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El debate electoral en España no augura el fin del bloqueo político

Los candidatos Pablo Casado (PP), Pedro Sánchez (PSOE), Santiago Abascal (Vox), Pablo Iglesias (UP) y Albert Rivera (Ciudadanos), momentos antes de empezar el debate electoral este 4 de noviembre de 2019
Los candidatos Pablo Casado (PP), Pedro Sánchez (PSOE), Santiago Abascal (Vox), Pablo Iglesias (UP) y Albert Rivera (Ciudadanos), momentos antes de empezar el debate electoral este 4 de noviembre de 2019 Juan Carlos Hidalgo / EFE

El presidente en funciones, Pedro Sánchez, evitó cualquier acercamiento con los izquierdistas de Unidas Podemos. El partido de ultraderecha Vox participó por primera vez en el debate electoral.

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La política española lleva meses bloqueada. Todo parece indicar que seguirá así a pesar de las elecciones del próximo 10 de noviembre, convocadas por la falta de acuerdos de Gobierno entre los partidos. Dos horas y media de debate en la televisión pública escenificaron la obstrucción de la arena política del país: el presidente en funciones, Pedro Sánchez, y candidato por el partido de centro-izquierda PSOE (Partido Socialista Obrero Español) evitó a toda costa cualquier acercamiento con los izquierdistas de Unidas Podemos (UP), uno de sus potenciales aliados naturales.

“No compartimos la visión de Iglesias (candidato de UP) de que para subir el Salario Mínimo Interprofesional tengamos que poner en riesgo la unidad de España, ni compartimos la visión de la derecha que para salvaguardar la unidad de España tengamos que renunciar a la justicia social”, afirmó Sánchez.

De hecho, el presidente en funciones propuso llegar a un consenso entre todos los partidos para que gobierne la lista más votada si ninguna formación política alcanza un acuerdo. Todas las encuestas pronostican que sea el PSOE la organización con más representación parlamentaria, pero también auguran una fragmentación mayor que dificultará, una vez más, la gobernabilidad de España.

Sin embargo, la actitud de Pablo Iglesias, el candidato de UP, fue diferente. Tendió abiertamente la mano a una coalición con los socialistas a pesar del constante rechazo de Sánchez y le propuso lo siguiente: “Unir nuestra valentía y experiencia para ser una referencia a nivel europeo, de un Gobierno que proteja los derechos sociales”.

Por su parte, los candidatos del bloque de derechas buscaron diferenciarse entre sí. El candidato de la formación tradicional conservadora Partido Popular (PP), Pablo Casado, se reivindicó como la alternativa a Sánchez y a su bloqueo. “Quiero liderar un Gobierno de verdad, que no le tiemble el pulso frente a los separatistas ni le tiemblen las piernas para resolver la crisis económica y social que siempre nos deja la izquierda”.

Albert Rivera, el líder del partido liberal Ciudadanos, pugnó por remontar las encuestas que le pronostican un descenso considerable y atacó a partes iguales al Gobierno en funciones del PSOE como a sus rivales directos, el PP y Vox.

Precisamente, la participación de Santiago Abascal, el candidato del partido de ultraderecha, se sintió en los comentarios machistas y xenófobos que abundaron en sus intervenciones.

Tanto Rivera como Casado como el mismo Iglesias insistieron una y otra vez para que Sánchez se pronunciara sobre su política de pactos. Desde el lado de Unidas Podemos, para evitar que el PSOE mire hacia la derecha para acordar un Gobierno. Desde el lado de Ciudadanos y el PP, para evidenciar que Sánchez es presidente gracias a que los partidos independentistas lo apoyaron en su moción de censura. Sin embargo, el líder del PSOE se abstuvo de responder las preguntas directas.

Cataluña, en el centro de la mesa

Abrió el debate uno de los temas más candentes de esta campaña electoral: la crisis con el independentismo catalán. Sánchez anunció tres propuestas para frenar el movimiento secesionista: en primer lugar, impulsar una nueva asignatura de “valores constitucionales” en el colegio. En segundo lugar, requerir que los planes de los medios públicos deban ser aprobados por dos tercios del Parlamento, en una referencia directa a la televisión pública catalana, TV3, a quien acusó de manipular la realidad. Finalmente, incluir un delito específico que prohíba la celebración de referendos ilegales.

Casado aprovechó este tema para garantizar que, con el PP, volvería el “orden en las calles” tras los fuertes disturbios que sacudieron Cataluña y Barcelona en las últimas semanas, al conocerse las sentencias de prisión contra los líderes independentistas que celebraron un referendo de autodeterminación no autorizado por España en octubre de 2017.

En la misma línea, Rivera hasta mostró un trozo de adoquín de las calles de Barcelona que aseguró que había sido arrojado por manifestantes independentistas contra las fuerzas de seguridad catalanas y españolas en los enfrentamientos del 18 de octubre, uno de los más fuertes de las jornadas de protestas. Pidió un acuerdo interpartidista para volver a aplicar un artículo de la Constitución, el 155, que suspende la autonomía de la región catalana.

