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Venecia permanece atenta a las altas mareas, mientras poco a poco revela sus daños

Turistas posan para fotografías en la Plaza de San Marcos después de días de graves inundaciones en Venecia, Italia, el 16 de noviembre de 2019.
Turistas posan para fotografías en la Plaza de San Marcos después de días de graves inundaciones en Venecia, Italia, el 16 de noviembre de 2019. Manuel Silvestri / Reuters

El agua ha dado una tregua a la histórica ciudad y a sus islas, dejando la Plaza San Marcos despejada. Si bien, existe una alerta de grandes mareas e inundaciones, que vuelven a poner en peligro la laguna y a toda su cultura.

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El paisaje veneciano de este sábado 16 de noviembre trajo, por fin, cierto respiro. Si el viernes el agua alcanzaba los 154 centímetros, hoy la Plaza San Marcos, desde primeras horas de la tarde, pudo vaciarse y ver por completo su suelo. El ‘dilemma’, como expresan los italianos, es cuánta más ‘alta acqua’ (agua alta) podrán traer las próximas mareas, de las que se espera un crecimiento de hasta 160 centímetros. Ergo, podrían producirse más inundaciones y más escenas de alerta.

Así lo cree el Centro de Previsiones de la Alcaldía de Venecia, la cual ha advertido que “la marea seguirá en valores muy elevados durante las próximas horas”. Lo que se suma a una “incierta” evolución de la meteorología, con una borrasca que está azotando el norte italiano, ya sumido en el otoño.

La gente ha tenido que sobreponerse a las calles de Venecia y a sus inundaciones, Italia, el 15 de noviembre de 2019.
La gente ha tenido que sobreponerse a las calles de Venecia y a sus inundaciones, Italia, el 15 de noviembre de 2019. Manuel Silvestri / Reuters

Pese a estas noticias, durante la jornada, cierta normalidad recorrió pasajes y canales, con turistas, aún calzados en botas, tomando fotografías, y con negocios reabriendo sus puertas. “Hoy limpiamos… pero también lloramos”, lamenta una de las comerciantes mientras barre, “porque casi todo el mundo lo ha perdido todo. La marea era extremadamente alta”. Mientras que unos sufren los daños, algunos turistas se congratulan por el cambio de tiempo, ya que “hoy es mucho mejor, hay sol, hay mucha gente fuera”.

La noche del pasado martes fue fatídica, con un agua por encima de los 187 centímetros, un 80% de urbe sumergida, el mayor nivel desde los 194 centímetros de las inundaciones de 1966. Pero ese drama se ha apartado por unas horas, aun cuando el máximo símbolo de la histórica urbe, la Basílica de San Marcos, permanece clausurada. La apertura de su plaza, cerrada el viernes por “la seguridad de las personas”, la ha vuelto a hacer brillar.

Una catástrofe natural, pero también cultural

“Hemos destruido Venecia. Hablamos de mil millones de daños”, declaraba este viernes el alcalde de la ciudad, Luigi Brugnaro, haciendo solo referencia a las inundaciones del martes. Un solo día de daños.

Unos perjuicios que, en contexto de estado de emergencia, recibirán una inversión de unos 20 millones de euros como primera ayuda a los damnificados, otorgada por el Consejo de Ministros. En esa línea, el primer ministro Giuseppe Conte confirmó que se ofrecerán 5.000 euros a cada residente damnificado y hasta 20.000 euros a todos los propietarios de actividades comerciales.

Si bien, lo que aún no puede valorarse del todo es cuántos daños ha recibido la cultura veneciana, cuyo máximo símbolo, la Basílica, aún sigue ahogada por sexta vez en 1.200 años. Su cripta, por ejemplo, ha quedado por entero anegada, con sarcófagos de patriarcas, mosaicos y mármoles empapados. Una situación que se agrava porque las aguas altas han traído consigo aguas más saladas, debido también a la excavación de nuevos canales y al propio calentamiento global, que “ha contribuido a aumentar el nivel del mar y a tener vientos que empujan el agua hacia la ciudad”, señala el exteniente de alcalde, Gianfranco Bettin.

