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Cultura

Centro Pompidou de Shanghái o cómo Francia y China comparten 'soft power' cultural

Crónica Cultura / France 24

Casi todos conocemos algún liceo francés o una exhibición llegada de París. Se trata de una acción de presencia francesa, que en Shanghái se ha traducido en un Centro Pompidou. Una influencia que hoy imita China, que está expandiéndose mediante la cultura, logrando ser el segundo mercado en ventas de arte. Los contenidos de Netflix, el arte urbano frente a la mafia de Nápoles, Residente, Michael Kiwanuka y Dua Lipa completan este programa.

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Basta observar un país, que ahí estará Francia. Una representación del ‘savoir faire français’, el ‘saber hacer francés’, que se ve en exposiciones, convenios y liceos. El último caso de afrancesamiento ha sido la apertura de un Centro Pompidou en la ciudad china de Shanghái, transportando hasta Asia su máxima expresión de arte moderno y contemporáneo. Pero, ¿qué supone este hermanamiento, el tercero en lo que se refiere a centros Pompidou fuera de Francia?

Para el Gobierno y los encargados del Pompidou original, el de París del 77, se trata de un “intercambio cultural” que no aspira a ganancias, sino a un “mayor” diálogo con China. El gesto no es menor, ya que el museo francés ha proporcionado obras de su colección, ubicadas en el Museo West Bund, un espacio de 25.000 metros cuadrados, además de que en los próximos cinco años curará el resto de exhibiciones, y ofrecerá programación educativa y formación profesional.

Si bien no deja de ser un contrato, como el que tiene con Pompidou Málaga de 2015, y una reafirmación de su influencia en el mundo, en un acto de ‘soft power’ (‘poder blando’) mediante la cultura, que tiene un doble filo. Porque un Pompidou en Shanghái es ‘diplomacia de museo’ que también sirve a China, así lo creen los expertos, en su deseo de suavizar su imagen global sobre democracia y derechos humanos. De hecho, cuando hace una década empezó a gestarse la idea, los más escépticos en Francia se oponían porque se preguntaban si sus museos debían vincularse a la promoción de intereses en el extranjero, ya fueran políticos, sociales o comerciales (en este caso, le sirve a Francia 2,75 millones de euros anuales).

Aquellos escépticos confirmaron entonces que sí existe una ‘diplomacia artística’ que es más que arte, y en ello lleva inspirándose China desde hace más de diez años, para amigarse con Europa, África e incluso Latinoamérica. Resulta muy interesante que la nación asiática ocupe el puesto 8 de 30, en el parámetro de Cultura del ranking de Soft Power30 (Francia ocupa el número 3), siendo este ámbito su mayor fuerte por delante de la educación, las empresas, la gobernanza o lo digital.

Solo así, con ese afán de ser referente en el mundo haciendo diplomacia de la cultura, China ha obtenido un crecimiento del 24% en las ventas de arte, lo que le ha convertido en el segundo mercado más grande del mundo de este tipo, de acuerdo con Art Basel y UBS Global Art Market Report. En esa línea, China es hoy el segundo mercado para las subastas de arte (con la empresa Poly Auction House como líder y una presencia de casas internacionales como Sotheby's y Christie's), además de alimentar una creciente red de artistas, curadores, coleccionistas y profesionales del arte, que van desde el renombrado Ai Weiei a la creativa multimedia Cao Fei, que precisamente hace poco expuso en el Pompidou de París.

“Los chinos quieren diversificar sus colecciones de arte. Saben que el chino es parte de sus raíces, pero que, si quieren tener más relaciones de negocios, por ejemplo, con el mundo occidental, tienen que acercarse a su cultura”, explicaba a EFE Julia Hu, directora de la casa de subastas Christie's en China, quien también considera que “en los últimos tres o cuatro años estamos viviendo la llegada de las nuevas generaciones, familias ricas que pasan sus fortunas a sus hijos, y estos están empezando a mostrar sus inclinaciones hacia el arte occidental”.

¿Quiénes suelen liderar esos mercados culturales, que no son inmunes a la política? Primero EE. UU., y luego Reino Unido. ¿Qué o quién puede poner la zancadilla a China en esa carrera? La propia República Popular China, gobernada en la actualidad por el presidente Xi Jinping, y unas normas culturales que son completamente opuestas a quienes quiere acercarse, recordemos Europa, África y Latinoamérica.

Con el Pompidou de Shanghái se dio el gran ejemplo. Y es que una de las polémicas ocurrió porque las autoridades chinas obligaron a retirar cinco obras “inapropiadas”, de las que había dado el equipo de Serge Lasvignes, presidente del Centro Georges Pompidou, para la inaugurada exposición ‘La forma del tiempo’, una muestra que une obras típicas del arte europeo y asiático. Para muchos, un simple gesto de censura y autocensura, al que Lasvignes le quita hierro, pero es en realidad un reflejo del hándicap chino: su fuerte tradición y su fuerte proteccionismo cultural.

El presidente Emmanuel Macron asiste a la inauguración del Museo del Centro Pompidou West Bund en Shanghái, China, el 5 de noviembre de 2019.
El presidente Emmanuel Macron asiste a la inauguración del Museo del Centro Pompidou West Bund en Shanghái, China, el 5 de noviembre de 2019. Héctor Retamal / EFE

Pablo Picasso, Salvador Dalí, Bernard Buffet, Marc Chagall o Fernando Botero son los artistas que más gustan o suscitan interés en China, según la especialista en arte moderno y contemporáneo Imogen Kerr: “Es maravilloso poder experimentar este nuevo diálogo que está surgiendo entre arte chino y occidental”. Pero aún resulta complicado que este diálogo o ese Picasso se dé entre iguales, debido a que hay límites legales, como la ley china que impide a las empresas de subastas extranjeras vender obras de arte que sean de autores locales o foráneos anteriores a la fundación de la República en 1949. Además de eso, cabe recordar que Picasso se desvaneció durante la Revolución Cultural china (1966-1976), cuando lo extranjero estaba prohibido en el país.

Según Julia Hu, en unos años el Gobierno chino “abrirá la puerta” y pondrá fin, “poco a poco”, a las restricciones. Pero según Jean-Philippe Béja, profesor emérito de investigación en política china en el Centro Nacional de Investigación Científica en París, “China es muy ambigua (…) por un lado, se está volviendo cada vez más totalitaria y cerrada, y por otro lado quiere representarse a sí misma como un país muy moderno y vanguardista”.

Para China, el ‘soft power’ cultural, del que Francia es gran embajador, tiene sus propios desafíos. El Pompidou es un avance. También que haya ofrecido ayuda en la restauración de la Catedral de Notre Dame de París, con una selección de candidatos chinos hecha por ambos países y un intercambio de conocimientos sobre patrimonio. Lo que demuestra que, si hace frente a esas auto-zancadillas, su mercado cambiará “a un ritmo muy veloz” y dará cabida al resto de artistas. El primer punto es que las nuevas generaciones hoy son distintas, con gustos distintos a los de sus padres, otrora amantes del arte chino puro y tradicional.
 

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