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La crisis en Bolivia reaviva históricas tensiones étnicas

Manifestantes con banderas wiphala se cubren la boca durante los enfrentamientos entre partidarios del expresidente de Bolivia Evo Morales y las fuerzas de seguridad, en La Paz, Bolivia, el 15 de noviembre de 2019.
Manifestantes con banderas wiphala se cubren la boca durante los enfrentamientos entre partidarios del expresidente de Bolivia Evo Morales y las fuerzas de seguridad, en La Paz, Bolivia, el 15 de noviembre de 2019. Marco Bello / Reuters
9 min

La salida de Evo Morales, el primer presidente indígena de Bolivia, tras casi 14 años en el poder expuso divisiones raciales y geográficas que han atravesado la historia del país, entre clases acomodadas y medias urbanas de ascendencia europea y aquellas de descendencia de pueblos originarios.

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"Él es indígena como yo", aseguró Macario Chura, un agricultor pobre de la zona del Altiplano boliviano, a la agencia AP en una movilización de productores cocaleros que pedían el regreso de Evo Morales, el expresidente depuesto de Bolivia que se encuentra exiliado en México.

Esa identificación de estos sectores con el primer presidente indígena de la historia de Bolivia contrasta con expresiones racistas que algunos manifestantes han dejado traslucir durante las movilizaciones postelectorales, que desembocaron en la salida de Morales tras casi 14 años, previa presión de policías y militares.

El terremoto político también dejó a la luz una grieta social histórica en Bolivia. Así, los discursos racistas y las rivalidades regionales han resurgido en un país dividido entre la zona este de tierras bajas más rica y con población mayormente cristiana y descendiente de europeos y una zona oeste de tierras altas más pobre, con habitantes mayormente indígenas y campesinos.

Según el último censo poblacional, realizado en 2012, un 40,6% de los bolivianos se reconocieron como parte de un pueblo o nación indígena, cifra que cayó respecto del censo de 2001, cuando el 62% se auto identificó como integrantes de un pueblo originario.

Pero pese a la histórica composición étnica de Bolivia con los indígenas como mayoría, el país ha sido gobernado generalmente por hombres blancos descendientes de europeos. Además, la caída de Morales ha despertado el temor a un regreso a la inestabilidad política en la nación, que ha tenido 190 intentos de golpes de Estado y revoluciones desde su independencia de 1825 en un ciclo crónico de conflicto entre las élites políticas urbanas y del sector privado con los líderes rurales movilizados.

Evo Morales, el primer mandatario indígena que gobernó Bolivia por tres periodos
Archivo: El presidente de Bolivia, Evo Morales, asiste a una ceremonia en el puerto de Jennefer, Santa Cruz, Bolivia, el 30 de octubre de 2018.
Archivo: El presidente de Bolivia, Evo Morales, asiste a una ceremonia en el puerto de Jennefer, Santa Cruz, Bolivia, el 30 de octubre de 2018. David Mercado / Reuters

El rechazo a la ‘whipala’ en las manifestaciones de detractores de Evo Morales

Las clases acomodadas y medias urbanas lideraron las protestas contra el presunto fraude electoral en los comicios del 20 de noviembre, que proclamaban ganador en primera vuelta a Morales para un cuarto mandato consecutivo, el cual era catalogado por sus detractores como inconstitucional.

A ellos también se sumaron otros grupos indígenas, descontentos con la gestión de Morales. Pero incluso estos fueron testigos de consignas raciales durante las manifestaciones. Episodios como la quema de la bandera ‘whipala’ (utilizada por las comunidades originarias andinas) o la quita de ese pabellón de los uniformes de los policías también reflejaron el desprecio por símbolos relacionados al gobierno saliente.

"Ha terminado un ciclo político de 14 años. Estamos viviendo la era post Evo y esto genera tensiones e incertidumbres que complican la transición hasta que surja un nuevo proyecto político. Es preocupante que a pesar de 14 años y una nueva Constitución que consagra un Estado plurinacional, estas contradicciones endémicas no se han resuelto", subrayó Marcelo Silva, profesor de ciencias políticas en la Universidad Superior de San Andrés en La Paz, ante la consulta de la agencia AP.

