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Crisis en España

Más allá de Cataluña y Franco: el desempleo y la desigualdad es lo que más afecta a los españoles

Imagen de una persona en situación de "extrema vulnerabilidad" en las calles del centro de Madrid, España, el 16 de octubre de 2019. La Cruz Roja atiende cada año en la Comunidad de Madrid a más de 21.000 personas en esta situación, lo que a su juicio constata que "la recuperación económica no alcanza a los sectores más vulnerables".
Imagen de una persona en situación de "extrema vulnerabilidad" en las calles del centro de Madrid, España, el 16 de octubre de 2019. La Cruz Roja atiende cada año en la Comunidad de Madrid a más de 21.000 personas en esta situación, lo que a su juicio constata que "la recuperación económica no alcanza a los sectores más vulnerables". Juan Carlos Hidalgo / EFE

La campaña electoral coincidió y estuvo marcada por manifestaciones en la región autónoma y la exhumación del dictador. Pero los deberes del próximo Gobierno español son aún mayores, con daños sociales que se han acumulado desde la crisis de 2008.

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Hace unos días, Micaela, de 72 años y de Valladolid (noroeste), necesitaba cambiar un billete a monedas. Lo más cerca que tenía era un Banco de Alimentos, una organización que actúa en red con empresas e instituciones, muchas religiosas, para recuperar excedentes de supermercados y recoger aportaciones de alimentos. Consciente de que "muchos, si pagan su casa, no tienen qué comer, o los hay que ni llegan a fin de mes", aprovechó el cambio e hizo un donativo.

El gesto fue de lo más casual, pero en su memoria, al preguntarle por las problemáticas que ve en su entorno, esa fue la imagen que evocó. La presencia del Banco y la de sus pares, otros abuelos, no es su caso, teniendo que hacer "mesa redonda, para ayudar y dar de comer a hijos y nietos".

En la cima de esa imagen de Micaela, "problema fundamental" de España, según la economista catalana Àngels M. Castells, hay una "desigualdad creciente que invisibiliza a muchas personas", cuyo punto de partida es el desempleo. Así lo creen los propios españoles desde la década de los 80, cuando el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) inició sus cuestionarios, pero aún más desde septiembre de 2008, cuando la crisis económica derribó la 'burbuja inmobiliaria', mutando a su vez en una crisis social, política e institucional sin fin, porque todavía existe.

Un desempleo no recuperado vs. un empleo cada vez más precario

El pasado junio, el Gobierno festejó con optimismo una subida de la población activa, con más de 23 millones de personas. También que el paro hoy supone casi el 14% de esa población (13,92%), lejos del 25,77% de finales de 2012 y del 26,94% de principios de 2013. Sin embargo, "seguimos teniendo una elevada tasa de paro de 3,2 millones", puntualiza Ana Fernández Viso, investigadora en desarrollo y agenda mediática, y profesora de la Universidad Autónoma de Barcelona (noreste).

Esa cifra no solo es casi el doble de antes de la crisis (2007 cerró con un 8,57%), sino que octubre aumentó en 97.948 el número de desempleados, en una tendencia de desaceleración del empleo que, si bien no baja el ánimo de cierta recuperación económica por la reducción de parados, se le debe añadir 2 millones de españoles "infrautilizados". De acuerdo con Asempleo, son las mujeres, los jóvenes, los extranjeros, las personas con baja cualificación, y los empleados parciales los que alimentan esa fuerza de trabajo no usada y que no se beneficia tanto del nuevo empleo, como sí lo hacen los hombres o los adultos de entre 45 y 54 años.

"La crisis de 2008 supuso un deterioro del mercado de trabajo y del sistema social, un deterioro del Estado de Bienestar, bajó las condiciones de vida. En 2014-2015, se empezó a recuperar un crecimiento, pero a expensas de la gente, porque no creció la vida", relata la economista vasca Miren Etxezarreta, coincidiendo con Fernández Viso, para quien aquellos datos positivos de 2014 "en la mayoría de la población no se han notado, con una desigualdad que se ha visto en cómo las clases altas incrementaban su renta y las pequeñas disminuían su empleo".

Habrá disminuido el paro, pero el saldo de esa bajada económica a los infiernos que fue la crisis se ha traducido en España en una precarización y desalarización del trabajo, máxima alarma para los citados en este texto. "España está fuera del proceso de crecimiento de los empleos altamente cualificados del resto de Europa. El empleo recuperado es más precario (…) somos rehenes de las consecuencias de la crisis", contextualiza el sociólogo Luis Sanzo González, responsable del área de estadística del Departamento de Empleo y Políticas Sociales del Gobierno Vasco (norte).

Algo que comparte Micaela, que con cinco nietos se lamenta de que "los jóvenes cualificados no tienen trabajo, aunque están preparados; médicos que tienen que estar barriendo calles, mientras que otros esperan tener más suerte". En ese "tener más suerte", Etxezarreta introduce una crítica en torno a los jóvenes, a quienes se les "habla de emprendeduría, ahogándose por su cuenta en una estructura de trabajo que ha cambiado", lo que ha provocado "una incertidumbre tremenda y un cambio en la mente de la gente que tiene la convicción de que esto es lo que hay".

