de libaneses marcharon para darle apoyo, horas después, otros miles exigieron su salida y la de todos los dirigentes.

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Lo de este domingo en el Líbano no es una división, tampoco una dualidad. Son ciudadanos reclamando una “unidad” con dos interpretaciones. Para unos, solo la unión puede dar apoyos al presidente Michel Aoun, para que encuentre una salida a la crisis; mientras que otros conciben esa unidad, como un nexo ciudadano necesario para renovar el sistema político y a todos sus dirigentes.

Los unitarios pro-Aoun salieron a marchar primero en esta jornada de 3 de noviembre. Fueron miles, de acuerdo con Reuters y EFE, y a lo largo de la carretera que lleva al palacio presidencial de Baabda (al sur y este de Beirut), portaron banderas del Ejército y del partido Corriente Patriótica Libre, del mandatario Aoun, y hoy dirigido por su yerno, el ministro de Exteriores, Gebran Bassil.

Los partidarios del presidente Michel Aoun sostienen su cartel, durante una manifestación en Baabda, cerca de Beirut, Líbano, el 3 de noviembre de 2019.
Los partidarios del presidente Michel Aoun sostienen su cartel, durante una manifestación en Baabda, cerca de Beirut, Líbano, el 3 de noviembre de 2019. Goran Tomasevic / Reuters

Ambos son los rostros protagonistas de las críticas antigubernamentales. Pero sus partidarios sienten que tienen razón, sobre todo, en una idea: no todo puede condenarse en el país, porque si no, no habrá solución alguna. “La revolución debe llevarse a cabo contra la injusticia; si no, colapsará (…) Si tratan a todos de corruptos, los corruptos no podrán rendir cuentas”, sostuvo Bassil frente a sus simpatizantes.

En esa línea, un manifestante entrevistado por Reuters, George Barbar, que había viajado desde el norte para mostrar su apoyo en Baabda, decía: “Si la gente no se une con el presidente, no habrá Líbano”.

"El general Aoun es un hombre reformista y sincero, no ha sido corrompido ni es un ladrón. Estamos aquí para decirle que estamos a su lado y que lo seguiremos estando, pase lo que pase", añadía otro manifestante.

En otras calles, fue un “domingo de unidad” antigubernamental

La movilización pro-Aoun y pro-Bassil ha sido una de las más grandes a favor del Gobierno, desde el inicio de las protestas el pasado 17 de octubre. Un contragolpe a un pulso ciudadano que no ha desfallecido. Y es que horas después, otros miles de libaneses, en una gran marea, salieron a las calles para recordar que no desisten en sus reclamos. A saber, la destitución de una élite que, a sus ojos, es incompetente e incapaz de solucionar los problemas, mientras sí creen que lo harían los tecnócratas.

Bajo el lema “domingo de unidad”, los contrarios al presidente también formaron la manifestación más numerosa, tras la renuncia de este martes 29 de octubre del primer ministro Saad Hariri. Y es que para ellos “todos quiere decir todos”, y pese a que Bassil les haya pedido que “en lugar de bloquear calles, corten el camino a los corruptos, y a aquellos que no votan por leyes contra la recuperación de fondos robados, la supresión de la inmunidad y del secreto bancario”, su objetivo final es un cambio completo, una "revolución".

Los manifestantes gritan consignas, mientras se reúnen en la Plaza de los Mártires, durante las continuas protestas antigubernamentales en el centro de Beirut, Líbano, el 3 de noviembre de 2019.
Los manifestantes gritan consignas, mientras se reúnen en la Plaza de los Mártires, durante las continuas protestas antigubernamentales en el centro de Beirut, Líbano, el 3 de noviembre de 2019. Andrés Martínez Casares / Reuters

“Todo lo que hemos logrado hasta ahora es la renuncia del Gobierno. Todavía tenemos un largo camino por recorrer (…) Si el nuevo Gobierno que se forma no es el que la gente quiere, la revolución volverá aún más grande”, advertía el ingeniero Charbel al-Zaani.

Eso es lo que solicitaron los manifestantes, tanto en Beirut, como en Trípoli, Baalbeck, Sidón y Nabatieh, bajo una bandera: la bandera libanesa, como único símbolo de unidad, en un ambiente compartido por familia, música y amigos. Con la gran diferencia de que para ellos Aoun no es el garante anticorrupción, sino uno de los responsables de haber saqueado al Estado.

Un Estado al que, entre otras muchas medidas, hoy también se le pidió inclusión e igualdad de distintos grupos. Numerosas mujeres y representantes LGBTI pidieron con cantos y pancartas que en un próximo Gobierno libanés “el machismo (sea) eliminado”, porque “el patriarcado murió”.

El reloj corre para las medidas prometidas de Aoun

Es a Michel Aoun a quien ahora le toca tirar carta. Tras la salida de Hariri, por televisión se comprometió a mantener un diálogo con distintos miembros del Parlamento para designar a un nuevo primer ministro y formar Gobierno, con nuevos ministros, que recuperen la confianza del pueblo.

En concreto, aún bajo la forma del Gobierno de Saad Hariri, dijo estar trabajando en un plan con varios puntos que tratarían de revitalizar la economía, solucionar los problemas económicos y de gestión, así como promulgar reformas contra la corrupción, que tilda de “anidada” dentro de las instituciones. Para ello ha asegurado apostar por un Gobierno más tecnocrático, con ministros elegidos “de acuerdo con sus competencias y experiencia, y no por lealtades políticas”.

Solo Bassil, invocando a sus partidarios, se atrevió a avanzar que vienen “días difíciles por delante” para el Líbano, ya que el país ha estado “corriendo contra el tiempo para evitar un colapso”. Mientras que el movimiento Hezbolá, que respalda a Aoun, siente que ese tiempo ya se está desperdiciando para ajustar las finanzas estatales y convencer a los donantes extranjeros. Donantes como, por ejemplo, Emiratos Árabes Unidos que estudia proyectos de inversión en el país y que en su día prometió a Hariri una ayuda financiera.

El reloj corre sobre una normalidad que solo es apariencia. Los bancos y carreteras habrán abierto, también las escuelas, pero las protestas, ya sean a favor o en contra, están más lejos que cerca de acabar. De fondo, lo que pide el presidente Michel Aoun es "que todo el mundo se una".

Con Reuters, EFE y AFP

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