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Esa agua salada deja una especie de cristales sobre las calles empedradas, los palacios de mármol y las antiguas iglesias venecianas, que contribuye a una corrosión lenta de dichas estructuras. Y en el caso de la Basílica, sus columnas de mármol son además de un tesoro sus cimientos. “No se suponía que el agua inundaría la cripta, después del trabajo para sellarla, iniciado en 1990. Pero la marea era tan alta que el agua entró por la ventana (…) Si la cripta se convierte en una piscina, enfrentaremos una situación desconocida. La sal podría causar un colapso de la bóveda, un riesgo que nadie quiere correr”, amplía Bettin.

Un paisaje que ha despertado una gran ola de solidaridad. La Sociedad Italiana de Autores y Editores ha destinado 150.000 euros a librerías y bibliotecas. “Los libros, los discos, las obras de arte y las películas son bienes materiales e inmateriales, y como tal, encarnan nuestra cultura”, ha asegurado su presidente Giulio Rapetti Mogol, quien siente un “deber” defenderlos “por aquello que son y por aquello que representan”.

En esa línea ha actuado la institución La Scala de Milán, que ha decidido representar de forma extraordinaria el ‘Bolero de Ravel’ para destinar fondos al dañado Teatro La Fenice de Venecia, que data de 1792 y que el domingo 24 de noviembre esperaba inaugurar su temporada lírica con el ‘Don Carlo’ de Verdi. Y no lejos queda la Fundación Querini Stampalia, que alberga numerosas obras artísticas y una valiosa biblioteca. En esta, 35 metros de libros del final del siglo XIX deberán ser “urgentemente” tratados para una posible restauración.

¿El proyecto ‘MOSE’ evitaría este tipo de catástrofes naturales y culturales?

Bajo el trauma de las inundaciones de 1966, en el año 2003 se empezó a construir ‘MOSE’, un proyecto de ‘Modulo Sperimentale Electtromeccanico’, que equivale a la construcción de una barrera en la laguna que aísle Venecia de las grandes mareas del Adriático. Así, en teoría, una serie de compuertas retractiles se elevarían para erigir un gran muro contra el mar, en caso de mareas superiores a 110 centímetros.

La cuestión es que este ‘Módulo’ de 78 barreras móviles, que buscarían ser como Moisés en el Mar Rojo, no está terminado y hasta fines de 2021 no se prevé que esté listo. El sistema de defensa marítima debía entrar en funcionamiento en 2011, pero la ingeniería que conlleva, los costos (6.100 millones de dólares en vez de los 1.800 millones iniciales), y la corrupción, retrasaron la aplicación del proyecto.

Aunque en 2014 se cobró la detención del exalcalde veneciano Giorgio Orsoni, y la de otros funcionarios y empresarios –condenados por sobornos y malversación de 27 millones de fondos públicos-, la realidad es que no está claro que ‘MOSE’ pueda siquiera garantizar una protección de Venecia (se ignora cuánto tiempo podría resistir), por más que el actual alcalde Luigi Brugnaro haya dicho que “si hubiera estado en funcionamiento, habríamos evitado esta marea alta excepcional”.

Hay constancia de que, en el siglo XVIII, ingenieros venecianos de la época ya habían ideado el principio de compuertas de marea, que en un día tranquilo permanecen en el fondo del mar, y en un día de alta marea salen a la superficie de forma temporal. Solo que los ingenieros de ese entonces no debían hacer frente a la crecida del mar debido a la crisis climática, ni a las protestas de grupos ambientales que dicen que la barrera pondría en peligro la salud de la laguna y al ecosistema marino, de una forma irreparable.

Que Venecia vuelva a vivir inundaciones como estas, depende de una futura subida de los niveles del mar. Hoy ‘MOSE’, por ejemplo, no podría ni cubrir la Plaza de San Marcos, ya que solo se activaría con 110 centímetros, mientras que el icónico punto se inunda con una marea de 80 centímetros, según ha afirmado el ingeniero Jörg Imberger al medio CityLab. Además de eso, el aumento del nivel del mar es sinónimo de desgaste de la estructura, por lo que se habla ya de crear un dique marino extra.

La pregunta es: ¿bastará? ¿Las barreras bastarán, podrán salvar Venecia, con más de 100 islas pequeñas? ¿Cuántas veces más veremos a sus canales y a San Marcos ahogados? La certeza es que las mareas de más de 110 centímetros se han duplicado desde los 60.

Con EFE y Reuters
 

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