Empleo inestable y salario insuficiente, un efecto dominó para los españoles

En esa cima de la desigualdad social, este tipo de empleo ha sido la avalancha; los problemas de índole económica que los españoles han referido al CIS como su tercera preocupación, ya que un contrato de 6 meses, una semana o un día no garantiza independizarse o acceder a una vivienda y poder costear suministros, facturas y comida. Con el añadido de que uno de cada tres hogares españoles no podría asumir además un gasto imprevisto, o pensar siquiera en irse de vacaciones.

En lo referente a la vivienda, "en los últimos dos años (esta) se ha encarecido en España un 30%, al mismo tiempo que los suministros se han incrementando, ocupando el dinero de las familias", cuenta Raúl Flores, coordinador del equipo de Estudios en Cáritas Española y Fundación Foessa, lo que amplía la investigadora Ana Fernández Viso con el pequeño comercio, ya que "sus precios de alquiler han encarecido (…) y los partidos no han dedicado tiempo al tema de la vivienda".

Pagar una hipoteca en el país cuesta, según estadísticas de Tinsa, un importe mensual medio de 587 euros, pagando en Islas Baleares (costa este) unos 863 euros y en Lugo (noroeste) unos 345 euros. Un "esfuerzo hipotecario" que conllevaría un 20,1% del ingreso familiar neto, sin mirar a Málaga (sur), donde las familias le dedican más de una cuarta parte de sus ingresos. En esa línea, los alquileres más caros, que a falta de estadística pública se miran por las fianzas, estarían en Madrid y Barcelona, con 819 y 769 euros respectivamente, mientras que las mayores tasas serían las de Canarias y Baleares, "inalcanzables para las familias más humildes", expresa Flores.

Porque el salario mínimo (SMI) creció en enero de 2019 un 22,3%, un ascenso a 30 euros diarios o 900 euros mensuales, con el que el Gobierno quería "luchar contra la pobreza, aumentar el nivel de vida de las personas peor retribuidas y fomentar un incremento salarial dinámico", yendo hacia la Carta Social Europea que exige 1.126 euros mensuales. Solo que en paralelo se ha encarecido el precio de la luz y el gas, con subida récord en Europa. Y es que en diez años, el recibo de energía eléctrica ha crecido un 66,8% contra el 28,2% europeo, siendo así el quinto país más caro, pero el octavo más caro cuando se mira el consumo industrial, cuya subida fue alta, pero inferior a la de uso doméstico. Ídem con el gas, por el cual es el tercer país con la mayor subida en ese tiempo, con un 25,4% frente a 9,1% de media europea.

Vista de una manifestación convocada por la plataforma 'Stop Desahucios' frente a la sede del Gobierno Vasco en la capital donostiarra, para denunciar un "nuevo desahucio" de una vivienda de VPO en régimen de alquiler, en San Sebastián, el 30 de octubre de 2019.
Vista de una manifestación convocada por la plataforma 'Stop Desahucios' frente a la sede del Gobierno Vasco en la capital donostiarra, para denunciar un "nuevo desahucio" de una vivienda de VPO en régimen de alquiler, en San Sebastián, el 30 de octubre de 2019. Juan Herrero / EFE

Si durante la crisis, movimientos sociales como la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) ayudaban a frenar ejecuciones hipotecarias, hoy, según Fernández, tienen que parar desahucios en propiedades y alquileres. El Banco de España había advertido que la subida del SMI "subiría los precios a un ritmo mayor" y "ralentizaría la creación neta de empleo" destruyendo a largo plazo 160.000 puestos, si no se cubrían unos problemas que son intactos. A saber los contratos 'basura', un paro casi sin cobertura, despidos facilitados, poca innovación productiva y una falta de redistribución, que defienden Castells y Etxezarreta como pieza clave, para "que se dé más a quien más lo necesita", ya sea de "impuestos a clases altas o a las empresas".

"Hay un bloque grande de personas que viven en precariedad no por no tener empleo o vivienda, sino que en su día a día no viven con seguridad económica", dice Sanzo, mientras Fernández lo refuerza con "que peores condiciones de trabajo; vivienda, energía y alimentación disparados; han llevado a un descenso social", cuando la población "lo que quiere es una vida digna".

El riesgo de una "emergencia social", dentro de una emergencia política

Micaela se sabe con la suerte que decía porque tiene una "pensión bien". Pero piensa en quienes trabajaron el campo, o incluso en ella misma que al ser viuda cobra menos que si hubiera sido viudo. Esa igualdad de género salarial y sin violencia contra la mujer, el abandono de lo rural, la educación y la subida de pensiones mínimas, son otras inquietudes de los hogares, así como lo son la corrupción y los políticos. Para los jóvenes hay además una conciencia por lo ambiental.

