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Perfil

Evo Morales, el primer presidente indígena de Bolivia

Archivo: El presidente de Bolivia, Evo Morales, asiste a una ceremonia en el puerto de Jennefer, Santa Cruz, Bolivia, el 30 de octubre de 2018.
Archivo: El presidente de Bolivia, Evo Morales, asiste a una ceremonia en el puerto de Jennefer, Santa Cruz, Bolivia, el 30 de octubre de 2018. David Mercado / Reuters

La renuncia del presidente Evo Morales supone el final de una era que lo mantuvo durante 14 años en el poder, después de convertirse a comienzos de 2006 en el primer indígena boliviano en ser elegido.

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Evo Morales renunció y con su dimisión se pone fin al periodo presidencial más largo de la historia de Bolivia. Morales llegó al poder con mayoría absoluta a comienzos de 2006 con un programa progresista siendo el primer candidato indígena electo del país. De ascendencia humilde y orígenes sindicalistas en el mercado cocalero, con el paso de los años su apoyo se fue reduciendo hasta las elecciones del 20 de octubre de 2019, que supusieron el comienzo de su fin.

Hablar de los orígenes de Evo Morales es encaminarse hacia la Bolivia más rural y pobre del altiplano. Proveniente de una familia agricultora y criadora de llamas, desde pequeño su labor fue continuar con el trabajo de sus padres. Ambos indígenas uru y aymara, lengua materna del ya expresidente.

La choza natal de Morales se sitúa cerca de la población de Orinoca, a 430 kilómetros al sur de la ciudad de La Paz, en medio de un altiplano de más de 3.800 metros. Un pueblo que a hoy apenas cuenta con calzadas asfaltadas, pero que desde 2017 tiene un museo dedicado a la figura del exmandatario.

Morales no pudo terminar sus estudios para cumplir el servicio militar obligatorio, donde presenció hasta dos golpes de Estado en su país. Al salir del Ejército, volvió a su región para continuar con las labores agrícolas, pero graves sequías acabaron con gran parte de la producción en 1980 y fue por eso por lo que su familia se vio obligada a mudarse a Cochabamba. Allí surgió el Evo líder cocalero y sindicalista.

El sindicalismo cocalero llevó a Morales a la lucha política

Morales representó durante su carrera sindicalista a los colonos inmigrantes aymaras y quechuas y a los campesinos cultivadores de coca de la región de Chapare. En 1985, Morales llegó a ser elegido secretario general de su partido.

En los noventa comenzó su acercamiento hacia la política cuando se enfrentó por la vía sindical y por medio de huelgas al entonces presidente Hugo Banzer Suárez, que prometió a Estados Unidos acabar con los cultivos de coca. La lucha de los cocaleros y su marcha se difundieron más allá de las fronteras de Bolivia.

Por ser el líder del movimiento contra la erradicación, una coalición internacional de políticos y académicos de izquierda nominó a Morales para el Premio Nobel de la Paz de 1995 y 1996. Desde entonces, Morales intentó difundir sus puntos de vista fuera de las fronteras de Bolivia. Viajó a Europa junto a delegaciones de cocaleros del Trópico, de los Yungas y del Perú para hablar en defensa del cultivo de la coca, aseverando que las políticas antidrogas no distinguían entre la hoja de coca y la cocaína.

Un contundente camino hacia el poder

1997 fue el año de inicio de la longeva carrera política de Evo. Fue el momento en el que para las elecciones del país la Confederación de Trabajadores del Trópico Cochabambino, liderada por Morales, decidió unirse al partido izquierdista del Movimiento al Socialismo (MAS). Su papel dentro del partido fue cada vez más relevante hasta que se presentó a las elecciones de 2002, donde consiguió un espectacular segundo puesto y comenzó su labor opositora.

Aunque el MAS perdiese las elecciones, la figura de Evo salió muy fortalecida y se planteó como una oposición dura al Gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada hasta las siguientes elecciones, donde Morales arrasó con mayoría absoluta. La cuarta en la historia del país.

Las mayorías de Evo y la fortaleza de su programa social

Evo gobernó durante casi 14 años a base de mayorías absolutas y sin prácticamente oposición. En las tres primeras elecciones obtuvo más del 50% de los votos e hizo que su poder aumentase. Con una marcada política progresista, algunos de sus primeros actos fueron reducir su salario un 57%, una campaña de alfabetización o dar prioridad a las diferentes culturas que alberga Bolivia.

Durante sus mandatos, Bolivia se fue acercando hacia los países latinoamericanos donde gobernaba la izquierda. Venezuela, Argentina, Brasil o Cuba se convirtieron en socios fundamentales. A su vez, Bolivia se fue alejando de Estados Unidos.

A su vez se planteó un gran dilema en su Administración. A pesar de contar con un programa que defendía el medio ambiente, Morales tenía su grueso de votantes en personas que explotaban los recursos naturales en su trabajo. Mineros, cocaleros y agricultores eran el grueso de sus electores. Además, para financiar los programas sociales, necesitaba vender esos recursos.

Programas sociales que tuvieron como foco central la mejora del sistema sanitario. Según la Organización Mundial de la Salud, el presupuesto en Sanidad se aumentó entre 2007 y 2014 un 173%.

En el plano económico, desde su inicio, Morales decretó la estatización definitiva de los recursos hidrocarburíferos del país, cumpliendo así una de las promesas electorales realizadas en su campaña por la Presidencia.

Similar orientación económica tuvieron los siete decretos sobre la distribución de las tierras, donde se ordena entregar títulos de propiedad de tierras estatales a campesinos pobres, en particular indígenas. Estas medidas fueron parte de un plan mucho más ambicioso: la estatalización de los latifundios para su redistribución entre los trabajadores agropecuarios, históricamente en una situación de explotación.

Sin embargo, su perfil se fue convirtiendo en una figura cada vez más polémica. Algunos críticos le acusaron de copar el poder y tener un marcado personalismo. Este personalismo le llevó a construir un palacio presidencial que fue tildado como “megalómano”. Esta nueva sede de la presidencia es un edificio de 29 plantas.

Las voces de crítica aumentaron tras diversas confrontaciones con diferentes colectivos indígenas y sobre todo tras volver a presentarse a la presidencia cuando el límite del número de mandatos se había superado.

Bajo este contexto llegaron las elecciones de octubre de 2019, más igualadas que nunca entre el principal líder opositor, Carlos Mesa, y el oficialista Morales. El recuento de los comicios tuvo una gran polémica: cuando todo indicaba que Evo iría a segunda vuelta, los recuentos se paralizaron por casi 24 horas. Cuando se reanudó el recuento, Morales tuvo una espectacular remontada que le permitió evitar la segunda vuelta y ganar por más del 10% necesario.

Desde entonces comenzaron las revueltas en todo el país, los enfrentamientos entre los partidarios oficialistas y los opositores y la auditoría de la OEA para comprobar si los resultados eran fiables. Tras el pronunciamiento de la Organización de Estados Americanos todo se precipitó ya que la recomendación macro fue la repetición de elecciones; la Central Obrera y las Fuerzas Armadas negaron su apoyo a Morales y este se vio obligado a dimitir.

Con su renuncia se abre un periodo de incertidumbre prácticamente inédito en Bolivia en las últimas décadas. Junto a Morales, todo su entorno más cercano también dimitió. Bolivia esclarecerá su futuro en las próximas jornadas con nuevas elecciones, pero algo está claro, el adiós de Morales supone un antes y un después en la historia política boliviana.

Con EFE

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