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Miedo en Mongolia por combustible, presentado como limpio pero vinculado a muertes

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Ulán Bator (AFP)

Una fría noche de octubre, Gerel Ganbaatar decidió quedarse con sus padres en una de las tradicionales viviendas de los nómadas en las afueras de Ulan Bator, una decisión que sería fatal.

A las pocas horas de llegar, ella y sus padres comenzaron con problemas respiratorios y náuseas. Pidieron ayuda urgente, pero cuando llegaron los médicos, Gerel, que estaba embarazada de cuatro meses, había muerto.

Los padres de la joven de 29 años utilizaban esa noche por primera vez, unas nuevas briquetas de calefacción promocionadas como limpias y no contaminantes por el gobierno.

Ese combustible, elaborado a partir de hulla transformada en coque, procedente del sur del desierto de Gobi, ha sido vinculado con una serie de muertes y enfermedades respiratorias.

Desde que los pobladores de los suburbios de la capital comenzaron a usarlas en octubre, hubo ocho muertes, principalmente niños, mujeres embarazadas y ancianos y decenas fueron hospitalizados, lo que provocó temores de que el combustible cause envenenamiento por monóxido de carbono.

El gobierno mongol, preocupado por el hecho que la capital es una de las ciudades más contaminadas del mundo, trata de combatir el smog reemplazando al carbón, que expele un humo denso y peligroso.

El carbón es la principal fuente de calefacción para los pobres de los suburbios, enfrentados en invierno a temperaturas nocturnas de hasta 40 centígrados bajo cero.

- Aire tóxico -

Una enfermera en el Hospital Nacional de Emergencias por Envenenamientos dijo a la AFP, bajo cubertura de anonimato, que nunca vio tal cantidad de intoxicados por monóxido de carbono. "Estamos trabajando bajo una gran presión", afirmó.

Pero las unidades de emergencia del gobierno insisten en que todo se limita a enseñar a los pobladores "la mejor forma de quemar las briquetas".

Lo que ocurre en Ulán Bator -posiblemente la capital más fría del planeta- es el último ejemplo de los esfuerzos de varios gobiernos en Asia por encontrar substitutos al carbón, que está asfixiando al continente.

En la vecina China las autoridades habían decidido obligar a 3 millones de hogares suburbanos de Pekín de pasar a sistemas de calefacción basados en gas o electricidad... pero las dificultades para cumplir el objetivo dejaron a muchas familias si carbón o cualquier otro sustituto.

En Ulán Bator apenas la mitad de los pobladores dispone de sistemas de calefacción que no se basen en el carbón. Y la ciudad excede regularmente los limites de contaminación atmosférica recomendados por la Organización Mundial de la Salud.

Los expertos aseguran que el paso a las briquetas ya está teniendo un impacto positivo en el medio ambiente.

Sonomdagva, un profesor de la Universidad Nacional de Mongolia, dijo a la AFP, que las partículas de menos de 2,5 micrones -que al respirarse pueden ingresar al torrente sanguíneo con severas consecuencias- se han reducido un 40% respecto de octubre de 2018.

Sin embargo reconoce que eso, en realidad, podría ser el resultado de "un otoño increíblemente largo y cálido y el miedo a la asfixia, que lleva a la gente a utilizar madera como combustible".

- Miedo -

Byambajargal Losol, físico de la Academia de Ciencias de Mongolia, dijo a la AFP que las briquetas son la mejor manera de reducir la contaminación del aire, pero que se necesita hacer más para ayudar a su uso seguro.

"La gente quema las briquetas como lo hacía con el carbón. Pero las briquetas son gruesas y compactas, por lo que requieren el doble de oxígeno", explicó.

La intoxicación por monóxido de carbono ocurre entonces cuando hay un suministro restringido de oxígeno.

La fábrica estatal que produce este combustible dijo que las familias también deben limpiar sus estufas antes de usar las briquetas y comenzó a proporcionar servicios gratuitos de puesta a punto de estufas después de que los problemas saltaran a la prensa.

Y si bien muchos ciudadanos dicen que las briquetas tienen beneficios, algunos siguen siendo cautelosos.

Es el caso de la familia de Turbold Sainbuyan, quien declaró a la AFP que las briquetas ahorran tiempo y duran más. "Tenía que partir el carbón. Las briquetas están listas para usar" y una bolsa dura el triple.

Pero su madre, enfermera de una clínica dental, admite que "todavía tenemos miedo a la asfixia, así que hemos comenzado a abrir la ventana por la noche".

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