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España repite elecciones en menos de siete meses: ¿cómo se llegó a este escenario?

Los principales candidatos de las elecciones generales de España durante el debate del 4 de noviembre. De izquierda a derecha: Pablo Casado (PP), Pedro Sánchez (PSOE), Santiago Abascal (Vox), Pablo Iglesias (Unidas Podemos) y Albert Rivera (Ciudadanos).
Los principales candidatos de las elecciones generales de España durante el debate del 4 de noviembre. De izquierda a derecha: Pablo Casado (PP), Pedro Sánchez (PSOE), Santiago Abascal (Vox), Pablo Iglesias (Unidas Podemos) y Albert Rivera (Ciudadanos). Susana Vera / Reuters

El bloqueo político que sufre el país ha propiciado que en los últimos cuatro años se hayan realizado cuatro elecciones y que el Gobierno haya permanecido varios meses en funciones en 2016 y en 2019. ¿Qué pasa en España?

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España vuelve a unas elecciones generales siete meses después de la celebración de las últimas. El bloqueo político que sufre el país hizo que Pedro Sánchez, el candidato con más votos tras las elecciones del 28 de abril de 2019, no obtuviese los apoyos suficientes en el Congreso de los Diputados para ser investido. Esto llevó a España a una situación que no es novedosa, pero sí reciente históricamente.

Desde la llegada de la democracia en 1978, España se caracterizó por ser uno de los países más estables en cuanto a lo político. Dos partidos se hicieron con la hegemonía tanto de izquierda y derecha. Y se alternaron el Gobierno durante varias décadas.

El Partido Socialista Obrero Español (PSOE) de tendencia socialdemócrata, es el que más tiempo ha estado en el poder, en muchos casos con mayoría absoluta y en otros con pactos puntuales de investidura con las fuerzas nacionalistas vascas y catalanas. Algo similar realizaron los conservadores del Partido Popular (PP). Pero tras la crisis económica cambió todo y el sistema de partidos tradicional se fragmentó poco a poco en hasta cinco grandes partidos, a los que hay que sumar la creciente fuerza de los nacionalismos periféricos.

España, por tanto, es un país poco acostumbrado a las coaliciones a nivel nacional, a las negociaciones de Gobierno y a los pactos. Algo que es sorprendente porque en su entorno geográfico es muy habitual. Países como Bélgica o Alemania gobiernan por coalición desde hace años.

Pero la realidad actual es una. El país ha sufrido un cambio en las tendencias de voto en los últimos cinco años que el sistema aún no ha sabido procesar. Para Carlos Gómez Gil, politólogo y profesor de economía aplicada de la Universidad de Alicante, este escenario es "un enorme fracaso del sistema político y de los partidos" a los que les atribuye "la responsabilidad" del bloqueo.

Sistema parlamentario de elección del presidente

España es una monarquía parlamentaria y a efectos prácticos lo que se denomina como "presidente" viene a ser un primer ministro con grandes capacidades. Pero su elección no es directa por parte del votante, como sucede en las repúblicas presidencialistas latinoamericanas, lo elige la Cámara Baja, es decir, el Congreso de los Diputados. La ciudadanía previamente elige la composición y división de esa Cámara.

Esto hace que para ser investido el candidato más votado, este cuente con mayoría absoluta en la Cámara Baja o se vea obligado a negociar con otras formaciones para obtener la mayoría. Y ahí es donde surgen los problemas.

Los partidos tienen la convicción histórica de que el que gana las elecciones, gobierna... Y esto ya no es así. Además, como asegura el profesor Gómez Gil, "el personalismo dentro de los políticos españoles es muy grande y eso hace que se realicen vetos que son más personales que ideológicos", como ocurrió entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, líder de Unidas Podemos.

"Los líderes de todos los partidos a nivel nacional son extremadamente jóvenes y gozan de un gran carisma. De los cinco principales partidos todos sus líderes rondan los 40 años y alguno ni los alcanza. Esto hace que tengan un recorrido político corto", asegura Gómez Gil.

El peso del desencuentro entre la izquierda

El 28 de abril los partidos del ala izquierdista y de centro izquierda ganaron ampliamente al bloque de la derecha formado por el clásico Partido Popular, Ciudadanos y el partido de extrema derecha Vox. Las fuerzas progresistas, junto con las regionalistas y nacionalistas se vieron obligadas a negociar.

El PSOE de Pedro Sánchez ganó las elecciones al obtener 123 escaños en el Congreso y el rey Felipe VI lo propuso como candidato. Los problemas comenzaron a surgir porque la formación izquierdista Unidas Podemos exigía un Gobierno de coalición con una distribución proporcional al número de votos obtenidos por las dos fuerzas. El PSOE se negó y Pedro Sánchez llegó hasta vetar a Pablo Iglesias, que incluso estuvo dispuesto a no ser ministro para continuar con las negociaciones. Aun así, el acuerdo no llegó.

El PSOE ganó las elecciones y junto a los izquierdistas de Unidas Podemos y los soberanistas de ERC y nacionalistas ganaron en número de escaños y votos al bloque de derechas formado por el PP, Ciudadanos y Vox.
El PSOE ganó las elecciones y junto a los izquierdistas de Unidas Podemos y los soberanistas de ERC y nacionalistas ganaron en número de escaños y votos al bloque de derechas formado por el PP, Ciudadanos y Vox. France 24

La politóloga e investigadora de la Universidad Autónoma de Barcelona, Berta Barbet, cree que "esta exigencia de Pablo Iglesias se dio tras sufrir un claro desgaste al apoyar a Sánchez tras la moción de censura de junio de 2018. Hay personas que piensan que exigió demasiado, pero también es cierto que Pedro Sánchez se vio lo suficientemente fuerte como para gobernar en minoría".