Sin embargo, en cuatro años, con cuatro elecciones, esos temas han quedado en "parálisis" porque la "ley fundamental" que los distribuye, como indica Fernández Viso, "la ley sobre cómo se gastará el dinero de todos", los Presupuestos Generales del Estado, ha sido prorrogada en los últimos cuatro años por un bloqueo de los políticos "que no han conseguido aprobarlos", ni formar un Gobierno. "Cuatro años perdidos (en los que) no se ha producido una garantía de ingresos para enfrentar la pobreza de los más desfavorecidos", señala el sociólogo Sanzo González.

Y ahí es donde actúan en España los movimientos u organizaciones como Cáritas. La mirada de Flores es que "buena parte del empleo creado no integra a las familias, no garantiza condiciones mínimas de vida, ni pagar una vivienda. Derecho humano que hoy es un bien de inversión y no un espacio de seguridad". El trabajo, según Flores, debe recuperar "sus capacidades de integración", "una capacidad económica, pero también una integración social, porque la gente no está creando los lazos de compañerismo que necesitamos para una realización social".

La emergencia no es solo que España sea el sexto país con mayor diferencia de ingresos entre clases altas, medias y bajas (OCDE). O que las empresas con menos de diez trabajadores sean el 40% de la fuerza laboral. Sino que el riesgo de exclusión social afecta ya a más de 8,5 millones de personas, 1,2 millones más que antes de la crisis, según Foessa, mientras que 1,8 millones sufren ya la exclusión social y otros 2,4 millones están en situación de pobreza severa. Sin contar, como narra Raúl Flores, "que hay un grupo de personas que llevan diez años a la intemperie (…) vemos una emergencia social en la que muchas familias tienen problemas acumulados".

Un retrato "enquistado en la sociedad, naturalizado", que muestra una forma más de desigualdad. Y la salud es una de sus máximas expresiones. "Desde Cáritas, lo vemos vinculado a la exclusión porque las condiciones en la salud se deterioran, desde personas con discapacidad o las que son dependientes para comprar o cocinar, no hay ayudas. El 16% de la gente necesita un tratamiento dental y no tiene recursos para pagarlo". "Las rentas altas -añade Ana Fernández Viso- pueden acceder a una sanidad privada, pero las bajas, con la pública, ven resentidas esas posibilidades".

España crece, al igual que el desencanto y el malestar

"Hay políticos en los que puedes creer un poco, pero luego, al hablar, nada. Van a subir al podio y luego cambian las cosas", sentencia Micaela, de Extremadura (suroeste), "del pueblo llano" como cuenta, que a los 20 años vio pobreza en su tierra y no dudó en llevarse a su hija a Valladolid.

Micaela es una voz entre 47 millones de españoles, 2.545.729 en el extranjero. No obstante, ante este panorama, en el que la desigualdad, la pobreza y la exclusión crecen como crece España, su desencanto se ha generalizado. En forma de malestar, bajo la idea de que los políticos españoles son "incapaces" de solucionar los problemas; pero también en forma de resignación, "de que no podemos hacer nada". Y es ahí donde la extrema derecha Vox ha encontrado su abono.

Una persona del colegio electoral en el CEIP Pi i Margall de Madrid coloca las listas con las diferentes candidaturas que concurren a las elecciones generales del 10 de noviembre de 2019.
Una persona del colegio electoral en el CEIP Pi i Margall de Madrid coloca las listas con las diferentes candidaturas que concurren a las elecciones generales del 10 de noviembre de 2019. J.J. Guillén / EFE

"Los riesgos (de eso) ya los estamos experimentando, estamos asistiendo a un periodo oscuro de descomposición social, demostración de un malestar, de nacionalismos…", describe Etxezarreta, consciente como el sociólogo catalán Benet Fusté que se enmarca "en una incertidumbre global", "que no hemos visto suficientemente recogida en campaña. Mucho reproche mutuo por repetir las elecciones, Franco, Cataluña, pero no el malestar de la sociedad española".

La exhumación del dictador y el deseo independentista de una parte de los catalanes ocuparon gran foco del debate, que solo fue uno, con una campaña de solo una semana. También se trató una política fiscal y laboral, como rescata Fernández Viso, "temas que no se han profundizado, ya sea por no destapar sus cartas o por medidas impopulares" y que al no ser profundizados en medios "no sensibilizan a los políticos, no lo acaban de asumir como algo importante".

Aunque "el paro juvenil fue el gran ausente", señala, "los hijos de la crisis que han vivido eso en la adolescencia albergan malestar, no ven futuro para sus vidas. Hay inseguridad en saber dónde se estará en 5 años, problema que parecen obviar".

Problema que lleva los extras de España, según Fusté, "política y geográficamente extraña". No tanto por su desigualdad territorial, sino porque "el país no se desarrolló hasta los 80", "es un país que tiene sus limitaciones, con clases dominantes con gran renta", complementa Etxezarreta, a lo que Sanzo suma "es un país condicionado por el posicionamiento de la Guerra Civil (1936-39)", de ahí la esencia de PP y PSOE, y que Vox "ponga en tela de juicio la Constitución al centralizar competencias como educación y sanidad", cuando para Sanzo "no habría España democrática sin las comunidades autónomas".

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