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Irak: la plaza Tahrir en Bagdad habla de sus muertos

Vista general de la plaza Tahrir, durante las protestas contra el Gobierno en curso, en Bagdad, Irak. 5 de noviembre de 2019.
Vista general de la plaza Tahrir, durante las protestas contra el Gobierno en curso, en Bagdad, Irak. 5 de noviembre de 2019. Ahmed Jadallah / Reuters

Las carpas que se usan en épocas de peregrinaje religioso se convirtieron en el albergue de cientos de personas en la plaza Tahrir, desde el pasado 25 de octubre, cuando reiniciaron las protestas que comenzaron a principios del mes.

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Las ollas gigantes en las que durante la ceremonia de Arbain -entre 15 y 17 del mes- se preparaban los potajes para los peregrinos que caminaban hasta la ciudad sureña de Kerbala, para conmemorar la celebración de los 40 días de la muerte del Imam Hussein, -la figura más adorada por el chiísmo- hoy sirven para preparar la comida de cientos de hombres y mujeres, la mayoría jóvenes, que lideran las protestas en Bagdad. O la “Revolución”, como muchos iraquíes se refieren a estas movilizaciones.

Pero el ambiente de esperanza, especialmente de orgullo y sentido patriota que dominó la plazoleta en los primeros días, también ha pasado a estar permeado por un sentimiento de abandono, rabia e incluso de temor. Muchos doctores, activistas y demás voluntarios se sienten perseguidos y no dejan de advertir sobre los infiltrados que los tienen señalados. La foto de una activista, desaparecida hace pocos días después de pasar tiempo en Tahrir, está pegada en muchas de estas carpas. Como también lo están las imágenes de las más de 300 personas que han muerto en todo Irak desde que empezaron las protestas. Algunos de ellos son menores de edad.

La comisión de derechos humanos del parlamento iraquí aseguró este domingo que 319 personas fallecieron y más de 15.000 quedaron heridas. Solo en el fin de semana, 16 personas murieron en los alrededores de la plaza, de las cuales siete perecieron el domingo. La organización no gubernamental Amnistía Internacional denunció que es un “baño de sangre” lo que está sucediendo en el país. Han documentado el uso de francotiradores, rifles de caza, bombas sonoras, entre otros.

Esto mismo confirman en Tahrir. A falta de internet para subir los miles de videos que guardan los asistentes en sus teléfonos, todos abordan a los visitantes para mostrarles en directo el registro de las arbitrariedades que se han cometido desde que comenzaron las protestas el 1 de octubre.

Manifestantes que se congregaron en la calle Al Rasheed, cerca a la plaza Al Tahrir, en Baghdad, Irak.
Manifestantes que se congregaron en la calle Al Rasheed, cerca a la plaza Al Tahrir, en Baghdad, Irak. EFE / EPA / MURTAJA LATEEF

Los iraquíes que han sido testigos de la violencia desatada en Tahrir

En medio de esta crisis hay mil historias por contar. Una de ellas es la de Mohammed, un joven de 23 años que estuvo en uno de los tantos puestos de atención médica ubicados en la zona. Allí le brindaron un poco de suero, con el que ayudó a limpiar los ojos de los jóvenes que están en la línea que divide a los manifestantes de las fuerzas iraquíes en las cercanías de la plazoleta Al Khalami.

En su teléfono móvil, Mohammed registró la imagen de un hombre que perdió una parte de su cabeza. Las imágenes son difíciles de ver. El pasado lunes, una de las tantas canicas que contiene gas, las mismas que coleccionan en la plaza para documentar los ataques, chocó en la cabeza del joven y el golpe violento le abrió la piel.

El joven intentó mostrar otro de los video grabados con su teléfono, pero el sonido de los gases cayendo a lo lejos, lo distrajo y lo obligó a partir. A lo largo del día, decenas de jóvenes afectados por el gas fueron transportados de esa zona por los carros de dos plazas conocidos como tuks tuks, símbolos de estas protestas.

Muchos jóvenes fueron atendidos en puestos de salud, algunos vomitaban y apenas podían ver. Otros más graves fueron transportados a los hospitales. “Estos jóvenes han perdido la esperanza, no tienen nada que perder. Así que minutos después de sentir que se encuentran bien, regresan a las protestas." dijo Yousef, un médico iraquí radicado en el extranjero y que regresó a su país para dar apoyo en las calles.

Manifestantes huyen del gas lacrimógeno en la plaza Tahrir durante una de las protestas en Bagdad, Irak.
Manifestantes huyen del gas lacrimógeno en la plaza Tahrir durante una de las protestas en Bagdad, Irak. Wissm al-Okili / Reuters

Mohammed no es el único que cree que lleva un botín en su teléfono. Un hombre mayor que quiso mantenerse en el anonimato, fotografió con su dispositivo móvil una de las latas que contiene gas, incrustada en la pierna de un hombre al que identificó como su cuñado. Y, en otra imagen, se veía la gran herida que le quedó después de que se la extrajeron. Actualmente, el hombre se recupera en el hospital.

“Yo creo que esto sólo puede ser obra de las milicias. No creo que las fuerzas iraquíes se atrevan a atacarnos de la forma en que lo hacen”, dijo un hombre que interrumpió la conversación. Otras versiones aseguraron que algunos milicianos se visten con uniformes de las fuerzas iraquíes, pero muchos se niegan a creer que sean sus mismas fuerzas las que los estén atacando de esta forma.

El domingo, el primer ministro Abdul Abdel Mahdi aseguró que las fuerzas de su país tenían prohibido disparar municiones reales y abusar de la fuerza contra los manifestantes.

Pero, en Tahrir dicen que es demasiado tarde. “Nosotros no somos terroristas, somos gente normal y aun así nos atacan”, afirmó Fátima, una iraquí que asistió a las manifestaciones junto a su hijo de 15 años. “Tenemos que apoyar estos jóvenes, ellos no tienen futuro. Este país les ha robado todas las oportunidades”, agregó. Lo mismo repetían dos mujeres cristianas que llegaron a la plaza con banderas de Iraq en la mano.

“Mi hijo tuvo que irse del país pues aquí no podía encontrar nada. Si no se está conectado con alguien en el poder, y si no se paga mucho dinero para poder acceder a un trabajo, no hay oportunidades para nadie”, dijo una de ellas, reiterando lo que se ha dicho durante los últimos días: “Aquí en esta plaza nadie quiere hablar de sectas y divisiones, todos queremos el mismo país”.

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