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Tras ganar el Mundial de rugby, Sudáfrica quiere perpetuar su éxito

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Tokio (AFP)

Sudáfrica debe capitalizar su tercer título de campeón del mundo para ganar en constancia y estructurar su rugby, del que se marchan algunos de sus mejores jugadores y promesas en dirección al extranjero y cuyas franquicias languidecen en el Super Rugby.

Rassie Erasmus desea de esta manera terminar con "las montañas rusas" y los años catastróficos, como 2016 y 2017, antes de que fuera llamado al rescate de una selección cuyo último título en Rugby Championship, antes de este año, se remontaba a 2009.

"Rassie nos ha hecho prometer que sea cual sea el futuro, habría que estar listos para la próxima Copa del Mundo y mantener arriba el estandarte springbok", dijo el medioscrum Faf De Klerk.

El futuro de los Boks se escribirá no obstante sin Erasmus, que confirmó esta semana que dejaría el cargo de seleccionador al término de la competición.

Pero como director de rugby de la federación, espera estar "muy involucrado, sea cual sea el nuevo entrenador", en la selección.

El extercera línea internacional (36 partidos entre 1997 y 2001) se va a dedicar sobre todo a continuar su trabajo de estructuración del rugby sudafricano, que tuvo que "tocar fondo" en 2016 y 2017 para "llevar a cabo lo que debíamos resolver".

"Con nuestra reserva de jugadores, nuestros aficionados, nuestros recursos -institutos y universidades, las infraestructuras deportivas- si estructuramos nuestro rugby, no hay ninguna razón por la que no podamos ser una potencia del rugby mundial", añadió.

- "Aumentamos los estándares" -

Erasmus desea que la ética de trabajo y el profesionalismo que ha instaurado en la selección calen dentro de las seis franquicias: cuatro en Super Rugby (Stormers en Ciudad del Cabo, Bulls en Pretoria, Sharks en Durban y Lions en Johannnesburgo), el campeonato del hemisferio sur, y dos en Pro 14 (Cheetahs en Bloemfontein y Souther Kings en Port Elizabeth), en compañía de irlandeses, escoceses, galeses e italianos.

Sudáfrica no clasificó a ningún equipo en las semifinales del Super Rugby este año por segunda vez en cinco ediciones (la otra fue en 2015) y no lo gana desde 2010 (Bulls).

Pero Erasmus quiere creer que su país está en el buen camino: "(La exigencia) se propaga lentamente en las provincias (de la Currie Cup, el campeonato nacional) y las franquicias (de Super Rugby). Los jugadores compiten, el nivel medio de mediocridad desaparece poco a poco de nuestro rugby".

"Lentamente aumentamos los estándares, como hicieron Irlanda, Escocia o Nueva Zelanda, que maximizan su potencial", añade.

- Limitar la dispersión -

Pero, frente a la competencia, muchos dejan el país, más o menos jóvenes, para reforzar otras selecciones, como el irlandés CJ Stander, el francés Bernard Le Roux, el escocés WP Nel o el japonés Lappies Labuschagné.

Limitar la fuga de futuros talentos, si no es posible conservarlos a todos, es uno de los retos de Erasmus y de los dirigentes, que se enfrentan también a las salidas de los internacionales al extranjero, donde reciben salarios más elevados.

A los campeones del mundo Faf De Klerk (Sale), François Louw (Bath), François Steyn (Montpellier), Franco Mostert (Gloucester) o Willie Le Roux (Wasps) se les unirán dentro de poco en Europa Handré Pollard (Montpellier) y Lood De Jager (Sale).

De su lado, Duane Vermeulen, RG Snyman y Jesse Kriel, que dejó el grupo por una lesión durante el Mundial, jugarán en Japón.

Esa dispersión no favorece la cohesión de los Springboks que, cuando tienen unos meses para trabajar juntos, van por el mundo como en Japón.

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