Abascal, cuya lucha contra el independentismo es uno de sus principales frentes de batalla electoral, fue un paso más allá: prometió ilegalizar los partidos que defienden la separación catalana de ganar las elecciones y “esposar” a Quim Torra, el actual presidente de Cataluña.

Por su parte, Iglesias fue el único que abogó por el diálogo en esta parte del debate: “Todos ustedes saben que lo de Cataluña solo se puede resolver con diálogo y sentido común”, sentenció.

Precisamente mientras transcurría el debate, Barcelona vivió una manifestación contra la presencia del Rey de España Felipe VI en la ciudad, convocada por los movimientos independentistas. Varios manifestantes quemaron fotos del monarca y se concentraron frente al edificio donde la familia real otorgaba los premios Princesa de Asturias.

El fantasma de Franco sobrevoló el debate de la mano de Vox

“A una familia se le obligó a desenterrar un muerto y decirle dónde enterrarlo”. Abascal se refirió así a la reciente exhumación del dictador español Francisco Franco, que estaba sepultado en un monumento honorífico que recordaba a los caídos durante la Guerra Civil española (1936-1939). Franco gobernó España antidemocráticamente durante treinta y seis años. También aseguró que todos los muertos debían respetarse, tanto la Pasionaria, líder política de izquierdas exiliada por la dictadura, como Franco.

El candidato de UP fue quien más rápidamente salió al paso de estas declaraciones y defendió la memoria histórica en España para asegurar que las políticas de reparación hacia las víctimas del franquismo no “abren heridas” sino que las “cierran”.

Seguidores del dictador español Francisco Franco le rindieron homenaje en el Valle de los Caídos el día de su exhumación, el 24 de octubre de 2019
Seguidores del dictador español Francisco Franco le rindieron homenaje en el Valle de los Caídos el día de su exhumación, el 24 de octubre de 2019 Sergio Perez / Reuters

Sánchez también opinó al respecto de los comentarios de Abascal, y en un tono propositivo que caracterizó la mayoría de sus intervenciones prometió tipificar los delitos de apología del franquismo y disolver la Fundación Francisco Franco, una asociación en memoria del dictador que actualmente está en funcionamiento en España.

El presidente en funciones también aprovechó para pedir a los partidos de derechas del PP y Ciudadanos que crearan un “cordón sanitario” frente a la ultraderecha de Vox “como se hace en Alemania” con el partido Alternativa para Alemania (AfD). En la comunidad autónoma de Andalucía, por ejemplo, gobiernan en coalición los conservadores y liberales gracias al apoyo de Vox.

Propuestas económicas e internacionales se vieron relegadas

El debate catalán y los ataques entre todos los partidos alrededor de los posibles pactos eclipsaron gran parte del encuentro televisado. Sin embargo, los candidatos lograron incluir algunas propuestas concretas alrededor de la economía o la política exterior.

Por ejemplo, Sánchez puso sobre la mesa la gratuidad de la educación entre los 0 y los 3 años, impulsar un parque de vivienda pública y aprobar el derecho a la muerte digna. También anunció la creación de una vicepresidencia económica con la actual ministra Nadia Calviño al frente, una política reconocida por levantar las simpatías de agentes económicos como el Banco Central Europeo o el Fondo Monetario Internacional, quienes han pedido recortes a España.

Casado reivindicó la importancia de las pensiones y prometió “ir a Bruselas para decir que el campo español, también la pesca y la costa” son esenciales para el bloque europeo, frente el cual aseguró que revitalizará el papel de España.

Por su parte, Rivera defendió el “firmar acuerdos de libre comercio con Latinoamérica” y “perseguir la corrupción”. También criticó las propuestas que suben impuestos, puesto que consideró que solo lograran “estrangular a la clase media”.

Iglesias fue el candidato que más hincapié hizo en las políticas sociales. Recordó que la Constitución española no solo debe servir de “arma arrojadiza” contra los independentistas catalanes sino que también detalla que los “salarios tienen que ser suficientes” y que “la vivienda es un derecho”. En este sentido, propuso aumentar el salario mínimo a 1.200 euros.

Las propuestas de Abascal se dirigieron hacia “defender los trabajadores y productos” españoles frente al “globalismo”: “el multilateralismo nos ha llevado a la indefensión”, puntualizó. También propuso leyes contra la inmigración ilegal y legal mucho más severas y denunció la “islamización” de España.

Cuatro elecciones generales en cuatro años

Las elecciones del 10 de noviembre serán los cuartos comicios generales que se celebran en España en cuatro años. Todas son fruto de repeticiones de elecciones que no lograron una aritmética favorable a los pactos, tanto en 2015 como en abril de 2019.

Esto evidencia el fuerte bloqueo político que vive el país. Ni el bloque de derechas ni el bloque de izquierdas logra sumar suficientes votos como para gobernar. Estos comicios podrían dejar un panorama aún más fragmentado.

El PSOE y UP estuvieron meses dialogando para tratar de lograr un acuerdo, pero ambas formaciones políticas consideraron que las exigencias de la otra eran excesivas. Por eso, la apuesta de Sánchez recientemente ha sido la de gobernar en solitario.

Las urnas decidirán el próximo domingo si contará con suficentes votos para hacerlo.

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