Por su parte, el profesor de ciencia política de la Universidad Carlos III de Madrid, Pablo Simón, asegura que "no se llegó a un acuerdo porque las dos formaciones creían que si se repetían elecciones mejorarían sus resultados. El PSOE pensó que no había tocado techo y Unidas Podemos que había tocado fondo y podía mejorar en otros comicios". Los sondeos parecen desmentir estas teorías.

Durante varias semanas, las posiciones estuvieron lejanas entre los dos partidos hasta que llegaron las sesiones de investidura del 23 y 25 de julio. En la primera de ellas Sánchez necesitaba la mayoría absoluta de 176 diputados para ser elegido presidente. Algo que no sucedió. Dos días después se celebró la segunda sesión donde se necesitaba una mayoría simple, es decir más votos afirmativos que negativos. Esto tampoco salió adelante.

Sánchez logró solamente las abstenciones de la mayoría de regionalistas y nacionalistas y de Unidas Podemos. Algo insuficiente. Tan solo un partido regionalista apoyó al presidente y con ello comenzó una cuenta atrás para negociar hasta septiembre, que tampoco dio resultados.

Barbet asegura que "el sistema político español está muy polarizado en bloques y ninguno de ellos ha sumado la mayoría necesaria en las últimas cuatro elecciones, esto hace que se dependan de nacionalistas vascos e independentistas catalanes para formar Gobierno, algo que incomoda mucho a los partidos".

Un bloqueo similar ya se produjo en 2016

En 2016 España vivió algo similar. Tras las elecciones de diciembre de 2015, los resultados dieron dos bloques muy igualados que dependían de los nacionalistas. Ninguno consiguió sumar y se repitieron elecciones en junio de 2016. Los resultados fueron similares y luego de tres meses de negociaciones todo parecía que las terceras elecciones eran inevitables, hasta que el PSOE cedió y se abstuvo ante un Gobierno del Partido Popular, que en esa ocasión había ganado las elecciones.

Esta abstención causó un auténtico terremoto en el partido e hizo dimitir a Pedro Sánchez de su secretaría general, aunque meses después regresase. Esto hace que, según asegura el profesor Gómez Gil, "desde el PSOE se pida una abstención del Partido Popular, algo que ahora mismo ni se plantea por parte de la derecha".

Además, como asegura la profesora Barbet "sería una solución a corto plazo, porque al año siguiente se deberían votar los presupuestos y ahí Sánchez volvería a necesitar una mayoría y si no la consigue, tendría que convocar elecciones de nuevo".

Aun así hay algunas diferencias respecto a 2016. Ahora hay un quinto actor clave que podría ser la tercera fuerza en el Parlamento: el partido ultraderechista Vox. Hace tan solo año y medio no tenía ni representación en los sondeos y ahora podría alcanzar hasta 50 escaños.

Algunas formaciones como el Partido Socialista han planteado durante la campaña que se debería dejar gobernar al partido más votado en caso de que no hubiera un pacto entre las otras listas. Algo que desde el Partido Popular no se ve mal, pero que no gusta a Unidas Podemos, ni a Ciudadanos ni a Vox. El politólogo Pablo Simón cree que para hacer eso "habría que reformar todo el sistema, porque nuestro sistema es parlamentario y tiene estas reglas de juego".

Un futuro incierto

Las elecciones dejarán variaciones significativas entre los partidos, pero no entre los bloques. Simón cree que la abstención será fundamental y augura una "caída en la participación en la derecha e izquierda de hasta un millón de votos en cada lado". Por lo tanto será necesario negociar.

Gómez Gil asegura que "varios de sus compañeros" no consideran la posibilidad de que se puedan repetir elecciones por tercera vez "porque la desafección ciudadana sería muy grande". "El cansancio hacia la política es muy significativo entre los españoles y en especial entre el votante de izquierdas. Lo único que les puede motivar a salir a votar es el auge tan grande de la ultraderecha. Es decir, el voto del miedo".

Berta Barbet da dos opciones para que no se produzcan esas repeticiones. "Lo primero que podría pasar es que PSOE y Podemos lleguen a un acuerdo y sean apoyados por una serie de partidos nacionalistas, algo que ahora parece muy difícil. Lo otro que podría pasar es que Pablo Casado, líder del conservador Partido Popular, decida abstenerse, pero yo lo veo dificilísimo".

Una repetición electoral sería nefasta para el país y la Unión Europea, tal y como apuntan los tres analistas. En primer lugar, España lleva más de año y medio sin actualizar los presupuestos. Se debe recordar que Sánchez convocó elecciones en abril porque sus presupuestos no fueron aprobados. Algo que, como señala Barbet, "es muy perjudicial y más a las puertas de una crisis económica".

El líder ultraderechista, Santiago Abascal, dando un discurso en campaña en la ciudad de Hospitalet de Llobregat, Barcelona. 31 de octubre de 2019.
El líder ultraderechista, Santiago Abascal, dando un discurso en campaña en la ciudad de Hospitalet de Llobregat, Barcelona. 31 de octubre de 2019. Albert Gea / Reuters

Además, el profesor Simón cree que la abstención "bajaría alarmantemente en beneficio de los partidos populistas, en especial del ultraderechista Vox". "Los moderados son los primeros que se hartarían de la situación y esto es algo que podría capitalizar mucho el partido de Santiago Abascal".

Por lo tanto, España acude a unos comicios bajo un halo de desafección política grande y un bloqueo intermitente que se prolonga desde hace cuatro años. Los pactos volverán a ser necesarios para obtener un Gobierno y ninguno de los bloques obtendrá una mayoría clara, pero ante una situación cada vez más límite para el sistema los líderes deberán preguntarse: ¿diálogo o bloqueo?

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