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La Paz trata de recuperar el pulso

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La Paz (AFP)

La Paz, sede del poder político de Bolivia, despertó el lunes desolada y con sus calles desguarnecidas. Una fina lluvia y densa niebla ponían marco a una ciudad que parecía paralizada pero trataba de recuperar la vida.

Tras la renuncia del presidente Evo Morales el domingo, luego de que los militares le dieran la espalda ante una creciente rebelión popular desde los comicios del 20 de octubre, no había autoridad. Los policías, acuartelados desde el viernes, retornaron tímidamente a las calles hacia el mediodía del lunes.

"Cortamos la cabeza a la víbora (Morales), pero el cuerpo se seguía moviendo", explicó a los medios un policía amotinado que no se identificó. Con su retorno a patrullar las calles, el policía, enfundado en un pasamontañas y equipo de reglamento, anunció que la policía "detendrá a las cabezas de los disturbios".

La pasada fue una noche agitada. Hubo saqueos y ataques a comercios en la ciudad vecina de El Alto e incendios de buses municipales y casas de dirigentes.

"La Paz ha vivido una noche de terror. Los vándalos han destruido 64 buses (municipales) Pumakatari", dijo a la radio el alcalde de La Paz, Luis Revilla.

El transporte público extremadamente disminuido. Las diez líneas del teleférico no funcionaban, igual que el sistema municipal de buses porque muchos vehículos fueron quemados por una turba la noche del domingo.

- Temor de empleados públicos -

"Parece un mal sueño, nadie sabe qué pasa, me dijeron que mi oficina está cerrada, estoy yendo a ver", explicó Alicia, una mujer de unos treinta años y dos hijos, mientras esperaba algún vehículo para trasladarse desde la zona sur hacia el centro de la ciudad.

La oficina del estatal Banco Unión, en la plaza Isabel la Católica, a cuatro cuadras de la residencia presidencial donde vivía Evo Morales, está cerrada, lo mismo que un supermercado cercano.

La gente se agolpaba ante un cajero automático de un banco privado. "Todo sube, los precios (de los alimentos) se han triplicado", pero no hay desabastecimiento en los mercados populares, comentó Esperanza, economista de 56 años, mientras esperaba su turno para retirar dinero.

Muchos comercios estaban cerrados, los restaurantes también. Las oficinas centrales de la aerolínea estatal BoA estaban cerradas, pero los vuelos en el aeropuerto de El Alto, que sirve a la capital boliviana, operaban más o menos con normalidad, aunque algunas compañías extranjeras los cancelaron.

En los alrededores de la Casa de Gobierno los activistas opositores seguían con sus barricadas, pero, a diferencia de días anteriores, no había choques con sus adversarios. Había cansancio, pero la gente, mayormente jóvenes y muchas mujeres, seguían ahí.

"Hoy no iré a mi oficina, los trámites están paralizados", dijo un hombre que importa fármacos al reportero de la AFP, antes de preguntarle: "¿qué sabes?, ¿qué va a pasar?".

¿Quién sabe? Bolivia está sin autoridades, pero se espera que en las siguientes horas el Congreso le dé una solución a la crisis nombrando a un presidente provisional, que debe convocar a nuevas elecciones antes de 90 días.

Nada es igual en La Paz, una ciudad de casi 800.000 habitantes, sede de los poderes ejecutivo y legislativo, donde se está jugando el futuro de Bolivia.

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