Evo Morales, entre la ampliación de derechos y las críticas por su discurso divisivo

La llegada de Evo Morales a la Presidencia el 22 de enero de 2006 representó un cambio de paradigma para un cargo históricamente ocupado por las élites políticas. El arribo de un sindicalista campesino e indígena permitió el acceso a los círculos de poder de sectores tradicionalmente postergados de la toma de decisiones, pese a su carácter mayoritario en la población.

Su mayor hito en este sentido fue la introducción de una nueva Constitución política que declaró a Bolivia como un Estado Plurinacional, permitiendo el autogobierno de los pueblos indígenas. Además, esa Carta Magna creó un Congreso con escaños reservados para los grupos étnicos minoritarios del país.

Al mismo tiempo, Morales destinó buena parte de los cargos en su gobierno a representantes indígenas y de su partido, Movimiento al Socialismo, impulsó a varios de ellos al Congreso, muchos de los cuales asistieron a cumplir sus tareas legislativas portando las vestimentas tradicionales.

No obstante, el reconocimiento indígena no es patrimonio exclusivo de Evo Morales. La Constitución de 1994 fue la primera en reconocer "los derechos sociales, económicos y culturales de los pueblos indígenas" y respetarles su "personalidad jurídica". Y Remedios Loza fue la primera diputada en ingresar al Congreso portando la tradicional pollera.

Por otra parte, los detractores del ahora expresidente lo acusan de utilizar un discurso divisivo para identificarse con sus bases indígenas, en contraposición con sus opositores políticos, a los que ligó con otros grupos sociales. Según sus críticos, esa supuesta retórica –que Morales implementa incluso tras dejar su cargo- contribuyó a profundizar las diferencias étnicas.

El Gobierno interino de Áñez: entre la Biblia, un gabinete inicial sin indígenas y tweets racistas

Los temores de los grupos indígenas ante la salida de Evo Morales se recrudecieron con los primeros gestos de la presidenta interina, Jeanine Áñez, quien, al proclamarse en su cargo, ingresó al Palacio Quemado, sede del Gobierno, con la Biblia en la mano.

La abogada, nacida en la ciudad oriental de Beni, representa a un sector conservador y cristiano, religión que dejó de ser reconocida a nivel oficial por la Constitución de 2009, impulsada por Evo Morales.

Los primeros pasos en la formación de su gobierno interino tampoco alentaron las esperanzas indígenas: rompió con la tradición de la era Morales de designar como canciller a un indígena (la elegida fue la académica Karen Longaric) y tampoco nombró a un representante en los 11 cargos anunciados. Días después, y ante la presión, ubicó a la líder social aymara Martha Yujra como ministra de Culturas y Turismo.

Pero el mayor foco de atención sobre Áñez se desató cuando, poco después de su asunción, comenzaron a circular tweets suyos con tono racista, los cuales habían sido borrados tras su proclamación. Si bien ella denunció la difusión de publicaciones falsas y consideró que "esta retórica de racismo y discriminación no es real", un chequeo de la agencia AFP comprobó la veracidad de algunos de ellos.

"Qué año nuevo aymara ni lucero del alba!! Satánicos, a Dios nadie lo reemplaza!", escribió el 20 de junio de 2013, en rechazo a la celebración de los rituales de la cultura andina, que en Bolivia está reconocida cada 21 de junio, día declarado feriado nacional.

Captura de pantalla de un tuit publicado por Jeanine Áñez Chavez el 20 de junio de 2013, el cual fue eliminado y recuperado a través de la página Wayback Machine, el 13 de noviembre de 2019.
Captura de pantalla de un tuit publicado por Jeanine Áñez Chavez el 20 de junio de 2013, el cual fue eliminado y recuperado a través de la página Wayback Machine, el 13 de noviembre de 2019. AFP Factual

Asimismo, el 5 de octubre de este año, Áñez compartió una caricatura de Evo Morales con la leyenda "últimos días" y escribió: "Aferrado al poder el 'pobre indio'".

Al margen de las letras y las palabras, los gestos de acercamiento serán necesarios si Bolivia pretende salir de la crisis política y social sin profundizar las heridas.

Con AP

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